Tiempo para escribir, escribir para ganar tiempo

Bueno, pues los amigos de Escribiendo Cómics ya nos hemos mudado a un apartamento más chiquitito, un blog simple, sin dominio propio, pero con las mismas intenciones de siempre. En este primer post de la nueva etapa voy a abordar un tema complejo y que levanta innumerables dolores de cabeza a todos los que escribimos: el tiempo.

No quiero engañaros, nunca quiero, de verdad, puede que con lo del síndrome del impostor sí… o no, yo qué sé… era el chiste fácil… Manejar el tiempo a la hora de escribir es algo muy complicado de conseguir porque esa gestión nunca viene sola, está acompañada de pequeños factores que además son muy variables en función de cada persona.

Aun así voy a tratar de comentar algunas cosillas que me parecen fundamentales para tratar de aprovechar el tiempo de modo que no nos volvamos locos y lleguemos a todos los objetivos que nos propongamos (si es que nos ponemos objetivos, claro).

Venga, vamos allá que no tenemos todo el día.

¿Qué pasa con el tiempo de los guionistas?

Señor Llor, señor Llor, ¿cuándo se puede considerar que empieza el proyecto? –dice Manolito levantando mucho la mano.

A ver, Manolito, baja la mano que no estamos en el cole. En mi caso existen dos maneras de arrancar un proyecto: la primera es la más “bonita” y la más “llena de magia”. Sucede cuando estás dando un paseo, comiéndote una hamburguesa vegana hecha con frijoles, viendo una peli horrible de Nolan o bailando reggaetón como un loco en un chiringuito de la Costa del Sol. Sin saber cómo, te llega una idea y te dices: “coño, qué ideón para una historia”. Esto es lo que algunos llaman inspiración y, bueno, digamos que yo no soy muy amigo de este concepto y, sobre todo, soy un enemigo declarado de dejarlo todo en sus manos.

La segunda manera es menos espectacular de cara a la galería y le quita un punto de misticismo. Se trata de sentarse a currar. Ponerse delante de una libreta e ir anotando ideas hasta llegar a ese: “coño, que ideón para una historia”. Es cierto que muchas veces este método te pone en disposición de que aparezca por ahí la inspiración y te mejore lo que estabas haciendo, pero no ha venido sola, la estás forzando a aparecer.

La gran diferencia entre un método y el otro es el tiempo. En el primero no estás destinando ni un solo minuto a elaborar una idea, sino que surge en el medio de otra actividad (o inactividad) y por tanto no habría que poner en marcha todavía el cronómetro de guionista. En el segundo, sin embargo, sí que hay un tiempo específico destinado a elaborar la idea o al menos el punto de partida, nos hemos puesto a eso concretamente y puede que nos levantemos de la sesión habiendo parido una idea buenísima o que la abandonemos con un folio lleno de frases inconexas e ideas terribles, pero en cualquier caso ya habremos invertido minutos u horas que nadie nos va a devolver.

Así que, al menos en la mayoría de las ocasiones, mi tiempo para escribir arranca en sesiones dedicadas a la búsqueda de ideas. ¿Cuántas empleo, cuánto duran, cuántas necesito antes de dar por terminada esta fase? Pues depende, depende y… depende. Hay veces que una sola sesión es suficiente, hay veces que empleo tres o cuatro y hay veces que al llegar a la quinta me doy cuenta de que estoy haciendo el canelo y dando vueltas a algo que no va a ningún sitio. Así que aquí arrancan los problemas para contabilizar el tiempo invertido en un proyecto: partimos de una inconcreción.

Y esto me lleva al punto más complicado de todo el post, tratar de responder más allá de un “depende” a la famosa pregunta que te puede hacer un editor: ¿cuándo tendrías el guion?

Las fases, divide y vencerás

Hace cosa de dos años, cuando me preguntaban la tan famosa: ¿para cuándo tendrás el guion terminado? siempre respondía más o menos igual: entre cuatro y seis meses. Actualmente respondo: pronto, creo que estará pronto. ¿Por qué? Pues porque por mucho que este sea un post sobre gestionar el tiempo y aprender a calcular cuánto tardan tus procesos de trabajo, hay una máxima estupenda para todo esto: no te pilles los dedos con algo que no depende de ti al cien por cien.

Espera, espera, espera, espera, ¿cómo que no depende solo de ti? No, Manolito, cálmate, tiene una explicación: llegado un punto del proyecto no escribo si no tengo un contrato firmado para hacerlo y el tiempo que puede tardar un editor en enviarte el contrato de un proyecto aprobado puede oscilar entre unas horas y 150 años. Así que si el editor tarda un mes, yo puedo entregar el guion en 5 o 6, pero si tarda tres pues tardo entre 10 y 12.

Independientemente de que los editores vivan en una burbuja en la que el tiempo se amplía, se contrae y hace cosas maravillosas, mis tiempos de trabajo suelen ser:

Para montar proyecto: quince días

Dos semanitas y un poco más para el texto que incluye un dossier de venta, es decir: pitch, argumento completo, primeras páginas de guion, fichas de personaje y biografía actualizada. Esta parte del proceso es fundamental y, aunque parezca que se resuelve pronto incluye un texto dos textos que son los archienemigos declarados de cualquier guionista: el pitch y el argumento. No hay nada más tedioso de escribir que estos dos, porque se trata de algo que generalmente se nos da fatal a la gente de verbo fácil: sintetizar.

Otras cuatro semanas hasta llegar a una versión definitiva de escaleta, dando por hecho que el primer borrador será una chufa, que habrá que dejarlo reposar al menos unos días y que con cada versión nueva, llegará su respectiva fase de descanso. La escaleta para mí es tan fundamental que es posible que se pueda alargar esta fase hasta las seis semanas y, normalmente voy compaginando este proceso con el de documentación y se cerrarán al mismo tiempo.

Tres meses para convertir la escaleta en guion literario. Esto cuando se trata de un álbum de entre 48 y 64 páginas. Si va a ser una obra más extensa es muy posible que todo el tema se alargue. Si se trata de algo cercano a las 100 páginas suelo simultanearlo con otro proyecto para no acabar totalmente absorbido puedo llegar fácilmente al medio año para terminarlo.

Para el guion técnico, que solo escribo si me lo pide el dibujante, no empleo un tiempo extra muy elevado, ya que por norma, suelo hacerlo justo después de acabar cada escena en el guion literario y esto no alarga demasiado el proceso, apenas un par de semanas en el global.

O sea, que si sumamos todo, y siempre y cuando no haya problemas inesperados por el medio, mi proceso puede alargarse hasta los seis meses o un poco más. Esos inconvenientes pueden venir de retrasos con el pago, de parones provocados por algún cambio en el calendario editorial, porque me pongo enfermo, porque tengo alguna avería en mi equipo o quién sabe…

Por eso insisto en que lo mejor que puedes hacer siempre que te pregunten cuándo tendrás el guion es responder: “pronto, creo que estará pronto”.

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¿Hay que escribir pensando en los lectores?

Me siento, enciendo el ordenador, abro el open office (me gustan las licencias abiertas y me cae mal la gente que piratea software para escribir cuando escribir es su profesión) y empiezo a sembrar planteamientos para nuevos proyectos.

Me sale lo que acostumbra a salir: aventuras, algún thriller, algo un poco más juvenil, algo más intimista, una cosilla histórica a la que poder sacar un buen juguillo… Lo normal, vaya.

Les doy una vuelta, los pongo bonicos, me voy al canva y me saco un pdf muy apañadito en el que meto una sinopsis, algunas notas de cómo veo el universo de la historia, hablo un poco de los personajes y, si tengo un buen día, hasta me escribo las primeras páginas del guion.

Si me da tiempo empiezo la búsqueda. Sí, me lanzo a la caza del dibujante con todas mis armas de seducción y buenas maneras. Me contoneo, me pongo muy sexy y me rechazan. Me pongo aún más sexy y me vuelven a rechazar. Así hasta que alguien pica o me voy a una esquina a llorar.

Envío el archivo y tengo una costumbre un poco rara, lo releo de nuevo. Y en ese momento, en ese preciso instante llegan a mi pequeña cabeza y gran cerebro un montón de dudas: ¿habré escrito esta vez pensando en los lectores? ¿Será al fin este proyecto considerado como una obra gafapasta? ¿Esta es la obra idónea para recibir premios y más premios?

Es mentira. Soy un pecador. Jamás he pensado en los lectores a la hora de escribir. Es que no sé cómo se hace. Es más, creo que es completamente imposible pensar en el “público” a la hora de escribir algo o al menos yo no sé qué pasos debo de seguir para ello.

En fin, voy a tratar de explicar un concepto que se me hace súper raro y que no es la primera vez que me habla de él alguna editora, algún reseñista, alguna amiga o algún familiar lejano.

HAY QUE ESCRIBIR PENSANDO EN LOS LECTORES

Corría el año 2014 y estaba yo enfrascado en el guion de dos obras al mismo tiempo, Teluria 108 y Nyx, los sueños de la Diosa. Ambos eran mis primeros trabajos que se iban a publicar. A la dificultad de escribir dos guiones de 100 paginacas de manera simultánea, se sumaba el hecho de trabajar con dos editoras “intervencionistas”.

Llamo “intervencionistas” a ese tipo de editoras que sienten la necesidad de meterse a fondo en las historias y hacerlas “suyas”. Y ojo, que me parece perfecto, cada uno hace su trabajo como mejor considera y si aportan buenas ideas a las historias, no seré yo el que me queje.

No me molestaba en aquel entonces, ni ahora tampoco, el que se quiera aportar algo o cambiar lo que sea, siempre que se llegue a un entendimiento con el autor y que todos hagan lo mejor para la obra, me parece estupendo.

El problema vino cuando ambas editoras introdujeron un concepto que a mí se me hacía un tanto extraño (como casualidad diré que lo hicieron en correos separados por unas horas). Dijeron: “hay que escribir pensando en el lector”.

Vale, genial. ¿Eso cómo diantres se hace? ¿Alguien tiene un superpoder para ponerse en el lugar de todos y cada uno de los lectores (que, potencialmente somos todas las que sabemos leer) y decir “ah, sí, los lectores lo que quieren es esto”? ¿Qué demonios es lo que quieren los lectores?

¿Si alguien cree saber lo que quieren los lectores, como es que no es un multimillonario retirado en el Caribe?

¿Si escribo pensando en los lectores y los lectores leen algo que está escrito pensando en los lectores y resulta que no les gusta, quién está equivocado, yo o los lectores?

¿Pueden equivocarse los lectores?

Después de expresar estas y otras de las dudas que me asaltaron con la afirmación de “hay que…” me llegó una “explicación” por parte de una de las editoras.

No te líes”, me dijo con cierta condescendencia entrañable, “es muy fácil de entender, tienes que dejar todo bien explicado, a los lectores no les gusta que les rompas la cabeza, si leen algo y no lo entienden a la primera, desconectan y ya los has perdido para siempre”.

Para siempre, para siempre, para siempreeeee… Algo así resonaba en mi cabeza de guionista novato y bajito.

A día de hoy, ya en 2019, sigo sin tener ni la más mínima idea de qué significa escribir para los lectores o pensando en los lectores o escribir pensando en la crítica o escribir pensando en los premios o hacer una obra “muy para el premio nacional” o “muy para regalar” o “muy para salir en las listas”.

De verdad, ni idea, así que las únicas recomendaciones que podemos hacer desde Escribiendo Cómics en este sentido son estas tres.

TODAS SOMOS LECTORAS

Como todas somos lectoras y todas tenemos la extrañísima cualidad de leer aquello que nos gusta e incluso decirlo y, resulta, que cada una tenemos el gusto adecuado a, oh, sorpresa y fatalidad, nuestros gustos, es completamente esteril e imposible que te sientes a escribir pensando en las lectoras.

Ya ves. Imposible. Irreal. No se puede. No es una de esas cosas con las que decir “me dijeron que es imposible, así que me puse a hacerlo”. Que no, que lo dejes, que no se puede. De verdad. ¿Yo por qué voy a mentirte, a ver?

Seguro que más de uno dirá: “todo el mainstream se hace pensando en los lectores y en lo que les gusta y blablablablabla”. “Si existen fenómenos de masas es porque el público los demanda y se les da y blablablablablabla”.

Y aún así, al que le toca escribir un nuevo arco para una serie con millones de seguidores ¿puede sentarse delante de su ordenador, abrir el Word (esta peña hasta se paga la licencia) y decirse “bien, hoy voy a pensar en Jeff, Mini, Laura, Lucas y la abuela Peggy para escribir esta escena”.

Imagino que pensará en billetes, en ritmo, en diálogos, en más billetes, en si se ha dejado el hornillo encendido, en la siguiente escena, en un girito que se caga la perra, en más billetes, en el amor libre, ese tipo de cosas, pero ¿escribirá pensando en los lectores?

No lo creo.

Por eso, estoy convencido de que lo mejor que puedes hacer al escribir tus historias es, oh, sorpresa, pensar en tus historias.

HAY UN LECTOR PARA CADA LIBRO

Porque por mucho que alguien te diga que tú estás pensando o no en lectores a la hora de escribir, hay algo que es incontrolable y es que, por cada persona que te diga que no has pensado en los lectores a la hora de escribir, aparecerá un lector contento con tu obra y que, oh, absoluta locura, puede llegar a pensar “este libro está escrito tal y como me gusta que se escriban los libros”.

Y ahí está la maldita paradoja de todo esto. Hay un tipo de lector idóneo para cada libro, pero es tarea del lector encontrarlo y no del guionista o del escritor producirlo. El esfuerzo del primero es sano y habitual, el esfuerzo del segundo suele ser esteril y parir obras mediocres.

NUNCA LE DIGAS A NADIE “NO TE LÍES, TÚ LO QUE TIENES QUE HACER ES…”

Lo hemos repetido tantas veces que hay quien nos acusa de cansinos irredentos: no existen las fórmulas mágicas, no hay tips, no hay trucos, no hay manuales que nos puedan decir lo que hay que hacer paso por paso para escribir una obra maestra. Y aún así nos las repiten una y otra vez y, por desgracia, esa de “hay que escribir pensando en los lectores” es una de ellas.

Pero es que además, no es una del tipo: “sigue esta estructura y verás qué bien todo” o del tipo: “debes crear un arco de transformación para cada personaje”. Esas al menos tienen algo de instructivo y se puede aprender algo. Con “hay que escribir pensando en los lectores” ¿qué es lo que se aprende? ¿Dónde está el punto didáctico? ¿Cuál es exactamente la manera en la que se debería hacer eso?

RESUMIENDO

No te líes (hoy estoy especialmente graciosillo), lo mejor que puedes hacer por tu historia es escribir, escribir y seguir escribiendo. Si pensar en el éter te ayuda, genial, si pensar en tu prima te ayuda, piensa en ella; que quieres pensar en todos los lectores del planeta, adelante, pero tú escribe, no pares de hacerlo, revisa, lee, corrige, vuelve a escribir, tira cosas a la basura, vuelve a empezar, sigue escribiendo y ya está, no te compliques pensando cosas que no puedes controlar.

El síndrome del impostor, tres pastillas que puedes tomar para vencerlo.

Un buen día te levantas a media mañana, enciendes el ordenador, retomas ese proyecto que el día anterior te parecía una maravilla y ¡BOOOOM!, llega un pensamiento terrible que se instala en tu mente: “yo no valgo para esto”, “¿a quién pretendo engañar?”, “lo mejor es que deje de escribir y me prepare unas oposiciones, como la gente de verdad”.

Bueno, calma, ha llegado el día, tienes una enfermedad y es bastante grave: el síndrome del impostor. Y créeme le pasa a todos alguna vez, es más, sería aun más preocupante si no te pasase nunca, porque estarías instalado en una complacencia terrible.

Hoy en Escribiendo Cómics nos ponemos la bata de farmacéutica y te recomendamos tres pastillas que puedes tomar cuando te asalte el síndrome. Tres recetas que puedes aplicar y que te ayudarán a superar tus males.

Allá vamos, prepara un vasito de agua.

DÉJALO

Sí, así de duro, de cruel y de terrible. Déjalo. No, no es una bromita típica de los graciosetes de la web. Si realmente sientes que has escogido mal tu profesión, que no deberías estar haciendo esto bajo ningún concepto y que eres una fracasada total a la hora de contar historias, no le des más vueltas y déjalo.

Hay algo peor que no tener trabajo y es tener uno que vives como un infierno día a día. Así que, si tu síndrome del impostor ha crecido tanto como para pensar que el simple hecho de encender el ordenador y ponerte a escribir es una tortura porque estás engañando a todo el mundo, para, abandona, ya está, búscate otra cosa.

Ahora bien, si escribir no es tu profesión todavía, si consideras que aun estás aprendiendo y quieres crecer, quizás te estás enfrentando a un episodio pasajero del síndrome del impostor. Ya sabes, como todas esas veces en las que Peter Parker tiraba el traje de Spiderman a la basura y decía: “se acabó, ¿a quién quiero engañar? Yo no valgo para esto”.

Bien, tranquila entonces, respira, no tires todavía el ordenador por la ventana, aun hay esperanza, quizás sea el momento de probar alguna de las otras recetas.

DEJA DE COMPARARTE CON LOS DEMÁS

La mayoría de los casos de síndrome del impostor se producen por comparación. Vemos como diferentes compañeros de profesión van cumpliendo objetivos y llegando a metas que a nosotros se nos resisten. Leemos sus trabajos y nos parecen una maravilla. Contemplamos lo bien que les va, todo lo que logran y después observamos nuestro cajón de proyectos llenos de telarañas y, claro, nos asaltan las dudas, los miedos y los “tenía que haberme hecho abogada”.

Basta. Si de verdad quieres superar tu síndrome empieza por analizar tu trabajo sin compararlo con el de nadie. Es absurdo valorar tu trabajo como “es peor que el de fulano” o “mejor que el de mengano”. Se supone que estás creando arte y no compitiendo en un torneo de guionistas, así que la comparación no tiene cabida en todo esto.

¿Sientes que podrías mejorar? Mejor dicho ¿sientes qué deberías mejorar?, bien, ese es un buen punto de partida, y establecer una “guerra” con tus compañeros no te va a servir de nada más que para llevarte disgustos. Si de verdad quieres que tus guiones mejoren dedícate a trabajar duro, analiza tus escritos, busca sus puntos débiles, muéstraselos a lectores críticos, organiza lecturas en alto con gente que no tema dar sus opiniones, recoge todo lo que te digan y reescribe. Abandona la pereza, la falta de disciplina y la creencia en las musas. Todo eso no te va a servir de nada, ni ahora ni en el futuro.

La mejor receta contra el síndrome del impostor es olvidarte de él un rato y seguir escribiendo hasta tener algo que puedas enseñar. Y una vez que lo hagas, sé humilde, escucha y, si hace falta, reescribe todo desde cero.

A LO MEJOR ERES UN FALSO IMPOSTOR

En el año 2016, un estudio psicológico de una universidad estadounidense concluyó que muchas de las personas que dicen sufrir el síndrome del impostor mienten.

Sí, mienten. Algunos lo hacen de manera consciente y, por lo tanto, tienen un problema grave de hipocresía o puede que estén utilizando el síndrome como una falsa modestia o una estrategia para mostrarse como peores o más incapaces de lo que son en realidad. En pocas palabras: están como regaderas.

Sin embargo, otros, los más preocupantes, ni siquiera son conscientes de que están mintiendo.

De algún modo algo les hace autosabotearse ya que consideran en todo momento que no reúnen las capacidades suficientes como para el desempeño de una profesión concreta. Muchas veces estos autoataques vienen derivados de problemas de confianza o de autoestima, e incluso cuando la gente alaba su trabajo no son capaces de conectar esos halagos con su labor, pero sí que magnifican cualquier crítica.

Es importante que si ves que alguien se está pasando en eso de machacarse, le recomiendes algunas cosillas:

No rechaces ni ignores los cumplidos. Tienes que empezar a creerte las cosas buenas que dicen de ti.

No dejes que el miedo te paralice. No permitas que tu temor a ser “desenmascarado” te impida desarrollarte, evolucionar.

Cada vez que sientas que tu confianza se va al carajo, recuerda lo mucho que has tenido que trabajar, lo mucho que te has tenido que esforzar para conseguir algo en concreto.

Si te sientes tan farsante que te pasas a la línea del perfeccionismo extremo, tienes que tener en cuenta que el trabajo perfecto no existe ni va a existir nunca. Tranquilo, hay millones de cosas que no puedes controlar.

En fin, piensa ante todo que si estás en un momento en el que crees que no sirves para escribir, es muy probable que sea un problema pasajero, algo que olvidarás en cuanto te pongas a currar a tope, a preparar un nuevo proyecto o consigas un momento ilusionante.

Está claro que todas tenemos fantasmas, no les dejes machacarte y, por supuesto, no les hagas tú el trabajo.

¿Quieres empezar a hacer cómics? Bien, te recomendamos esto

No son pocas las veces que nos han escrito a Escribiendo Cómics preguntando cosas del estilo de: “¿cómo puedo empezar a hacer cómics?”. Esa es una pregunta complicada de responder en un solo artículo, pero qué demonios, como somos valientes vamos a arrancarnos con una serie de consejos muy útiles para todas aquellas que están empezando.

Si quieres hacer cómics tienes que leer cómics

Parece obvio. En realidad lo es. Mucho. Pero aún así os sorprendería la cantidad de gente con la que me he encontrado que me dice “quiero hacer cómics, pero yo no leo mucho…

Además iría un poco más lejos. Si solo has leído manga vete ahora mismo a la librería a pillar tres o cuatro novelas gráficas. Si me vas a salir con lo de “no tengo dinero” siempre puedes tratar de atracar una farmacia (tranqui, el seguro les cubre estas cosas) o acercarte a unos sitios casi mágicos que hay en todas las ciudades. Se llaman bibliotecas y actualmente suelen tener una cantidad considerable de tebeos.

Ojo, que no se trata solo de leer novelas gráficas (un día entraremos de nuevo en la discusión de qué es y qué no es una novela gráfica). Si ya lo haces, pero no lees nada más, ¡basta! Suelta ese tochaco ahora mismo y vete a comprarte seis o siete grapas de superhéroes.

Hay que leer de todo. De todo. No basta con leer solo un género muy concreto, tu cerebro, que es muy goloso, demanda continuamente estímulos nuevos, si solo le das lo mismo una y otra vez acabará por amodorrarse y atrofiarse.

En definitiva, este paso te ayudará a saber qué se está produciendo ahora mismo y además, si eres un poco analítica, enseguida podrás ver cómo se cuentan las historias, qué tipo de estructura siguen, cómo es la narrativa de cada página o incluso qué editoriales tienen más presencia en librerías y bibliotecas y por qué.

Leer es necesario para la vida e imprescindible para crear.

Hacer cómics implica escribir cómics

Oh, sí, fatalidad. Siento dar una noticia tan desagradable, pero para hacer cómics no basta con dibujar como los ángeles. De hecho me aventuro a decir que el dibujo no es la parte más importante de un tebeo, es su historia. Y bueno, a pesar de que me puedan llover críticas por ello lo repito, lo más importante es y será siempre la historia. Venga, que nadie se enfade, esta web es Escribiendo Cómics, ¿qué esperabais que dijese?

Hablando un poco más en serio diré que evidentemente ambas partes, la visual y la narrativa, son igual de importantes en cualquier cómic. Pero al margen de eso hay que tener claro que los cómics se leen y por tanto hay que escribirlos.

Con esto me refiero a que si el dibujo lleva un montón de horas de práctica y perfeccionamiento hasta conseguir un trabajo que nos deje satisfechos, lo mismo debería ocurrir con la escritura.

Ni se puede ni se debe nunca ponerse a crear con un primer esbozo de una idea que no se tiene nada clara. ¿Os imagináis que los tebeos saliesen con los dibujos sin terminar, solo abocetados, con manchas o llenos de errores? Pues con los guiones debe ocurrir lo mismo, Escribir, reescribir y volver a reescribir hasta tener todo bien pulido. No queda otra.

Por otro lado, si tenéis clarísimo que lo vuestro es el dibujo y que no vais a poneros a escribir podéis contactar con un guionista. En nuestro DIRECTORIO tenéis unos cuantos de una calidad estupenda.

¿Cómo es eso de la suerte y el talento?

En mi corta vida como autor de tebeos y como profe, son muchas las veces que me he encontrado con alguien exclamando “qué suerte has tenido al vender ese proyecto” o también “menudo talento tienes, llegarás muy lejos”. Y, a ver, no quiero ponerme especialmente ácido, ni agrio, ni amargo, ni nada, pero es que ¿no estaremos dejando demasiado en manos del azar y de unas supuestas cualidades innatas?

Vayamos por partes.

La suerte es un factor que puede tener que ver con, por ejemplo, encontrar el editor oportuno para un proyecto en el momento idóneo. En ese momento sí que es innegable que puede existir un determinado factor en manos del azar, sin embargo, confiar ciegamente en “tener suerte” no es solo ingenuo, es un poco inconsciente.

Sé que va a sonar a rollo patatero dicho mil veces y mira que lo siento, pero es que si la suerte forma parte de la ecuación, nuestro trabajo es reducir su porcentaje de incidencia en todo el proceso. Cuanto más trabajado esté un proyecto en todas sus fases, menos suerte necesitarás para colocarlo. Así que trabaja la historia, cúrrate la documentación y los personajes y trata de conseguir el mejor acabado posible.

Huye de las prisas, asegúrate de haber revisado todo trescientas veces antes de continuar y verás como la necesidad de suerte va menguando.

En cuanto al talento qué puedo decir.  Es evidente que puede haber cierta predisposición o una serie de habilidades innatas mejores que las de los demás, pero el talento sin trabajo no da ningún resultado.

Así que si alguien alguna vez te dice “tienes mucho talento para escribir” no se te ocurra pensar que ya lo tienes todo hecho. Todo lo contrario. Ese debería ser tu punto de partida para empezar a estudiar, a escribir sin parar y cuando te hayas cansado seguir escribiendo.

Tener talento es algo estupendo, mejorar tu talento con esfuerzo te hará vivir de ello.

Así que si estás empezando creo que lo mejor que puedes hacer es olvidar los conceptos de suerte y talento y sustituirlos por algo mucho más accesible y común a todos los mortales: práctica.

En resumen

¿Quieres empezar a hacer cómics? Genial, bienvenida al fascinante mundo del noveno arte. Dedica un tiempo a conocer el medio leyendo todo lo que puedas. No te cierres, no seas solo lector de manga o lector de súpers, hay mundos maravillosos ahí fuera. Practica la escritura tanto como el dibujo, si solo juntas un puñado de ilustraciones preciosas no tendrás una historia. Y olvida la suerte y el talento, es cierto que en algún momento te pueden venir muy bien, pero de momento piensa solo en practicar y practicar y practicar.

3 consejos para escritores que se dan habitualmente y no me gustan ni un pelo

Haz la prueba, pon en google algo tan sencillo como “consejos para escritores”, los resultados que obtendrás serán millones. ¿Por qué hay tantas webs que se dedican a aconsejar a gente que escribe? Pues no lo sé, imagino que porque desde hace unos años hay mucha más gente que ha decidido ponerse a escribir y, desde la llegada, hace ya una década y pico, de los blogs de recomendaciones, uno de los temas estrella ha sido la escritura en distintas variantes.

Personalmente no tengo nada en contra de las webs que se dedican a a hacer recomendaciones a los demás, ¡qué demonios, esta es una de esas webs!, pero sí que es verdad que hay una serie de consejos específicos para escribir que me sacan de quicio cada vez que los leo.

Creo que se han institucionalizado como una especie de mantras y que hay que repetir en cualquier artículo sobre escritura, en cualquier taller o en cualquier charla o presentación. Y, en fin, no quiero ofender a nadie, pero es que son mentira…

Son patrañas de gente anclada en métodos viejunos, con ganas de asustar a la gente que empieza o ambas cosas a la vez.

Aquí está mi top 3 de consejos que se repiten más que el alioli y que la gente da por válidos:

Escribe sobre lo que sabes

Esta falacia me encanta y me aterra a partes iguales. Me encanta porque bien interpretada no se refiere a que escribas sobre cuánto cuesta la barra del pan en la panadería de tu barrio o sobre cómo te llevas con tu vecina del quinto. No, bien leída se refiere a que te documentes sobre todo lo que vayas a escribir hasta el punto de que parece que sabes de lo que hablas.

El gran problema es que se suele interpretar mal y aconsejar peor. He visto a “profesores” esgrimiendo este consejo como si fuese una antorcha con la que prender fuego a las ideas fantasiosas de sus alumnos, porque “eso no era algo cercano a ellos mismos”. Es absurdo decirle a alguien que escriba solo “sobre las cosas que le rodean porque ahí reside la verdad”.

¿Qué le diría esta gente a Verne, a Wells o a Lovecraft?

En resumen: mi recomendación es sutituir esa premisa absurda y confusa por: Documéntate, haz que parezca que sabes sobre lo que escribes.

Escribe para el lector

Entre los consejos repetidos mil veces el más abstracto de todos y el que me parece que tiene menos validez de todos es ese de que hay que “escribir para los lectores”.

Perdonadme el exabrupto, pero ¿qué coño quiere decir eso exactamente? ¿Quién es “el lector”? ¿Hay alguna especie de mente colmena a la que hay que enfocar nuestras obras? Es totalmente absurdo pretender que se puede escribir pensando en todos los lectores a la vez o siquiera en un grupo reducido de ellos.

La primera vez que trabajé para una editorial me tocó trabajar con una editora que pensaba de esta forma. Había ocasiones en las que discutíamos sobre momentos concretos y en su argumentación incluía afirmaciones del estilo de: “a los lectores es mejor dárselo todo muy mascado, es triste, pero es así” o “¿por qué no pones esto así?, creo que queda mejor para los lectores.”

Ya tenía muchísimas dudas en su momento y tengo más cada día que pasa sobre el utilizar a “los lectores”, así, en general, para crear una especie de tablas sobre lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer al escribir.

Pero eso no es lo peor, sin duda lo más dañino de este consejo es que provoca el peor de los males posibles: olvidarse de la historia.

Pensando en qué personajes gustarán a los lectores, en qué aventuras gustarán a los lectores o en qué giros gustarán a los lectores, estamos desplazando nuestro foco de atención a un elemento externo a la escritura.

Estaremos pensando en vender el producto antes de haberlo escrito, o dicho de una manera más simple: la estaremos cagando por creer que existe una fórmula ideal para llegar a un ente abstracto: los lectores.

Resumiendo: no hagas caso a este consejo, por favor, sería mejor que hicieses caso a algo como: Escribe lo que te dé la gana, si lo haces lo mejor posible llegarán los lectores.

El primer borrador no sirve de nada

Ay… esto es el colmo de la desesperación. ¿Por qué? Porque sigue dando la impresión de que la gente que escribe se encierra en una cueva a emborracharse y aporrear una máquina de escribir hasta que sale de allí con el primer borrador de un guion o una novela.

Ya va siendo hora de ir prendiendo fuego a mitos absurdos y leyendas urbanas sobre la creatividad y la escritura.

En mi caso, cuando llego a un primer borrador, he pasado por cinco o seis versiones de escaleta, me he currado la documentación, he hecho las fichas de personaje y las he retocado, he escrito el argumento aparte y he redactado algo sobre las intenciones de la obra y mis motivaciones para llevarla a cabo. Ese es un trabajo que, por lo general, me ha llevado meses y me sirve para pulir el borrador antes de estar escrito.

Así que ¿cuando llego al borrador es una mierda que no sirve de nada? Pues no, no es una basura inservible, ni tampoco es la versión definitiva, pero de ahí a decir cosas como “el 80 por ciento del borrador no sirve de nada” o “tener un borrador es lo mismo que no tener nada”, en fin… me parece que hay mucha gente que da consejos sin pensar demasiado en lo que dice.

Cualquier trabajo que se haga a la hora de escribir merece la pena.

Calificar el tremendo esfuerzo que supone terminar un borrador como “inservible“, es poco menos que un atentado a la escritura. ¡Claro que sirve! Es más, yo considero el hecho de llegar a un borrador completo un gran logro, una enorme muestra de esfuerzo y dedicación y una victoria.

Después hay que reescribir, de acuerdo y, en función de lo que se haya currado antes, habrá que reescribir más o menos, pero que nadie os engañe, un primer borrador tiene un valor inmenso.

Evitad a todo aquel que mantenga este consejo como una especie de ley de vida.

De hecho evitad a cualquiera que mantenga tres o cuatro frases simplistas como muestra de nada. Y creédme: el primer borrador tiene un valor inmenso y cuanto más hayas trabajado antes, mejor.

Para terminar todo esto solo un consejo más: no sigáis a pies juntillas ningún consejo para escribir que veáis repetido cienes de veces, ni siquiera los de Escribiendo Cómics. Creo que el único consejo cien por cien fiable es el de:

Escribe, escribe y escribe.

Tengo una historia ¿cómo encuentro un dibujante?

Desde que empecé a hacer tebeos siempre he tenido más o menos los mismos problemas.

Primero toca armar la historia, hacerla sólida, convincente, que parezca que puede ser un tebeo de verdad. Después me toca seleccionar una parte de esa historia y darle un buen acabado hasta llegar a tener lo que yo llamo: “las páginas que se pueden enseñar”.

Pongamos que tú ya tienes esas páginas.

Tienes un megaproyecto brutal de cyborgs asesinos que no pueden ser condenados por un tribunal porque no son personas. Tienes muy claros los personajes, los giros de la trama, un final de dejar la boca abierta y todo el conjunto tiene más sex appeal que Hugh Jackman y Michael Fassbender juntos.

Solo tienes un pequeño problema: no sabes dibujar. Y no me refiero a cuando un niño de tres años dice: no sé dibujar.

No, lo tuyo es peor, cuando tratas de dibujar un sol parece un perro y cuando quieres dibujar un perro parece un bosque arbolado.

Tu primera solución podría ser aprender a dibujar, pero… seamos sensatos, para el acabado que tú quieres es posible que tardases quince años yendo a clases y, vaya, no te conozco, pero estoy convencido de que no tienes tanto tiempo.

Asúmelo, es muy posible que seas un guionista. Solo un guionista. No pasa nada, se puede vivir perfectamente con ello. Al principio es duro, pero en cuanto te acostumbras a los macarrones de marca blanca y a las latas baratas de atún todo va como la seda.

¿Ya lo has asumido? ¡Bien! Ahora viene lo verdaderamente difícil: ¡necesitas un dibujante! pero… no tienes ni idea de por dónde empezar a buscar, ¿verdad?

No te preocupes, nos pasa a todos. En Escribiendo Cómics estamos para compartir tus penas y tratar de ayudarte, te recomendamos que sigas los siguientes pasos:

Trabaja bien el proyecto

Esta es la primera de las obviedades de la lista, pero si la comento es porque me he encontrado de todo en esta vida.

Si quieres que alguien dibuje tu historia no vale con tener cuatro notas mal escritas en una servilleta. No. Tiene que ser algo elaborado, que se vea que tiene trabajo detrás y que todo parece bien atado.

Por supuesto tiene que ser algo que pueda sufrir cambios y modificaciones, no estás escribiendo las Tablas de la Ley y, además, estás buscando a alguien que trabaje contigo no a alguien que trabaje para ti.

Imagina que tienes una entrevista de trabajo y cuando tienes delante a la responsable de derechos humanos solo consigues balbucear que eres muy bueno, que tienes unas ideas estupendas y que bailas muy bien cualquier canción de los años cincuenta. Es muy posible que no comprenda nada y te mande a paseo, ¿verdad?

Con esto pasa igual, así que ten esto muy presente: antes de buscar la colaboración de nadie, trabaja. Construye muy bien tu proyecto antes de pasar a la siguiente fase.

Haz un seguimiento por redes

Ya has conseguido armar una buena presentación de tu historia. Perfecto. Sabes que si alguien te pregunta cualquier cosa sobre él tendrás la respuesta precisa y la darás sin balbucear. Genial. Ahora sí que puedes empezar a buscar.

Pero ¿dónde están los dibujantes? ¿pululan por el éter o hay algún sitio en el que puedes buscarlos?

Bien, veamos, hoy en día es muy fácil encontrar dibujantes e ilustradores a través de redes sociales. Creo que las más importantes en este sentido son Facebook, Instagram y Pinterest. Cualquiera de las tres te permitirá ver el trabajo de miles de personas y de comprobar qué estilo tiene cada una.

Tienes un montón de grupos y páginas en los que puedes disfrutar el trabajo de un montón de gente. Como recomendación podéis pasaros por aquí, por aquí o incluso por aquí. También hay algunas comunidades específicas de dibujantes fuera de las redes como Dibujando.net en la que puedes rebuscar entre cienes y cienes de ilustradores.

Además existen en España distintas escuelas profesionales de cómic e ilustración como O Garaxe Hermético en Pontevedra, Escola Joso en Barcelona o ESDIP en Madrid. Muy a menudo hablan de sus alumnos y exalumnos en sus muros y si contactas con ellos con una propuesta seria y bien trabajada es posible que te pongan en contacto con alguno.

Eso sí, por favor, sé discreto. No vayas a lo loco dejando mensajes en el muro de nadie, utiliza un canal privado y procura no lanzar la misma propuesta a 25 personas a la vez, vete uno por uno y espera su respuesta. Y sobre todo, antes de nada sería bueno que te preguntases algunas cosas: ¿estás buscando algún estilo concreto? ¿quieres que tu cómic se parezca visualmente a algo que has visto antes? ¿te vale cualquier cosa con tal de que alguien dibuje tus cosas?

Cuando tengas esas respuestas podrás afinar más tu búsqueda. Ojo, trata de averiguar si los dibujantes a los que estás “investigando” ya están comprometidos con algún proyecto largo. La norma general es que no puedan llevar más de un proyecto al mismo tiempo, así que si ya están preparando algo es complicado que puedan compartir proyecto contigo a corto plazo.

Resumiendo: analiza estilo con respecto a lo que te gustaría que fuese tu proyecto, averigua si están libres y sé discreto.

Preséntate y explica bien qué es exactamente lo que quieres

A continuación llega la segunda gran obviedad de la lista.

Ya has seleccionado un dibujante de entre todos los de la lista. Sabes que estará libre en breve y que muy posiblemente quiera embarcarse en algo nuevo. Bien. Ya casi lo tienes. Es el momento de presentarle tu historia.

Hazlo bien, no cuesta nada ser educado. Da los buenos días y trata de escribir sin faltas de ortografía y con frases sencillas y coherentes. Es muy fácil hacer bien esta parte, no la cagues siendo maleducado o impertinente.

Explica tu historia en pocas líneas y deja muy claro qué es lo que quieres. Con preparar unas pocas páginas para un dossier (entre 4 y 6) tendrás más que suficiente para arrancar.

Adjunta algo más de información sobre el proyecto, pero sin abrumar. No le pases a nadie un archivo de 200 páginas en el que explicas el origen y el árbol familiar de cada personaje. Nadie se va a leer un tochaco y menos si no te conocen de nada.

Resumiendo: aquí te dejo una plantilla con huecos para rellenar:

Buenos días, ________(completar con el nombre del dibujante), me llamo ___________(aquí va tu nombre), soy guionista de cómics y estoy preparando un proyecto. Se trata de una historia de género cyberpunk de cyborgs asesinos que no pueden ser condenados por un tribunal porque no son personas. Llevo un tiempo siguiendo tu trabajo por __________(aquí pones la red o redes sociales) y creo que te podría interesar. Me gustaría poder armar un dossier que poder enseñar a distintas editoriales, entre ellas __________, ____________ o ____________ (rellena con nombres de editoriales en las que crees que encajaría el proyecto) y para ello necesitaríamos entre 4 y 6 páginas. Te adjunto un pequeño documento con algunos datos más sobre la historia por si te apetece echarle un vistazo, espero que te guste. Un saludo.

Pon un anuncio

Bueno, has intentado con tres o cuatro dibujantes y todos están muy ocupados. Vale, no pasa nada, no desesperes. Aún puedes poner un anuncio en alguna red social. Si vas a hacer algo así yo recomiendo que utilices Facebook y que te metas en algún grupo de gente interesada en crear cómics.

Personalmente recomiendo La Cantera (del cómic) ya que se creó con la función específica de poner en contacto a guionistas con dibujantes o con cualquier otro miembro necesario para la creación de tebeos (entintadores, coloristas, rotulistas…).

A veces estos anuncios resultan muy efectivos y otras pasan totalmente desapercibidos. La diferencia está en contar bien el proyecto o contarlo mal.

Si pones: “busco dibujante para una cosa muy guay, mandadme un privado”, es muy fácil que nadie te haga caso.

Cúrratelo un poco, venga, que no cuesta nada hacer las cosas bien.

Pon una pequeña sinopsis del proyecto, cuántas páginas necesitas para armar el dossier, cuál crees que es la duración completa del álbum, en qué fase tienes el proyecto y qué pretendes hacer con el dossier una vez que esté listo.

Resumiendo: no seas cutre, si quieres un buen compañero pon un buen anuncio que no deje lugar a dudas.

¿Pagar o no pagar? esa es la cuestión

Si hay un debate en el que me he visto encerrado una y otra vez es el de si los guionistas debemos pagar a los dibujantes para preparar unas páginas de muestra para las editoriales.

Es un tema espinoso en el que he consumido horas y horas de discusión en persona, a través de las redes y por correo electrónico. Mi conclusión siempre ha sido la misma: no, un guionista no debe pagar a un dibujante por preparar unas páginas de muestra.

Se supone que si el dibujante acepta participar en un proyecto es porque le gusta, porque ve que existen posibilidades reales de conseguir un contrato haciéndolo y porque le motiva lo suficiente como para dedicar muchisimas horas a afrontarlo.

Se trata de un compromiso que se adquiere en equipo. Ambos integrantes (o más si los hubiese) dedican sus esfuerzos y su trabajo con un objetivo común: que alguien pague una cifra razonable por continuar con el trabajo.

Cuando los guionistas presentamos proyectos a dibujantes no estamos haciendo un encargo, buscamos una colaboración, un compañero de aventuras que asuma una parte del curro para encargarnos nosotros del resto. No tiene sentido, al menos para mí, el estar pagándonos entre compañeros.

Acepta las negativas con deportividad y buenas maneras

Tercera obviedad de la lista.

Si alguien te dice que no, no lo insultes ni maldigas a sus seres queridos. Tampoco te pongas como loco a pedir explicaciones. No patalees ni mandes fotos de tus genitales. En serio, acéptalo y sigue buscando, si tienes un proyecto interesante y bien trabajado ya aparecerá un dibujante idóneo para él.

No te tomes estas cosas de modo personal, la gente no te odia si rechaza colaborar contigo, pueden existir muchas razones para no hacerlo y seguro que todas son perfectamente justas.

Así que no te desanimes y continúa. Despídete con buenos modos y desea suerte a los demás.

La paciencia es la madre de la ciencia

Pongamos que ya has encontrado dibujante. ¡Bien! ¡Lo has conseguido! Eso quiere decir que tienes una historia que le parece interesante al menos a alguien más. ¡Estupendo!

El problema es que te empiezas a impacientar.

Enviaste las páginas de guion hace 15 días, las discutisteis, quedaron claras y no has recibido nada. Nada de nada. Compruebas el correo, el messenger, tu buzón, el whatsapp y has ido a correos a preguntar si tienen algo para ti. No hay nada…

Te armas de valor y le preguntas al dibujante: “Hola, ¿cómo va todo?” y te responde cuatro horas más tarde: “todo bien, ¿qué tal tú?”.

Empiezas a hiperventilar, tú tienes claro que tu pregunta encerraba una intención clarísima: no quieres saber cómo se encuentra tu compañero, quieres saber qué demonios ocurre con las páginas porque ya han pasado ¡quince días!

Bien, tienes un problema, uno de los gordos y es muy frecuente.

Estás afectado por la ansiedad del guionista y es grave.

Recuerda el punto anterior: el dibujante es tu compañero, no es tu empleado. Dado que hacer las páginas de un proyecto conjunto no le va a aportar ningún ingreso inmediato, es muy posible que necesite un tiempo antes de ponerse a hacer las muestras.

Y aunque no fuese así: respira, el mundo no gira en torno a tu proyecto y a las ganas que tienes de enseñárselo a todo el mundo. El primer problema del guionista es la ansiedad, el segundo es la ansiedad y el tercero es el ego.

Padecemos de un ansia milenaria, casi legendaria.

Queremos ver las páginas terminadas en un par de días porque ya lo hemos planificado todo, vamos a mostrárselo a los editores y no tendrán más remedios que arrojarnos fardos de billetes al careto.

Espabila. No te alteres. Eso no va a ocurrir así que no te impacientes.

Es mucho más importante tener un buen proyecto que tenerlo rápido.

Si formas un equipo, cuídalo, respeta sus tiempos sean cuales sean y no presiones a nadie. La única presión importante es la de intentar hacer el mejor trabajo posible, todo lo demás solo aporta ruido, mal rollo y desmotivación.

¿Te gusta tu proyecto? Bien, entonces trátalo con mimo y eso incluye tratar bien a todas las partes implicadas. No presiones a nadie, solo obtendrás disgustos.

Escucha, dialoga, debate, mejora, perfecciona

Y llegamos a la última obviedad del día y la que resume un poco toda la búsqueda.

¿Quieres trabajar con alguien, verdad? ¿Estás buscando a alguien que se comprometa a llevar adelante una de tus historias, no? Pues prepara tu mente, tus ojos y tus oídos.

Es muy posible que el dibujante sugiera cambios en tu proyecto. Puede que quiera matizar algún giro, modificar parte de la trama, incluir alguna peripecia diferente o tratar la creación de algún personaje de un modo distinto. ¿Tienes que aceptar todo lo que te pida?

No, por supuesto que no, esto no se trata de una negociación sindical. Tienes que mostrarte dispuesto a escuchar, a dialogar, debatir, mejorar y perfeccionar tu historia de principio a fin. Piénsalo bien: vais a entregar un dossier con vuestros nombres en la portada, así que es importante que ambos estéis contentos al cien por cien.

Así que si lo que buscas es alguien que dibuje exactamente lo que tú quieres, sin aportar nada diferente ni personal y sin poder decir ni mu, es el momento de que valores si lo que buscas es un compañero o lo que en realidad quieres es hacer un encargo.

En ese caso es mucho mejor que prepares tu chequera y pienses en invertir una cantidad de tres o cuatro cifras.

Conclusión

Ahora ya lo sabes, aunque resulte obvio lo más importante antes de buscar un dibujante es tener muy claro lo que estás ofreciendo. Si lo encuentras, cuídalo como se cuida el amor verdadero y es posible que establezcáis una relación larga, duradera y llena de retoños. Combate la ansiedad, medita o sal a correr antes de ponerte pesado con los demás. Y, sobre todo, olvídate de dar órdenes a nadie. Crear universos fantásticos e historias fabulosas no te convierte en jefe de los demás.

10 libros para regalar a guionistas

Nunca dejéis de formaros, en serio, quizá no soy quien, para decirlo, pero nunca dejéis de aprender. Por muy buenos que seáis, por muchos cómics que hayáis publicado y por muchos lectores que tengáis, siempre habrá algo que podrá enriquecer vuestras historias, no dejéis escapar esa oportunidad.

Así que aprovecho que me dan la oportunidad de escribir esto para dirigirme a novios, novias, padres, madres, hermanos, hermanas, hijos, hijas, amigos, etc… de guionistas para decirles que, si no saben qué regalarnos durante estas fiestas (o en cualquier momento del año), aquí tienen una selección de libros que recomiendo.

Ahora bien, no se trata de una selección de “los mejores libros para guionistas”, que va. Se trata sencillamente de aquellas lecturas que de un modo u otro me han ayudado (y todavía me ayudan) con mis guiones y, lo más importante, cómo.

De los superhéroes al manga: el lenguaje en los cómics, de Nicolás Cortes, Pepe Gálvez, Antoni Guiral y Ana María Meca.

No tiene una editorial en concreto, es un recopilatorio de un curso que se llevó a cabo en 2006 en la Universidad de Barcelona.

Cuando uno quiere ser guionista hay dos cosas básicas para poder comenzar: leer y escribir, no importa el qué, leer y escribir.

Ahora bien, a partir de aquí no está de más conocer el lenguaje y las formas de lo que estamos escribiendo o, lo mejor de todo, sus posibilidades. Estos cuatro autores a través de este libro llevan a cabo un análisis de diversos componentes que harán las delicias de más uno porque descubriréis que, en multitud de ocasiones, detrás de cada viñeta, de cada personaje y detrás de cada formato se esconde un porqué.

libros para regalar

La novela gráfica, de Santiago García y editado por Astiberri.

Si te quedaste con ganas de más después de leer el libro anterior te recomiendo encarecidamente este, sobre todo si quieres saber más del género, conocer a los grandes autores y, bajo el análisis de Santiago García, descubrir las características que los hicieron, y los hacen, únicos.

Cuando escribimos, cuando creamos algo, normalmente nos encontramos ante un mundo nuevo, ante nuevas posibilidades, ante nuevos retos y, en ocasiones, nos hallamos perdidos.

A través de esta lectura descubrí cómo se manifestaron en diversos cómics las intenciones de los más grandes autores del noveno arte, y no sólo eso, sino cómo, a nivel personal te puedes identificar con algunas de las etapas creativas por las que pasaron.

No sólo encontrarás que es un libro fascinante, sino que abrirás los ojos a lo que significa el concepto de novela gráfica, el entramado editorial y creativo que hay detrás y ver cómo piensan las personas que invierten en nuestro trabajo. No sólo somos unos tipos sentados delante de un ordenador volcando imágenes, sino que pertenecemos a un sector con una historia, unos objetivos y un mercado, no lo olvidéis.

libros para regalar

Word for Pictures, de Brian Michael Bendis, editado por Watson-Guptill.

No es un secreto que adoro a Brian Michael Bendis, pero independientemente del gusto por sus cómics os recomiendo muy mucho esta guía que publicó hace tres años y que os aseguro que me sirvió de mucho. Lo que más me gusta de este libro es su flexibilidad hacia todo: personajes, dibujantes, etc.

Nos enseña que los guionistas no debemos ser cerrados, que trabajamos en equipo, que somos un equipo y que podemos adaptarnos para conseguir contar una historia genial sin encerrarnos en arquetipos o egos desmesurados. Lo mejor es que cuenta con testimonios y consejos de grandes como Cebulski y con un capítulo dedicado a centrarte en tus ingresos y gastos y tener cuidado en cómo gestionas los derechos de autor. Recomendadísimo.

Alan Moore`s writing for comics, de Alan Moore y editado por Avatar Press.

Al contrario de lo que me sucede con Bendis, no soy un gran seguidor de Alan Moore, por motivos que ni vienen a cuento. Lo que sí viene a cuento es el hecho de que, pese a ello, he aprendido cosa mala de sus consejos y en este pequeño librito los vais a encontrar a pares. Lo bueno que tiene es que para ser Moore es una lectura bastante amena.

Ahora bien, yendo a lo que nos interesa, su análisis de la estructura narrativa y los “secretos” de la misma es brutal. Además, por si fuera poco, nos enseña a desarrollar un plot como dios manda.

Sólo tengo el volumen 1 pero para mí ha sido más que suficiente y me ha ayudado tanto en aspectos de desarrollo de la historia y los personajes como a la hora de desarrollar un plot lo bastante potente, no sólo de cara a mostrarlo a editores, sino también de cara a ser una buena guía para nosotros a la hora de desenvolvernos dentro de lo que puede llegar a ser un caos de ideas o un torbellino creativo.

El guión de cómic”, de Gerardo Vilches, que cuenta con la colaboración de Andreu Martín, Enrique Sánchez Abulí, Antonio Altarriba, Juan Días Canales, Santiago García y David Muñoz.

Pese a que es relativamente nuevo, de 2016, me lo he leído ya como tres veces y lo que me ha aportado es, sobre todo, seguridad personal a la hora de cómo llevo a cabo mi trabajo como guionista.

Vilches entrevista a seis de los grandes guionistas de cómic de nuestro país sobre su forma de trabajar, de relacionarse con los dibujantes y su contacto con los lectores y editores.

Al final, cuando lo has terminado, te das cuenta que aunque lo hagan de manera diferente, todos están hablando de lo mismo.

En muchas ocasiones pueden ser aspectos simples en los que no caemos pero sobre los que reincidimos día sí y día también cuando desarrollamos un guion y que aportan mucho al contenido de la historia y a nuestra propia relación con la misma como creadores.

Es una lectura fascinante que recomiendo sobre manera porque cada una de las entrevistas es en sí misma un manual sobre el trabajo duro, la constancia y un conjunto de técnicas de escritura que sin saberlo utilizamos a menudo.

libros para regalar

Mientras escribo, de Stephen King, editado por Plaza y Janés.

No todos nuestros recursos tienen que venir del cómic propiamente dicho, si pensáis esto os adelanto desde ya que estáis muy equivocados, y es lo que aprendí leyendo este libro.

Intentando documentarme sobre cómo escribir un libro, que no un guion, me dejé caer en los brazos de King y os aseguro que fue una experiencia muy reveladora.

Pese a que la narrativa y la técnica son totalmente diferentes sí que es cierto que este libro es el coach que necesitáis para daros ánimos, energía y una patada en el culo para tirar adelante y escribir, escribir, y escribir.

King nos desvela sus “secretos”: su rutina, sus momentos bajos, sus momentos álgidos y cómo lo gestiona todo. Algo muy personal que puede que no os sirva, pero vosotros sabéis que cuando reís mientras escribís un guion es bueno porque el lector acabará riendo, de la misma manera que se entristecerá si vuestras lágrimas caen sobre las teclas.

Pues la huella que deja el autor en este libro os va a envolver cosa mala y no vais a querer otra cosa que sentaros delante del ordenador a teclear hasta que os sangren los dedos.

Entender el cómic, arte invisible, de Scott McCloud y editado por Ediciones B.

Cuidado con este libro, es muy bueno, demasiado bueno y puede que os explote la cabeza. Es de esas lecturas donde la cantidad de herramientas que McCloud os sirve en bandeja es exagerada y hay que saber hacer un buen uso de las mismas.

Es de las recomendaciones más fuertes que os podría hacer, pero a la vez os diría que anduvierais con cuidado y entendierais a la perfección de qué está hablando antes de utilizar dicho recurso en vuestros escritos.

Si hubiera un grado de cómic en este país, sin duda alguna este sería uno de los manuales estrella del mismo. ¿De qué me ha servido a mí? De algo muy feo y que me echan bastante en cara: de lo que puede llegar a hacer un dibujante. Las posibilidades narrativas en un tebeo pueden llegar tan lejos como la pretensión de sus creadores y este manual nos enseña que todo es posible, sí, pero siempre y cuando tenga una razón de ser. No hay que utilizar herramientas porque sí y porque “quedan bien”, tienen que tener un propósito dentro de nuestra historia.

The writer’s journey. Mythic structure for writers, de Christopher Vogler.

Me lo recomendaron en su día e hice algo muy feo, no hacer caso. Así que me lo regalaron y entonces me obligué a leerlo, por favor, no seáis tan cafres y esperéis tanto.

Vogler nos enseña en ese libro muchas cosas, pero lo que más se me gravó fue quiénes son nuestros enemigos y nuestros aliados a la hora de escribir y que, además, no sólo tenemos que escribir, escribir y escribir, sino también reescribir, reescribir y reescribir tantas veces como haga falta. Que es un ejercicio difícil pero necesario, además de diario. No debemos contentarnos con un primer esbozo o un quinto, sino que debemos continuar hasta que lleguemos a ese punto en el que veamos que no hay huecos, nada chirría y nos parece algo redondo, porque los primeros que debemos estar contentos con nuestro escrito somos nosotros.

Con los guiones sucede lo mismo.

Will Eisner Shop Talk, de Will Eisner con Neal Adams, C.C. Beck, Milton Caniff. Jack Davis, Lou Fine, Gil Kane, Jack Kirby, Joe Kubert, Haervey Kurtzman, Phil Seuling y Joe simon.

Que no os dé miedo ni os eche para atrás este libro, de verdad de la buena. Te pueden gustar más o menos estos autores o puedes o no haber leído su trabajo, pero lo que sí está claro es que es un documento imprescindible sobre la creación.

No hablan sólo sobre las plumillas que utilizaban a la hora de dibujar, sino también sobre aquellos aspectos que consideran más o importantes o no de una historia, o sobre cómo tuvieron que trabajar duro para llegar donde llegaron.

Creo que este libro lo que os va a aportar es perspectiva, nunca debéis perder de vista dónde estáis y en qué momento. El guionista se sitúa en una época que puede que sea o no la suya, en un país conocido o desconocido, en un momento histórico a nivel mundial o a nivel personal, es por ello que jamás olvidéis quienes sois, qué hacéis y donde tenéis los pies.

Cómics, manual de instrucciones, de Roberto Bergado, Pepe Gálvez, Antoni Guiral y Jesús Redondo.

Es mi última adquisición y me lo he leído sólo una vez pero tiene tantas anotaciones y tantos post-its que si se lo dejo a alguien no sabrá por dónde cogerlo.

Intentar resumir en qué os puede ayudar este libro es algo realmente difícil ya que, tal y como indica su nombre, es un manual de instrucciones sobre cómo se crea un cómic, desde que aparece en nuestra mente una idea hasta que el lector lo lee, y más.

Eso quiere decir que no sólo os va a ayudar a que veáis como trabajan normalmente los guionistas sino que además nos enseña cosas tan interesantes como aquellos aspectos en los que se fija un editor o cómo presentar un book, a quién, dónde y cómo. O incluso, a autoeditarnos, que dicho sea de paso, no está nada mal la idea y cómo la presentan.

libros para regalar

Para acabar dos recomendaciones más, pero estas van a ser generales, ya que existen multitud de libros al respecto y creo que cualquiera os iría bien:

Primero, os aconsejaría que intentaseis aprender a dibujar.

No es broma, quiero que lo hagáis, si queréis ser guionistas me gustaría que lo intentaseis al menos. Buscad algún que otro manual, los de Norma están de lujo, por ejemplo.

De esa manera a muchos se nos quitaría la tontería y antes de pedir algo a un dibujante nos lo pensaríamos dos veces o, como mínimo, aprenderíamos que hay cosas que en una viñeta son imposibles de lograr y que cada acción tiene su tiempo y lugar.

Que las posibilidades que nos ofrecen los cómics son infinitas, pero que hay que dibujarlas y hacerlo de la mejor manera posible. Así de paso también aprenderíamos composición, narrativa y demás aspectos necesarios para poder contar según qué historias.

Segundo, los libros con ejemplos de guiones están muy bien, pero estarían mejor si tuvierais esos comics, como mínimo, a mano. Por ejemplo, en su día me hice con el Scriptbook de Powers, de Bendis y Oeming.

Está genial porque ves cómo el guionista desarrolla su trabajo y sus elaborados diálogos a lo largo de 22 páginas, pero más genial está cuando tienes el libro en una mano y el tebeo en otra y ves cómo se traduce eso en papel. Por ejemplo, el Panel One está lleno de ejemplos de Rucka, Busiek y Gaiman entre otros, pero en mi opinión, si no contáis con el cómic creo que poco os va a servir. Con eso me refiero a que el guion tiene un propósito, está bien verlos pero si no veis el resultado final poco podemos hacer.

Esto es de momento lo que os puedo recomendar porque es lo que más me ha ayudado a mí, seguro que otros autores os recomendaran otras lecturas igual o más interesantes y llenas de consejos y herramientas.

Estaré atento a ellos, puesto que no pienso dejar de aprender. Ahora, por ejemplo, me moriría por un libro sobre cómo escribir guiones escrito por Zidrou.