5 maneras de dar amor a tu guionista

Me encantaría creer que los guionistas somos seres de luz pura y que estamos más allá del dolor y del padecimiento. Pero no, por desgracia no es así, al igual que el resto de los mortales estamos sometidos a toda clase de pesares y, algunos de ellos, son característicos de esta profesión tan bonita que tenemos.

Somos muy propensos a la soledad, a la inseguridad, a caer en episodios de ansiedad y somos muchos los que sufrimos el síndrome del impostor.

Ser guionista supone asumir que siempre vas a tener que trabajar en equipo. Tendrás que hacer piña con dibujantes y con editores como mínimo para llevar a cabo tus proyectos y en el día a día surgirán roces y problemas que solucionar.

Hoy en EC nos gustaría hablarte de una serie de cosillas que podrías hacer si quieres que la relación con tu guionista sea lo mejor posible. Un guionista feliz te garantiza un torrente de ideas maravillosas.

Tanto si eres dibujante como editora toma nota, esto te puede venir muy bien:

Lee lo que te pase

Parece absurdo. Diría incluso que parece muy absurdo tener que recordarle a la gente que debería leerse el material que le pasa su guionista. Pues desgraciadamente muchas veces ocurre que pueden pasar semanas e incluso meses antes de que la gente se lea lo que les pasamos.

No se trata de leerlo en el momento exacto en que te lo envía, ni siquiera esa misma semana, pero me he llegado a encontrar con casos en los que se me han pedido correcciones a textos enviados seis meses atrás. Seis meses. Medio año. Ni siquiera tenía muy claro de qué me estaban hablando.

Por favor, si estás trabajando con un guionista y, a pesar de que no puedas ponerte a dibujar el guion enseguida, saca unos minutos para hacer una primera lectura rápida, aunque sea para comprobar que el grueso de lo que te envía te agrada o se parece a lo hablado previamente. Si no lo haces y después pasan meses, harás que tu guionista mantenga ese “diálogo creativo” con un nivel de desgana muy elevado.

Si eres un editor y el guionista se empeña en que te vayas leyendo el guion poco a poco, hazle caso, puede que tenga muchas dudas y que le vengan bien algunos consejos. Pero sobre todo trata de evitar situaciones del tipo “me gustaría hacer un cambio en la página 62” cuando te han pasado esa página hace 36 semanas.

Y recuerda: si has recibido un dossier del proyecto en un primer momento, ya tienes en tu poder una sinopsis y un argumento completo que destaca los puntos fuertes de la obra, así que no es necesario que lo vuelvas a pedir cada tres meses.

Déjale tener la última palabra en cuanto a la trama

Hacer un trabajo en equipo implica tener un diálogo y una negociación constantes en cuanto a tono, estilo, trama, personajes, etc…

Amado dibujante, sé que para conseguir ese estilazo que tienes, esos trazos tan poderosos, habrás invertido cienes y cienes de horas sentado frente a una mesa de dibujo hasta adquirir una técnica y una soltura increíbles.

Pues bien, tu querido guionista también ha invertido cienes y cienes de horas leyendo manuales, emborronando libretas, rompiéndose los cuernos, repasando estructuras y haciendo polvo el teclado de su portátil (y si no ha hecho todo eso, es mejor que se ponga a hacerlo).

A lo que voy con esto es a que este trabajo en colaboración se divide en dos apartados, el gráfico y el narrativo y, evidentemente, todo saldrá mucho mejor si ambos asumís responsabilidad en cuanto al resultado final, pero del mismo modo que tu guionista no cogerá nunca el lápiz para darle un toquecito final a tus dibujos, tú no deberías modificar aspectos del guion por tu cuenta. Déjale la última palabra, defiende con vehemencia tu postura siempre, pero a la hora de tomar la decisión final sobre algo que afecte a la trama, déjale llevar la voz cantante.

No te quedes al margen en la venta del proyecto

Suele ser muy habitual, casi una regla no escrita, que seamos los guionistas los que nos encarguemos de enviar los proyectos a los editores. A veces da la sensación de que una vez que el dossier está listo para empezar el baile, el dibujante se recluye en una habitación hasta que llegan noticias.

Recordemos algo básico: esto es un trabajo en equipo, una colaboración y la mayor parte de los contactos con editores se realizan a través de correo electrónico, así que no existe ninguna razón real por la que esa parte del trabajo (porque es un trabajo y requiere mucho tiempo y esfuerzo) caiga de un solo lado.

Y es que esta situación a veces es tan ridícula que nos lleva al siguiente punto:


No conviertas a tu guionista en portavoz para todo

Y cuando digo “todo” es todo. Mails del editor para hacer correcciones al dibujante. Mails del dibujante para preguntar cualquier cosa al editor. Mails del editor para que le pases las facturas de todo el equipo. Mails del equipo preguntándote cómo se hace una factura. Mails de reseñistas pidiéndote copias de prensa. Mails de organizadores de eventos pidiéndote el contacto de alguien de tu equipo.

Está claro que hay que saber y hacer de todo, eso nos enriquece como creadores y blablablabla, pero de verdad, señora editora, si quiere usted hacer una apreciación técnica que se refiere exclusivamente al trabajo del dibujante (como por ejemplo, esto un poquito más así o aquello un poquito más asá) conseguirá una comunicación mucho más fluida escribiendo directamente al susodicho.

Y bueno, querida dibujante, si necesitas algo del editor de carácter meramente técnico y en lo que la opinión del guionista no es para nada relevante, es mucho más rápido, práctico, útil y directo escribir directamente al susodicho.

Y todo esto no es por capricho, es por un bien generalizado para todo el equipo, ya que una comunicación directa sin intermediarios, regala lo más importante y necesario para todos en estas lides: tiempo.

No lo dejes tirado

Por favor, él nunca lo haría.

Evidentemente siempre hay causas de fuerza mayor o situaciones en las que manda más el dinero que cualquier compromiso adquirido y eso lo entendemos todos.

Pero no hay nada más frustrante que haber estado diseñando un proyecto, creando unos personajes, escribiendo una trama y puliendo todo a medias con alguien y que ese alguien desaparezca sin más. Así que, si te vas a marchar, no te marques un ghosting, sé un poco amable y jamás de los jamases utilices a nadie para que te sirva de trampolín, publicar un trabajo para tener algo que enseñar y después dejar a tu compi tiradito en una cuneta. Eso está muy feo.

Resumiendo

Cuida a tu compi de las letras, mímalo porque es un ser lleno de inseguridades y con una carga autocrítica muy elevada. Valora sus estudios y su formación tanto como la tuya, no le responsabilices de la venta de nada y no lo abandones como a mascota poco deseada.

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¡Liberad el guion!

Estás acostado en cama, antes de dormir. O tal vez estás lavando los platos, dando un paseo, o viendo una peli. El caso es que de repente, llega la idea. Esa bombilla que se te enciende y que llena tu cabeza de imágenes flotando alrededor de un argumento en pañales. Luego, con más calma, empiezas a ordenarlas en tu cuaderno u ordenador, y consigues dar forma al proyecto de un futuro tebeo.

Ahora viene una de las partes más complicadas para un guionista de cómic: encontrar al compañero o compañera de viaje que convierta en dibujos tus letras. A veces tiras de gente que ya conoces, otras te arriesgas a proponer la historia a algún artista de tu gusto. El caso es que, con suerte, ese dibujante dice sí. ¡Genial! ¡El proyecto saldrá adelante y en algún momento se convertirá en un tebeo! O eso es lo que crees…

Pocas cosas hay más frustrantes que desarrollar un guion, encontrar un dibujante, y darte cuenta de que el tiempo pasa sin que haya avance alguno. Has dedicado muchas horas a pensar, investigar, leer, escribir y reescribir, pero parece que esa idea tan ilusionante se va a quedar en un cajón porque los meses pasan, y las páginas no llegan. Cada cierto tiempo, no sin culpa, uno intenta preguntar cómo va la cosa, si hay algún paso adelante, si se necesita algo de ti… y a menudo la respuesta es que todo va bien, que en algún momento todo empezará a arrancar y las páginas llegarán a chorros. Que tengamos algo de paciencia.

Yo, que también he sido dibujante, sé que meterse en un proyecto de novela gráfica es un viaje largo y lleno de obstáculos, cuya meta no siempre ofrece la recompensa merecida, por eso entiendo perfectamente que un dibujante se retrase, o incluso tenga que abandonar el equipo para centrarse en tareas que den más dinero. Nunca me parecerá mal que alguien abandone por estas u otras razones. Esto hay que dejarlo claro, porque aquí no se puede exigir. Nadie es jefe de nadie. Es un equipo, una sociedad donde cada cual debería aportar sus ideas y absorber las del otro en igualdad de condiciones.

El caso es que, por mucho que efectivamente el trabajo del dibujante requiera más dedicación y esfuerzo, uno pone mucha ilusión en sus proyectos, y es realmente decepcionante pensar que todo ese trabajo se va a quedar sin nada. Al final pasa el tiempo, la ilusión desaparece, y los proyectos se diluyen como principios activos en medicamentos homeopáticos. Uno se cansa de preguntar, hasta se siente mal al hacerlo, así que no es extraño que se centre en otros trabajos que sí avanzan, y acabe olvidando esos otros en algún cajón perdido de su escritorio, o alguna carpeta furtiva de su disco duro.

A mí me ha llegado a pasar, y por lo que he leído no soy el único, que el dibujante quiera que yo plasme en forma de guion alguna idea suya. Y lo he hecho. 100 páginas de historia, con todo el esfuerzo que eso conlleva, que luego el dibujante jamás ha empezado. Este caso es más delicado todavía, porque al no ser la historia enteramente tuya, no tienes la posibilidad de que otro artista le de vida.

Como decía antes, entiendo perfectamente que vivir del dibujo es duro, que una novela gráfica es una tarea que lleva años y que no siempre está bien remunerada, y que muchas veces uno tiene que compatibilizar esos proyectos con otros más productivos. Por eso, es totalmente comprensible que un dibujante tenga que abandonar en algún momento.

Lo que los guionistas necesitamos es simplemente saber que ese momento ha llegado. Que el dibujante no puede hacerse cargo de esa historia y la dejará libre para que otro se haga cargo de ella.

Entiendo que eso no es fácil, porque uno se encariña con los protagonistas y su historia, pero lo mejor que se puede hacer por esos personajes, es que vivan sus aventuras de la mano de alguien que pueda dedicarles el tiempo que merecen.

Por eso, mi llamamiento es a aquellos dibujantes que mantienen atascados y siguen encadenados a proyectos que no pueden sacar adelante. Por favor, liberadlos. Estoy seguro de que los guionistas no solo no se enfadarán por ello, sino que lo agradecerán enormemente. Y también lo harán los nuevos dibujantes que conviertan esos guiones en grandes tebeos; y sobre todo, los lectores que disfruten de ellos.

¿Hay que escribir pensando en los lectores?

Me siento, enciendo el ordenador, abro el open office (me gustan las licencias abiertas y me cae mal la gente que piratea software para escribir cuando escribir es su profesión) y empiezo a sembrar planteamientos para nuevos proyectos.

Me sale lo que acostumbra a salir: aventuras, algún thriller, algo un poco más juvenil, algo más intimista, una cosilla histórica a la que poder sacar un buen juguillo… Lo normal, vaya.

Les doy una vuelta, los pongo bonicos, me voy al canva y me saco un pdf muy apañadito en el que meto una sinopsis, algunas notas de cómo veo el universo de la historia, hablo un poco de los personajes y, si tengo un buen día, hasta me escribo las primeras páginas del guion.

Si me da tiempo empiezo la búsqueda. Sí, me lanzo a la caza del dibujante con todas mis armas de seducción y buenas maneras. Me contoneo, me pongo muy sexy y me rechazan. Me pongo aún más sexy y me vuelven a rechazar. Así hasta que alguien pica o me voy a una esquina a llorar.

Envío el archivo y tengo una costumbre un poco rara, lo releo de nuevo. Y en ese momento, en ese preciso instante llegan a mi pequeña cabeza y gran cerebro un montón de dudas: ¿habré escrito esta vez pensando en los lectores? ¿Será al fin este proyecto considerado como una obra gafapasta? ¿Esta es la obra idónea para recibir premios y más premios?

Es mentira. Soy un pecador. Jamás he pensado en los lectores a la hora de escribir. Es que no sé cómo se hace. Es más, creo que es completamente imposible pensar en el “público” a la hora de escribir algo o al menos yo no sé qué pasos debo de seguir para ello.

En fin, voy a tratar de explicar un concepto que se me hace súper raro y que no es la primera vez que me habla de él alguna editora, algún reseñista, alguna amiga o algún familiar lejano.

HAY QUE ESCRIBIR PENSANDO EN LOS LECTORES

Corría el año 2014 y estaba yo enfrascado en el guion de dos obras al mismo tiempo, Teluria 108 y Nyx, los sueños de la Diosa. Ambos eran mis primeros trabajos que se iban a publicar. A la dificultad de escribir dos guiones de 100 paginacas de manera simultánea, se sumaba el hecho de trabajar con dos editoras “intervencionistas”.

Llamo “intervencionistas” a ese tipo de editoras que sienten la necesidad de meterse a fondo en las historias y hacerlas “suyas”. Y ojo, que me parece perfecto, cada uno hace su trabajo como mejor considera y si aportan buenas ideas a las historias, no seré yo el que me queje.

No me molestaba en aquel entonces, ni ahora tampoco, el que se quiera aportar algo o cambiar lo que sea, siempre que se llegue a un entendimiento con el autor y que todos hagan lo mejor para la obra, me parece estupendo.

El problema vino cuando ambas editoras introdujeron un concepto que a mí se me hacía un tanto extraño (como casualidad diré que lo hicieron en correos separados por unas horas). Dijeron: “hay que escribir pensando en el lector”.

Vale, genial. ¿Eso cómo diantres se hace? ¿Alguien tiene un superpoder para ponerse en el lugar de todos y cada uno de los lectores (que, potencialmente somos todas las que sabemos leer) y decir “ah, sí, los lectores lo que quieren es esto”? ¿Qué demonios es lo que quieren los lectores?

¿Si alguien cree saber lo que quieren los lectores, como es que no es un multimillonario retirado en el Caribe?

¿Si escribo pensando en los lectores y los lectores leen algo que está escrito pensando en los lectores y resulta que no les gusta, quién está equivocado, yo o los lectores?

¿Pueden equivocarse los lectores?

Después de expresar estas y otras de las dudas que me asaltaron con la afirmación de “hay que…” me llegó una “explicación” por parte de una de las editoras.

No te líes”, me dijo con cierta condescendencia entrañable, “es muy fácil de entender, tienes que dejar todo bien explicado, a los lectores no les gusta que les rompas la cabeza, si leen algo y no lo entienden a la primera, desconectan y ya los has perdido para siempre”.

Para siempre, para siempre, para siempreeeee… Algo así resonaba en mi cabeza de guionista novato y bajito.

A día de hoy, ya en 2019, sigo sin tener ni la más mínima idea de qué significa escribir para los lectores o pensando en los lectores o escribir pensando en la crítica o escribir pensando en los premios o hacer una obra “muy para el premio nacional” o “muy para regalar” o “muy para salir en las listas”.

De verdad, ni idea, así que las únicas recomendaciones que podemos hacer desde Escribiendo Cómics en este sentido son estas tres.

TODAS SOMOS LECTORAS

Como todas somos lectoras y todas tenemos la extrañísima cualidad de leer aquello que nos gusta e incluso decirlo y, resulta, que cada una tenemos el gusto adecuado a, oh, sorpresa y fatalidad, nuestros gustos, es completamente esteril e imposible que te sientes a escribir pensando en las lectoras.

Ya ves. Imposible. Irreal. No se puede. No es una de esas cosas con las que decir “me dijeron que es imposible, así que me puse a hacerlo”. Que no, que lo dejes, que no se puede. De verdad. ¿Yo por qué voy a mentirte, a ver?

Seguro que más de uno dirá: “todo el mainstream se hace pensando en los lectores y en lo que les gusta y blablablablabla”. “Si existen fenómenos de masas es porque el público los demanda y se les da y blablablablablabla”.

Y aún así, al que le toca escribir un nuevo arco para una serie con millones de seguidores ¿puede sentarse delante de su ordenador, abrir el Word (esta peña hasta se paga la licencia) y decirse “bien, hoy voy a pensar en Jeff, Mini, Laura, Lucas y la abuela Peggy para escribir esta escena”.

Imagino que pensará en billetes, en ritmo, en diálogos, en más billetes, en si se ha dejado el hornillo encendido, en la siguiente escena, en un girito que se caga la perra, en más billetes, en el amor libre, ese tipo de cosas, pero ¿escribirá pensando en los lectores?

No lo creo.

Por eso, estoy convencido de que lo mejor que puedes hacer al escribir tus historias es, oh, sorpresa, pensar en tus historias.

HAY UN LECTOR PARA CADA LIBRO

Porque por mucho que alguien te diga que tú estás pensando o no en lectores a la hora de escribir, hay algo que es incontrolable y es que, por cada persona que te diga que no has pensado en los lectores a la hora de escribir, aparecerá un lector contento con tu obra y que, oh, absoluta locura, puede llegar a pensar “este libro está escrito tal y como me gusta que se escriban los libros”.

Y ahí está la maldita paradoja de todo esto. Hay un tipo de lector idóneo para cada libro, pero es tarea del lector encontrarlo y no del guionista o del escritor producirlo. El esfuerzo del primero es sano y habitual, el esfuerzo del segundo suele ser esteril y parir obras mediocres.

NUNCA LE DIGAS A NADIE “NO TE LÍES, TÚ LO QUE TIENES QUE HACER ES…”

Lo hemos repetido tantas veces que hay quien nos acusa de cansinos irredentos: no existen las fórmulas mágicas, no hay tips, no hay trucos, no hay manuales que nos puedan decir lo que hay que hacer paso por paso para escribir una obra maestra. Y aún así nos las repiten una y otra vez y, por desgracia, esa de “hay que escribir pensando en los lectores” es una de ellas.

Pero es que además, no es una del tipo: “sigue esta estructura y verás qué bien todo” o del tipo: “debes crear un arco de transformación para cada personaje”. Esas al menos tienen algo de instructivo y se puede aprender algo. Con “hay que escribir pensando en los lectores” ¿qué es lo que se aprende? ¿Dónde está el punto didáctico? ¿Cuál es exactamente la manera en la que se debería hacer eso?

RESUMIENDO

No te líes (hoy estoy especialmente graciosillo), lo mejor que puedes hacer por tu historia es escribir, escribir y seguir escribiendo. Si pensar en el éter te ayuda, genial, si pensar en tu prima te ayuda, piensa en ella; que quieres pensar en todos los lectores del planeta, adelante, pero tú escribe, no pares de hacerlo, revisa, lee, corrige, vuelve a escribir, tira cosas a la basura, vuelve a empezar, sigue escribiendo y ya está, no te compliques pensando cosas que no puedes controlar.

Entrevista a Matt Fraction

Autor de Sex Criminals, Ojo de Halcón y más títulos de Marvel. Lo trajo Astiberri el pasado Salón del Cómic de Barcelona y allí nos infiltramos sin pase de prensa para hacerle unas preguntas.

¿Qué personaje te ha costado escribir más?

Todos son diferentes, pero probablemente Ulises porque es como una versión espejo, como invertido. Del cómic ODY-C, no sé si se ha publicado aquí aún, lo hago con Christian Ward. Es una versión futurista de la Odisea, debería llegar pronto seguro.

¿Qué diferencia hay entre crear tus propios títulos y trabajar para otras compañías?

Increíblemente diferente, pero ambos muy placenteros. Es como ir al gimnasio, que un día entrenas piernas y otro entrenas brazos, son ejercicios muy diferentes y todos tienen sus pros y contras.

¿Cómo estructuras cada número, la historia en si?

Depende de la historia, todo es diferente, cada número es diferente, cada serie es diferente. Algo para Ojo de Halcón era diseñado para ser tramas de un solo número, Sex Criminals está diseñado para ser algo más largo, episódico, como si fuera un culebrón. Cada proyecto es un desafío en si mismo.

¿Y dividir un número en páginas? Cuantas páginas le toca a cada escena.

Pues eso una vez más dependerá en el número (se refiere a la grapa, issue). Una escena que en Ojo de Halcón son dos viñetas podrían ser ocho páginas en otro cómic. Depende de la naturaleza de la bestia.

¿Qué software usas para escribir?

Microsoft Word y Final Draft. Microsoft Word, muy aburrido y simple.

¿Improvisas?

Sí, pero es como dirigirte hacia algún lado con un mapa. No sabes el camino, pero tienes el mapa en la cabeza. Sé que si voy dirección al mar voy por el camino equivocado cuando se supone que debo ir hacia las montañas. Pero no tengo ni idea de cómo llegar allí, creo que tienes que dejar margen para sorprenderte a ti mismo. Al menos yo debo hacerlo, si no me aburro, y si me aburro creo que el lector se aburrirá también.

¿Alguna vez has escrito algo que digas, esto es demasiado arriesgado?

Cada día en todo momento, pensaba que Sex Criminals duraría tres números.

¿Cuál ha sido la mayor aportación a la historia por parte de un artista?

He sido tremendamente afortunado en mi carrera de trabajar siempre con gente que admiro y lo intento cada vez, no siempre lo consigo, pero siempre procuro escribir el cómic definitivo que me gustaría leer como lector en términos de ver lo que esa persona dibuja. Siempre he estado agraciado, no sé como elegir una en concreto, cada título ha sido su propio gozo.

Algo de lo que te arrepientas y algo de lo que te sientas orgulloso.

Supongo que en cierto aspecto, puedo encontrar algo de lo que me arrepienta en cada historia, aún sigo reescribiendo cosas en mi cabeza, se me ocurren mejores diálogos para cosas que publiqué hace diez años. Algo de lo que me enorgullezca… No sabría decirte. Supongo que lo primero que escribí, Casanova, porque lo escribí. No creía que jamás tendría oportunidad de escribir otro libro así que puse todo lo que tenía que ofrecer. Fue algo que empezó mi carrera, tener por primera vez confianza y una voz propia. Sí, supongo que diría eso si tuviera que chocarme los cinco a mi mismo.

Situación de los guionistas de cómic en España

Antes de empezar me gustaría pedir disculpas por varios motivos. El primero es porque no soy sociólogo, soy guionista y, por tanto, puede que la forma de recoger los datos que he recibido al lanzar esta encuesta sobre la situación de los guionistas de cómic en España no sea la mejor desde un prisma profesional.

El segundo es porque no pretendo ir contra nadie ni contra nada, en estos días he recibido varios mensajes del tipo “dales duro“, “que se sepa lo que se tiene que saber” y ese tipo de comentarios. Lo siento, si he lanzado la encuesta es por curiosidad, por tratar de aclarar la situación de un gremio del que me siento parte y por un afán de divulgación.

El último es por no haber hecho la encuesta que los demás querían que hiciese. Son varios los que me preguntaron: “¿por qué no preguntas también esto?”,”¿por qué la haces solo sobre guionistas?”, “¿por qué no se la ofreces a cada guionista de manera individual?” Pues, sinceramente, ni siquiera lo pensé, solo quería hacer una pequeña encuesta, con pocas preguntas, fácil de responder y elaborar con los resultados un diminuto informe que pueda servir para que la gente saque sus propias conclusiones. Sin más.

Pedidas las disculpas oportunas, empezamos. La encuesta fue creada a través de un formulario de Google, ha permanecido activa durante 21 días, fue compartida a través de diferentes redes sociales y correo electrónico y ha sido cubierta por 48 guionistas diferentes.

Estaba dividida en 15 preguntas orientadas a campos que van desde los ingresos obtenidos, la situación profesional, el reparto porcentual con el resto del equipo creativo o la visibilidad que tenemos como guionistas de cómic.

Para hablar de los resultados de manera más o menos ordenada voy a distribuir la información en pequeños bloques. Allá vamos.

INGRESOS OBTENIDOS

El periodo analizado en la encuesta engloba un total de 20 meses, es decir, todo 2017 y los 8 meses que llevamos de 2018. Es importante aclarar que las preguntas se refieren a material publicado en papel en ese tiempo. Da igual el país en que se hayan hecho las publicaciones y tampoco se ha tenido en cuenta si para realizarlas se recurrió a la edición tradicional, la autoedición, la coedición, el crowdfunding o cualquier otro método.

La primera pregunta se refería a la cantidad de obras publicadas en ese período. Una amplia mayoría, el 66’4 por ciento de los encuestados afirma haber publicado entre 2 y más de 5 trabajos a lo largo de los últimos veinte meses, siendo solo un 33’3 por ciento los que dicen haber participado en una sola publicación.

De todos ellos, el 60’4 por ciento asegura que no todas esas publicaciones han sido remuneradas.

En el campo de los ingresos los resultados se complican un poco más. Una amplia mayoría, el 45’8 de los encuestados respondió que sus ingresos obtenidos por escribir cómics en ese tiempo fueron de menos de 1.000 euros. Un 16’7 por ciento percibieron entre 1.000 y 2.000 euros. El mismo porcentaje, un 16’7 por ciento, ganaron entre 8.000 y 10.000 euros. El resto se reparten en pequeños porcentajes entre los que ganaron entre 2.000 y 4.000 euros (un 8’3 por ciento), los que ganaron entre 4.000 y 6.000 (un 4’2 por ciento), entre 6.000 y 8.000 (un 2’1 or ciento) y más de 10.000 euros (un 6’3 por ciento).

Esta pregunta llevaba a otra un poco más específica, la que llevaba a los guionistas a realizar un cálculo entre las páginas realizadas y los ingresos obtenidos para saber (más o menos) cuál fue el precio al que se les pagó cada página en este periodo.

La respuesta más mayoritaria fue, con un 54’2 por ciento, que los guionistas obtuvieron menos de 10 euros por página. El siguiente porcentaje más elevado, con un  14’6 por ciento, fue el correspondiente a una cantidad de entre 40 y 60 euros. El resto de respuestas obtuvieron porcentajes muy bajos: entre 10 y 20 euros (un 6’3 por ciento), entre 20 y 40 euros (un 8’3 por ciento), entre 60 y 80 euros (un 8’3 por ciento), entre 80 y 100 euros (un 6’3 por ciento) y entre 100 y 150 euros por página (un 2’1 por ciento).

La última pregunta relacionada con los ingresos obtenidos se refería a las actividades remuneradas dentro del sector que realizan los guionistas para complementar su actividad como escritores. Dicha pregunta obtuvo solo 30 respuestas.

La mayoría aseguraron complementar sus ingresos del cómic impartiendo clases (un 46’7 por ciento), otro alto porcentaje con la participación en charlas, conferencias y mesas redondas (un 23’3 por ciento). El resto declararon escribir en periódicos, revistas o blogs (un 20 por ciento) o participar en podcasts o programas de radio (un 10 por ciento).

VENTA DE PROYECTOS E INTERNACIONALIZACIÓN

El siguiente bloque de preguntas se refería a la venta de proyectos y a su internacionalización como una posible fuente de ingresos derivados de la obra.

Un altísimo porcentaje, un 64’6 por ciento de los encuestados, afirma haber vendido sus obras en un solo idioma y no haber obtenido ningún ingreso derivado de la venta de sus obras a otros países por parte de las editoriales.

Entre los que afirman haber conseguido ingresos de estas ventas, un 18’8 por ciento declara haber obtenido cerca de 1.000 euros gracias a esas ventas, un 12’5 por ciento consiguieron cerca de 3.000 euros, un 2’1 por ciento cerca de 5.000 euros y otro 2’1 por ciento más de 5.000 euros.

En el reparto de esas ventas, conseguidas por las editoriales dueñas de los derechos, un 18’8 por ciento asegura que la editorial se quedó con un 30 por ciento del total de la venta, un 12’5 por ciento dijo que el porcentaje para la editorial fue del 40 por ciento y un 8’3 por ciento que fue del 50 por ciento.

A la hora de tratar de vender proyectos nuevos, el 43′ 8 por ciento de los encuestados asegura que prefiere primero intentar vender los derechos de sus obras en el extranjero, frente a un 22’9 por ciento que prefiere venderlos en el mercado nacional o el 31’3 por ciento que no le importa el país con tal de ver publicado su trabajo.

SITUACIÓN PROFESIONAL

Había dos preguntas referidas a la profesionalización del gremio para tratar de entender si nos encontramos ante un sector que se considera a si mismo “profesional” o no. En la primera pregunta un 39’6 por ciento de los encuestados se consideran “amateurs”, tanto si le dedican ratos sueltos, como si dicen dedicarle muchas horas.

El resto, un 64’6 por ciento se consideran profesionales, ya sea como primera ocupación, como ocupación secundaria o como una fuente de ingresos que no es la principal.

Tras esto se preguntaba por su relación con la Agencia Tributaria y la Seguridad Social como guionistas. Un 31’9 por ciento son autónomos, ya sea como profesionales artísticos o como otro tipo de profesional relacionado con el sector. En el resto de las opciones la más señalada (un 29’5 por ciento) fue la de ser trabajador por cuenta ajena y darse de alta en el IAE para facturar los ingresos derivados de los cómics.

Un 15’9 por ciento de los encuestados declara ser trabajador por cuenta ajena y dar aviso en la Agencia Tributaria de los ingresos obtenidos desde el extranjero y el resto, en porcentajes muy reducidos, afirman desde facturar a través de cooperativas, de terceros o directamente no facturar.

REPARTO ENTRE EL EQUIPO

En toda la encuesta solo había una pregunta sobre la relación de los guionistas con el resto del equipo artístico y el reparto de las ganancias obtenidas por una obra. Un 43’8 por ciento del total respondió que se hace un reparto de 60/40 en favor del resto del equipo. Un 35’4 por ciento dijo que ese reparto suele hacerlo de 70/30 en favor del resto del equipo. Un 12’5 por ciento declaró hacer un reparto de 50/50 y el 10’4 por ciento restante hace el reparto en función de lo que establece la editorial.

VISIBILIZACIÓN

En el siguiente bloque las preguntas iban referidas a la visibilización de la figura del guionista de cómic y a la percepción que se tiene de su trabajo. La primera de estas preguntas se refería a invitaciones a salones y eventos del cómic. El 45’8 por ciento de los guionistas encuestados afirma no haber sido invitado a ningún evento de estas características.

El 20’8 por ciento declaró compartir gastos con la organización del evento. Un 12’5 por ciento dice que fue el evento quién corrió con todos los gastos. El resto, en porcentajes muy pequeños, se reparten entre los que corrieron ellos con todos los gastos o los que dicen que se repartieron entre editorial y evento.

En cuanto al conocimiento que existe de la labor de los guionistas de cómic entre los lectores habituales, una amplia mayoría, un 62’5 por ciento, asume que existe un conocimiento pobre, pero que se está mejorando. Por su parte, un 35’4 por ciento cree que no existe ningún conocimiento de la labor de los guionistas.

Por último, en lo que se refiere a la visibilidad de los guionistas como creadores artísticos, un 60’4 por ciento aseguró que no, que ni los guionistas, ni los autores de cómic en general tienen visibilidad como artistas. Un 16’7 por ciento considera que la cosa está empezando a cambiar aunque todavía queda mucho por recorrer. El resto de las opciones, con muy pocas respuestas obtenidas, se repartieron entre los que piensan que nadie sabe lo que hacen los guionistas y los que consideran que sí que se tiene la visibilidad justa.

FUTURO

Y llegamos al final, la última pregunta era sobre cómo esperan los guionistas que sea su situación en los próximos cinco años. La gran mayoría, la más amplia de toda la encuesta con un 81’3 por ciento del total, espera que la situación mejore y obtener más ingresos por su trabajo como guionistas.

El resto, un 18’8 por ciento cree que su situación en cinco años será muy similar a la actual.

CONCLUSIONES

Ya lo avisaba al principio, yo no soy sociólogo ni nada que se le parezca, por eso las únicas conclusiones que puedo sacar son como parte interesada.

Tenemos un gremio de artistas muy pequeñito que trabaja mucho, entre 2 y más de 5 publicaciones en papel en 20 meses y, por contra, cobra muy poco, poquísimo, algo que roza el ridículo, más de la mitad dicen cobrar menos de 10 euros por página.

Se habla mucho y se celebran los éxitos internacionales de nuestros autores, sin embargo, un 64’6 por ciento de los guionistas que han respondido la encuesta, han vendido sus derechos a una editorial que no ha podido colocar esa misma obra en otros mercados.

Los guionistas no resultamos atractivos para eventos y festivales, apenas se conoce nuestra labor y está claro que no se nos reconoce como creadores artísticos.

Y por último un simple detalle, más del 80 por ciento esperan que la cosa cambie de aquí en unos años. ¿Será que la situación no es buena?

Me gustaría terminar lanzando una serie de preguntas muy sencillas al éter digital. ¿Compensa mantener un sistema de edición con autores que cobran menos de 10 euros por página? ¿Si casi nadie conoce la labor de los guionistas,no deberían hacerse esfuerzos por visibilizar desde todas las patas del sector? ¿Se puede sostener una industria con casi un 40 por ciento de autores que se consideran “amateurs”?

En fin, muchas gracias por asomaros a leer esto.

 

 

 

Fernando Llor: “me encantaría que la gente hablase más de tebeos dentro del sector”

Hacía años que no coincidía con Fernando, es más, como vivo alejado por completo de las redes sociales, ni siquiera sabía que se dedica a escribir cómics. No me extrañó, desde que lo conozco siempre ha estado dándole vueltas a ideas. Unas veces eran acertadas y otras… otras no, pero seguro que todos atesoramos un montón de ideas de mierda en nuestra mochila.

Me lo encontré a principios de mes, me dijo que está feliz porque acaba de salir su último trabajo: El espíritu del Escorpión y está recibiendo un montón de reseñas y valoraciones positivas (como esta y esta). También me contó que tiene una web llamada Escribiendo Cómics que abrió con toda la ilusión del mundo y la va a cerrar con la misma ilusión porque apenas tiene tiempo para mantenerla activa.

Le propuse algo. Desde hace unos meses me dedico a escribir para un periódico digital local en Ourense. Allí no podría hacerle la entrevista que le quería hacer (digamos que es un medio de corte tradicional conservador y la sección de Cultura es… desoladora). Así que se me ocurrió entrevistarle para su propia web. Me miró un poco mal y después accedió.

Le dije que sería una entrevista larga, enfocada en el trabajo que acaba de sacar y en su profesión y con una sola norma: tenía que responder todo con sinceridad. Creo que lo he conseguido.

¿De qué va El espíritu del Escorpión? ¿Cuál es el tema?

Va de la dualidad, de las dos caras de las personas y de cómo a veces nos ponemos una careta durante tanto tiempo que acabamos creyendo que somos esa careta. Y además va del horror, de la muerte y de la esperanza de una mujer que quiere traer vida.

¿Te has puesto muchas caretas?

Muchas, constantemente. A veces con intención y otras de manera automática. Cada vez trato de hacerlo menos, pero hay momentos en los que sigue siendo inevitable si no quiero volverme loco. Creo que nos pasa un poco a todos, hay momentos, situaciones de nuestro día a día que nos resultan incómodos, que nos encantaría largarnos sin más y no seguir participando en ello, pero aguantamos, por lo que sea aguantamos.

¿Has aprendido mucho haciendo este cómic?

Bueno, no sabría calibrar si mucho o poco. Sobre la guerra de Bosnia he aprendido algo, igual que sobre Karadzic y su álter ego, pero en ese sentido tengo la sensación de haberme encontrado más incógnitas que certezas. Todo el tema de la transformación de un criminal en un gurú sanador sigue desconcertándome muchísimo. ¿Qué pasaría si no lo hubiesen descubierto? ¿Seguiría ejerciendo como sanador espiritual? Es increíble.

Creo que lo que más he aprendido es a escribir. Es el primer trabajo en el que me meto en algo que a priori no es “mi terreno” si es que tal cosa existe, dejé más de lado los acontecimientos para que aflorasen más los sentimientos, es un tebeo más de emociones que de eventos y giros dramáticos.

¿Estabas cómodo?

Por momentos, no. Creo que si quieres que una historia tenga emoción tienes que involucrarte emocionalmente con lo que escribes y con todo el proceso y no hay trucos para ello, o lo haces o no lo haces, y cuando sucede hay momentos de incomodidad porque avanzar supone entrar en un estado que te saca de la normalidad.

¿No te estarás flipando un poco?

Jajajajajaja puede ser, puede ser, a veces me pongo un poco intensito, pero vaya, que es lo que siento, cuando intento transmitir una emoción concreta tengo que hacer un esfuerzo muy potente de empatía y a veces se complica el asunto.

¿Por qué escogiste una mujer como protagonista?

Pues no lo pensé demasiado, me salió así. Cuando se me ocurrió utilizar un personaje que estuviese asistiendo a las terapias de Dabic imaginé enseguida a una mujer que quiere ser madre y no puede. Eso me daba pie de nuevo a jugar con la dualidad, esta vez entre la vida y la muerte.

Leí en una entrevista anterior que cambiasteis algunos acontecimientos en favor de la historia ¿sigues creyendo que fue acertado?

Sí, sin duda, a fin de cuentas estamos contando una realidad, pero lo hacemos desde la ficción y para ello utilizamos herramientas propias de la ficción. Eso nos permite mantener la esencia de los acontecimientos reales y, a la vez, hacerlos más narrativos.

¿Temes que aparezca alguien gritando: “eso no ocurrió así”?

No demasiado, sí que me da un poco de pavor recibir palos, asumo las críticas pero no las llevo del todo bien, ya me pasó con Ojos Grises.

¿Ah sí, te dieron palos?

Alguno, sí, me decían que la historia estaba desaprovechada, que hubiese ganado mucho con 20 páginas más y también que era una trama contada mil veces.

¿Te molestó mucho?

En el momento, sí, más que nada porque mucha gente estaba tratando el tebeo con una dosis importante de azúcar, entonces cuando llega el vinagre te deja un poco en shock, pero vamos, entiendo y asumo lo que me decían y en cualquier caso es culpa nuestra.

¿Por qué comentas que fue difícil encontrar editor para El espíritu del Escorpión?

Porque lo fue, la historia es impactante, pero es muy dura y con el estilo de Pablo se hace más dura todavía. Mostramos el dossier en el salón de Barcelona de 2017 a unos siete u ocho editores distintos, ni uno solo coincidió en sus valoraciones con otro. Normalmente, al mover algo, las opiniones suelen ser insulsas o tienden a coincidir bastante, con esto no, cada respuesta era diferente.

¿Por qué crees que Panini se quedó el proyecto?

Pues es una pregunta para Panini jajajajaja, pero vamos, imagino que porque les resultó interesante.

¿Cómo es trabajar con ellos?

Una maravilla desde el punto de vista de un guionista que sabe que va a hacer cambios en la historia durante el proceso. Siempre he tenido libertad total y las recomendaciones que me hicieron fueron para bien.

También lo habéis colocado en Francia, ¿no?

Sí, con una pequeña editorial independiente: Presque Lune. Hicimos una búsqueda bastante exhaustiva de casas en las que podría encajar y era una de nuestras favoritas.

¿Por qué?

Por catálogo, por volumen de trabajo y por el desempeño que va a hacer la editorial por mostrar el libro. No es lo mismo estar en una editorial que cada mes saca 80 novedades que estar en una que tiene que cuidar cada lanzamiento con muchísimo mimo porque con cada libro se está jugando la editorial.

¿Tuvisteis más opciones?

Sí, pero Presque Lune fue más contundente y más directa.

¿Vais a buscar más ediciones?

Sí, pero después del verano, aunque no lo parezca mover proyectos resulta agotador.

En estos días que llevo husmeando por el mundillo del cómic se habla mucho del tema de mover proyectos ¿tan difícil resulta vender algo?

Buf, mucho. Y no solo es complicado por el proceso en si mismo, es porque (al menos en mi caso en el 90 por ciento de las ocasiones) es algo en el que me toca asumir dos roles, uno de negociador directo con el editor y otro de mensajero continuo con el dibujante. Las conversaciones no se realizan a tres bandas, por una parte los editores prefieren hablar con un único interlocutor y, por otro existe una especie de ley universal no escrita que hace que los guionistas asumamos este papel.

De hecho he llegado a ver valoraciones de compañeros en base a su capacidad de mover proyectos. Es como si fuese un plus: “fulanito es muy bueno moviendo proyectos”.

Se te ve resignado.

No, no es eso, de hecho de forma inconsciente es algo que hago siempre y que incluso acabo diciendo: “no te preocupes, ya me encargo yo de moverlo”, pero a veces sí que me gustaría un poco más de participación activa de algún compañero. Hay veces en las que me han llegado a pedir cosas un tanto absurdas o me han trasladado preguntas a editores que fácilmente podrían hacer ellos. Parece que una vez que ejerces de interlocutor ya lo eres para todo y al final acabo haciendo de teléfono estropeado en cuestiones técnicas que no domino.

¿No será que te cargas con demasiada responsabilidad?

Seguro, seguro, si no pretendo quejarme de nadie, solo de mi y de mi manera de hacer las cosas.

¿Has tenido problemas con dibujantes?

Claro, muchos, pero imagino que como en cualquier otro trabajo. Cuando curraba en la escuela de cine había tensiones con compañeros, en la tele igual, pues esto es lo mismo, siempre hay momentos de tensión en los que hay que discutir sobre una parte del proceso o sobre la forma de hacer las cosas.

¿Llegaste a enemistarte con alguno?

Sí, con un par de ellos.

¿Vas a contarme por qué?

Jajajajajajaja vale. Fueron diferencias irreconciliables sobre qué hacer con un proyecto. Me ocurrió algo similar en ambas ocasiones. Uno de ellos quería hacer un crowdfunding en el que pedir unas cantidades muy locas para el nivel que teníamos en aquel momento y además me dijo unas cuantas lindezas en cuanto a la figura del guionista que prefiero no recordar.

El otro hizo un cómic entero con un guion mío que nunca pude ver con una resolución decente porque se negó a enviármelo. Teníamos opiniones muy diferentes sobre el posible futuro del cómic y nos enrocamos tanto en nuestras posiciones que se fue todo al carajo.

Desde fuera da la impresión de que tenéis mucha agitación en vuestro mundillo. Veo a autores lanzándose a la piel de otros autores, tuiteros en combates feroces, grandes estrellas bajando al barro…

Ya, es una mierda. Me encantaría que la gente hablase más de tebeos dentro del sector. Me da la sensación de que hay autores más pendientes de las opiniones de los demás y de sentar cátedra que de ponerse a currar.

Me resulta absurdo, he tenido discusiones con gente del cómic tan surrealistas que nadie las creería. Gente capaz de negar una realidad objetiva con tal de hacerse notar y sumar puntos frente a su comunidad, es delirante.

Te imaginas a un carpintero diciendo: “las puertas que hace fulanito están sobrevaloradas, si las vende es porque tiene un ejército de palmeros y cada vez que hace una puerta les obliga a decir que es la mejor puerta del mundo”. Pues en el cómic pasa. Y ya no es que sea un problema que pase, es que pasa a diario.

No parece muy profesional.

Fíjate, esa es una de las claves, una de las discusiones recurrentes es qué significa ser un profesional del cómic.

¿Y qué es?

Pues lo mismo que en cualquier otra profesión: hacer facturas, pagar cosas con el dinero que supone tu trabajo, darse de alta, regularizar tu situación, constar en algún sitio como profesional artístico.

Creo que poner en facebook que eres un gran profesional, pero luego buscar resquicios en la ley para emitir facturas es peligroso por el mensaje que se da. Pero eso aun puede ser comprensible, lo que ya no comprendo es la facilidad con la que se mete muchísima gente a opinar sin conocimiento de causa.

Pareces molesto.

Lo estoy. Todas estas discusiones de patio de colegio entre autores y gente del medio solo llevan al desprestigio del sector. Cualquiera que lo vea desde fuera verá a un puñado de gente adulta insultándose en redes, recurriendo al mimimimi, al “tú más” y al tratar de desacreditar al otro con mentiras y triquiñuelas dialécticas. Ojalá existiese un debate sano y sosegado, pero la gente entra a saco a imponer su opinión, sin reflexión y sin ninguna empatía.

Pero eso es el mundo ahora, ¿no?

Pues puede ser, pero en un mundillo en el que somos tan pocos es todavía más vergonzante. Todo es convertible en crítica: el trabajo de los demás, su aspecto, su forma de currar, sus opiniones, con quién firma sus proyectos, cuánto va a cobrar por ellos, con quién se junta, con quién se enfada, a quién se folla, todo. Muchas críticas, muy pocas soluciones.

¿Tú tienes alguna solución?

Creo que no, solo una recomendación: si vas a hablar mal del trabajo de alguien hazlo en privado.

No es una cuestión de ser hipócrita, no es un tema de morderse la lengua o no poder expresar lo que se quiera, pero si haces tebeos, no critiques los tebeos de los demás en público.

Se trata de respeto, de saber lo que cuesta llevar adelante cualquier cómic, tenga mayor o menor calidad, son muchas horas de trabajo invertido y puede que a ti no te guste, pero al menos deberías tener la capacidad de valorar que el tiempo invertido por ese autor vale exactamente lo mismo que el tuyo aunque el resultado te parezca espantoso.

Llevamos ya un buen rato con esto, creo que toca ir cerrando ¿algo más que quieras añadir?

No, ya me he quedado a gusto jajajajaja.

Fracaso, resiliencia y cosas chungas de escribir tebeos

Seguro que más de una recuerda esas palabras de Beckett, sí, ya sabéis, las que han convertido en infinidad de tazas positivistas y carteles con diseños muy cuquis. ¿Aún no pillas a qué me refiero? Venga, las pongo: “Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.” Ahora sí, ¿verdad? ¿A que lo habías visto antes?

Nadie conoce la verdadera intención de Beckett con su texto “Rumbo a peor” en el que figura este fragmento, sin embargo se ha convertido en un mantra en el mundo de los entrepeneurs, empresarios, emprendedores y creadores de frases motivacionales. De hecho yo la he visto en la pared de un gimnasio… ¿no sé qué pensaría el bueno de Samuel al ver sus palabras rodeadas de cuerpos sudorosos en mallas?

Es cierto que en esto de hacer tebeos nos encontramos muchas veces con el fracaso en múltiples formas. Podemos fracasar al tratar de encontrar dibujante con el que afrontar un proyecto. Podemos fracasar al no conseguir el resultado esperado al elaborar el dossier. Podemos fracasar a la hora de encontrar una editorial que apueste por nuestro trabajo. E incluso, llegando a publicar el trabajo, podemos fracasar estrepitosamente en las ventas, en las críticas o en la acogida del público.

Así que sería bueno admitir una par de cosas. La primera es que el fracaso forma parte indiscutible de cualquier profesión artística. Hace poco leía a alguien comentar que el estado natural de un proyecto es que no salga, que no se concrete, que no vea la luz. Y tenía razón, la grandísima cantidad de proyectos que surgen cada día y la inmensa calidad de la gran mayoría de ellos, hace que lo más normal es que cuando elaboremos un dossier se quede en el cajón.

Con esto no pretendo desanimar a nadie porque es cuando entra en juego la segunda cuestión: la resiliencia, o dicho de forma que lo podamos entender la gente que crecimos en el barrio, la capacidad que tenemos todos de reponernos de las hostias, de adaptarnos a las dificultades o de hacer frente a la frustración.

Porque una de las claves de todo esto no es fracasar, es qué vamos a hacer en el momento siguiente al fracaso. Puede jodernos unos días, puede que semanas, incluso meses, pero si existe un truco fundamental en todo esto, es el de siempre: escribir, escribir y escribir. ¿Que no sale un proyecto? Pues montas otro. ¿Que alguien te deja tirado porque le sale otra cosa? Te buscas a otro. ¿Que solo consigues respuestas random de los editores? Te haces más pesada que una empanada de cocido madrileño. Porque ya lo hemos dicho cienes de veces en Escribiendo Cómics: el único truco es seguir adelante. ¡¡¡Tacháááááááán!!!

Eso sí, hay múltiples actitudes que se pueden adquirir frente al fracaso, algunas de ellas son muy comunes, y creedme, no muestran un buen camino, más bien todo lo contrario. Seguro que ya os suenan, pero qué demonios, los titos de EC estamos para recordarlas las veces que hagan falta.

Vamos al tomate.

Los editores de todo el mundo están equivocados

Este es el gran clásico entre los clásicos. Es una mezcla entre ego, ignorancia, falta de escrúpulos y poca vergüenza. Consiste en echar siempre la culpa a los editores del fracaso de tus proyectos. Pero no una vez ni dos, de manera sistemática. Tiene distintas variantes: “los editores no saben lo que se pierden”, sí, lo saben; “los editores no saben valorar mi trabajo como se merece”, sí, saben y, en la mayoría de los casos, aciertan; “si los editores hiciesen lo que yo digo, el mundo editorial daría un vuelco”, esta ya es de nivel premium gold edition, afrontar el fracaso exclamando que hay que cambiar todo el sistema es cuando menos alocado.

La historia es como es y no pienso tocarla

En ocasiones algunos editores, lectores cero, amigos, compañeras, reseñistas, familiares o enemigos pueden advertirte de que algo no funciona en tu historia.

En estos casos yo suelo hacer caso de un comentario del amigo Neil Gaiman. Él dice que si alguien te dice que algo, un personaje, un giro, una escena o un planteamiento no le convence, suele estar acertado y deberías replantearte lo que te está apuntando. Sin embargo, si te dice exactamente cómo tienes que cambiarlo es mejor ignorarlo.

La moraleja de todo esto es que no te aferres a tu texto como si fuesen salmos escritos en tablillas sagradas, déjalo evolucionar, acepta críticas y comentarios de todo el mundo, puede que no se dediquen a escribir, pero todo el mundo lee (o casi todo) y, por supuesto, saben si aquello que están leyendo les gusta o no.

Como ejemplo en este punto me gustaría comentar una anécdota. Mi primer proyecto de cómic era una historia llamada Blindtown creada junto al dibujante Alex Muñoz. En ella contábamos como los nazis habían ganado la Segunda Guerra Mundial y Hitler, con 100 años, trataba de encontrar una serie de idolillos Incas que le permitirían alargar su vida y su imperio 100 años más.

Por aquel entonces, llenos de ingenuidad e ilusión desmedida, pensábamos que manejábamos un material de primera, creíamos que lo íbamos a petar tanto que los editores se pelearían por sacarlo. Pero no ocurrió. Tuvimos algún buen comentario, buenas palabras, alguna palmadita en la espalda y un par de decenas de fracasos y rechazos.

Pasado un tiempo seguimos intentándolo y llegamos a un editor bastante interesado en sacarlo. Empezamos a hablar sobre ello e hizo algunos apuntes muy interesantes. Sin embargo llegó a un punto en que propuso algo que nos resultó muy extraño: quitar los nazis. Sí, así es, quería quitar a Hitler y a los nazis de nuestra historia de Hitler y nazis. Contarla con un dictador inventado en un mundo inventado.

Para nosotros eso sobrepasó un límite. ¿Acertamos? No lo sé, puede ser que hoy tuviésemos un cómic más con nuestros nombres en el lomo, pero… ¿sería el mismo cómic?

Resumiendo: escucha, escucha y escucha y después toma las decisiones oportunas, pero escucha, no hay nada peor que un guionista cerrado que solo se escucha a si mismo.

Como todo el mundo me ha dicho que mi historia no vale, me autoedito

La autoedición es una opción maravillosa, a poca gente admiro más que a los autores que son capaces de encargarse de todo el proceso de hacer un libro de principio a fin y, aún por encima, después se patean salones de todo el país y a veces de toda Europa con sus cajas de acá para allá.

En España existe todo un mundo inmenso de la autoedición en el mundo del cómic. Si alguien está interesado en saber más sobre ello le recomiendo que se pase por NEUH, una asociación de autoeditores que han creado su propia red de apoyo que les permite tener presencia en prácticamente todos los eventos relevantes del país.

Ahora bien, la autoedición debe ser un acto consciente y una decisión organizada, no un refugio para escapar del rechazo. Si tu idea es sacar un cómic con este método porque quince editoriales te han dicho que no les gusta, piénsatelo.

Analiza bien las causas del rechazo. Entiende que puede que la historia no esté lo suficientemente elaborada, que el dibujo no tenga el acabado idóneo, que la temática no sea oportuna o esté muy manida, que los personajes estén poco definidos… En cualquier caso, puede que tu proyecto lo que necesite sea trabajo, no irse a la imprenta directamente.

Piénsalo, ¿si elegiste como primera opción la edición tradicional y todos te han rechazado porque piensan que tu producto no es vendible, crees que es buena idea afrontar la venta por tu cuenta y riesgo? Es posible que te salga bien, no digo que no, pero ¿no sería mucho mejor pararse a reflexionar un instante antes de caer de rebote en un mundo tan complejo?

Resumiendo (y repitiendo): la autoedición debería ser considerada como una opción de principio, si simplemente es un plan B, una huida o el último clavo al que agarrarse, es posible que te equivoques y que sufras mucho durante todo el viaje que supone.

Conclusión

El fracaso es parte del proceso creativo. Nos equivocamos al escribir, nos equivocamos al montar el dossier, al moverlo y al reaccionar ante las negativas.

No hay que preocuparse, es parte de todo este follón de hacer tebeos. Lo mejor que se puede hacer es escribir y escribir y seguir escribiendo, escuchar las opiniones de todos los demás, seleccionar los buenos consejos, desechar aquellos que nos dicen exactamente lo que tenemos que hacer y no emprender caminos arriesgados cuando lo que necesita nuestro proyecto es revisión.

De un modo u otro, sigue escribiendo y cuando te canses escribe más.