5 consejos MÁS para vender tu cómic

¿Somos más pesados que la digestión de sesenta botes de garbanzos? Lo somos. ¿Y con qué exactamente somos tan pesados? te preguntarás, oh, tú, querida lectora. Pues con lo de siempre, con la estupenda manía que tenemos de tratar de arrojar algo de luz sobre los secretos más oscuros de este maravilloso mundo nuestro de la viñeta, el bocadillo, la tinta y los colorinchis.

Hoy, una vez más y porque nunca hay suficientes artículos sobre lo mismo: consejos para que puedas vender tu cómic. ¿Por qué? Pues porque el gran Sergi Jiménez, alma fundadora del blog se nos ha hecho youtuber y acaba de lanzar un estupendo vídeo sobre ello. Además, ya hemos hecho varios posts sobre ello antes, como este de David Rubín y nunca está de más seguir insistiendo en el tema.

1.- No enseñes trabajo a medio hacer

Esto parece demasiado obvio como para tener que advertir sobre ello. ¿Te imaginas una pizzería en la que te vendiesen una margarita a medio hacer? Piénsalo un segundo por absurdo que te parezca, el pizzero se te acerca y te dice “bueno, sí, está sin acabar, pero es que no tuve tiempo de terminarla en condiciones, con un poco más de tiempo hubiese quedado mejor”. ¿Qué harías? ¿Le insultarías a la cara o le insultarías en un comentario sobre su local en Google?

Pues por extraño, surrealista y demencial que te parezca el ejemplo, en el mundo del cómic ocurre muchísimas veces algo parecido: gente que enseña páginas de muestra y las acompaña de: “bueno, están sin terminar, la verdad es que las hice muy rápido, con un poco más de tiempo hubiesen quedado mejor”.

Solo de pensarlo mi pequeña úlcera de estómago crece hasta parecer un agujero de gusano por el que entra Jupiter sin forzar.

Alma de cántaro, por favor, en nombre de Jack Kirby, si acudes a una editorial sin que nadie te haya pedido que lo hagas y lo que necesitas es que la editora confíe en ti y en tu trabajo, no tiene el más mínimo sentido que le expliques que “si hubieses trabajado más, todo sería mejor”, porque la pregunta simple que se hará enseguida es “¿y por qué coño no lo has hecho?”

Así que por el amor de Moore, ¡no lo hagas!

2.- No hagas mejor las pinups que las páginas

Este es un clásico entre los clásicos. Sobre todo en los primeros proyectos. Fichas de personaje y portadas que son la puta rehostia en verso. Concepts perfectos, dinámicos, llenos de colorido y que parecen que van a salir del papel y van a volar o golpear orcos con gracilidad.

Pero espera… ¿qué tiene eso de malo? Nada. Nada de nada en realidad. O sí, depende de si las páginas de muestra tienen el mismo nivel o no.

Me explico: lo principal a la hora de vender un cómic es el acabado final de las páginas. Tienen que ser acordes con estilo, con tono, con calidad y sobre todo, narrar bien la historia que se pretende contar.

De poco sirve que seas capaz de hacer unas ilustraciones espectaculares y llenas de vitalidad si luego tus páginas tienen una narrativa que es un desastre y que dificulta la lectura o sus acabados son muy mejorables.

El error típico es perder gran cantidad de tiempo haciendo diseños molones cuando en realidad esa parte del dossier es más opcional o secundaria que la materia prima fundamental que te garantizará la venta: las páginas.

¿Entonces hago o no hago fichas de personaje y una súper portada? Hazlas, sí, no están de más, pero asegúrate de que no son lo mejor de tu dossier o alguien podría pensar algo muy común: es una buena ilustradora, pero lo del cómic lo lleva regular.

3.- Si quieres que te paguen 200 euros por página, debe parecer un tebeo de 200 euros por página

Otro error de los más habituales y muy conectado con los dos puntos anteriores, es preparar unas páginas de muestra “provisionales” pero pretender conseguir un súper contrato. Hay gente que te dice: “ya haré las páginas buenas cuando me paguen por hacerlas”.

Puedo llegar a comprender esa lógica, pero me parece un poco perversa, ya que si enseñas páginas que parecen de 20 euros pretendiendo cobrar 200 con base en la promesa de que tienes calidad suficiente como para ofrecer una calidad muy superior, es fácil que quien esté del otro lado te ofrezca 20 y te diga que vuelvas cuando de verdad le muestres esa calidad.

A pesar de que todo esto parezca un poco lioso, se resume de una forma muy simplona y efectiva: da siempre el máximo de calidad que puedas en tu trabajo. Da igual si haces un fanzine, un tebeo para una administración o te han ofrecido 20, 200 o 2000 dólares por viñeta, si das siempre el máximo te obligarás a ti mismo a esforzarte y eso te ayudará a crecer. Y cuando crezcas estarás más cerca de que te ofrezcan contratos mejores.

4.- Negocios son negocios

¿Por qué incluimos la gente de EC frases que parecen sacadas de pelis de mafiosos como consejo? Pues… no sé, pero enseguida entenderéis por donde van los tiros…

El mundillo del cómic en España es pequeño, muy pequeño y eso tiene sus cosas malas, pero también un montón de cosas buenas como, por ejemplo, que tarde o temprano conocerás a todo el mundo o al menos te sonarán muchísimos nombres.

Esto hace que la información circule muy rápido y en todas direcciones. Las autoras hablan con las editoras, con los libreros, con las distribuidoras, con más editores, con más autores y además de todo eso están las redes sociales que funcionan como una corrala cualquiera.

Así que, por el mismísimo Frank Miller, intenta aplicar la máxima de “nada personal, solo negocios”. No busques enemigos, fantasmas o satanases varios y ante todo: acostúmbrate a negociar. Si una editorial te dice “me interesa tu proyecto, estas son nuestras condiciones y este es el borrador del contrato” es porque, ¡ojo, sorpresa! les interesa tu proyecto.

¿Eso quiere decir que todo lo que ponga en ese contrato está escrito en piedra como en las tablas de Moisés? Pues no, o al menos no debería, porque seguro que se pueden llegar a retocar determinados puntos donde todo el mundo se quede tremendamente contento y sonriente. Y, claro, autoras sonrientes equivalen a tebeos sonrientes con los que hacer mayor negocio.

¿Y sabéis qué no sirve de nada? Insultar y vilipendiar en público a alguien porque no te gustan sus condiciones (a no ser que sean ilegales, entonces insulta, insulta sin reparos y si puedes denuncia). ¿Por qué? Pues porque como digo un poco más arriba: esto es una corrala y en las corralas funcionan muy bien y muy rápido las etiquetas: este editor es un villano, aquella autora es muy polémica, aquel librero es un aprovechado y así hasta el infinito. Al igual que en las corralas, se pretenden convertir rencillas personales en etiquetas profesionales y eso además de innecesario es un pelín ridículo.

Negocios son negocios, sin más ni menos.

5.- Si no sabes cómo funciona el mercado, entérate antes de mover nada

Para evitar meter la pata hasta el fondo con cualquiera de los otros puntos, hay algo que has de tener claro y sobre lo que deberías informarte en primer lugar antes de lanzarte a mover tu dossier como una loca: ¿sabes cómo funciona el mercado?

¿Sabes qué son los royalties? ¿Sabes qué son los adelantos editoriales? ¿Sabes cuándo te pagarían ese adelanto? ¿Sabes qué son las liquidaciones? ¿Sabes cuál es el contenido mínimo obligatorio que debe figurar en cualquier contrato de edición? ¿Sabes qué es una cesión de derechos y cuantos años se puede extender? ¿Sabes si una vez que vayas a cobrar tienes que emitir una factura? ¿Sabes en qué editorial podría encajar tu proyecto de novela gráfica de un abuelete entrañable que recuerda su pasado como torturador en las SS? ¿Y tu proyecto sobre el nuevo héroe urbano que ha llegado para patear traseros de maleantes? ¿Sabes dónde y cómo presentar tu proyecto?

Pues todo eso es información hiper valiosa a la hora de vender tu cómic. Tampoco es plan de que te conviertas en la wikipedia del mundillo, pero sí que es muy importante que empieces a familiarizarte con todo ello. La información, en el campo que sea, es poder.

En resumen, hazlo lo mejor que puedas siempre, preocúpate más de las páginas que de los fuegos artificiales y si vas a lanzarte a una piscina llena de pirañas, trata de averiguar primero algunas nociones básicas de supervivencia.

5 consejos poco habituales para guionistas

Si en el artículo anterior nos dedicamos a hablar sobre el tiempo, sobre cómo organizarse bien como principal manera de gestión y sobre el agujero negro interdimensional que ha decidido abducir a buena parte de los editores, hoy toca hablar de algo bien diferente.

Cada vez que veo un post de esos de “5 consejos útiles para escritores” o “10 consejos que harán que escribas una obra maestra” me doy cuenta de que son siempre los mismo consejos: lee mucho, escribe todos los días, trabaja las estructuras, sé ordenado, acuéstate pronto, no mezcles tipos de bebidas alcohólicas cuando salgas…

Parece que el mundo de aconsejar a escritores nuevos y veteranos ha tocado techo, ya se han dado todos los consejos que se podían dar y lo que nos toca es asistir a remakes recauchutados de lo mismo una y otra vez.

Pero no, creo que hay algunos consejos que no se suelen colar en las listas y que a mí personalmente me han ayudado mucho en mi periplo de guionista. Quizás no sean los más ortodoxos y, evidentemente, no sustituyen a los clásicos “escribe, escribe, escribe” o “para escribir hay que leer” porque son insustituibles, pero tienen su gracia y pueden ser muy útiles.

Venga, al turrón.

Haz ejercicio

¿Esto era una lista de consejos para escribir o para perder grasa? Para escribir, para escribir, pero eso no quita que cuanto menos en forma estés más te cueste realizar cualquier tipo de tarea que suponga un coste energético. ¿Y sabes qué actividad supone un gran desgaste? Toda la actividad cerebral y, dentro de esta, escribir guiones para tebeos.

Salir a correr, ir al gimnasio, hacer pesas, bailar, hacer striptease con una barra, follar como conejos, nadar, saltar a la comba, hacer twerking en el metro, echar unas canastas, jugar al pádel… Da igual, escoge la actividad que más te guste y suda la camiseta.

En mi caso, con 36 años recién cumplidos y 1’62 de estatura pesaba 82 kilos y eso hacía que todo me costase un mundo. Cualquier actividad me suponía un esfuerzo titánico, desde salir del coche a subir unas escaleras o echar una pachanguita con los colegas. Con 37 peso 62, me quité una cuarta parte de mi peso, mejoró mi salud y también mejoró hasta multiplicarse mi producción. Habrá quien diga que no tiene nada que ver, que simplemente ahora tengo más ideas y tengo más suerte porque vendo más proyectos, pero yo tengo muy claro que todo tiene relación, ponerme sanote me ha ayudado a ser mejor guionista.

Medita

Leyendo el ensayo de David Lynch “Atrapa el pez dorado” descubrí que una parte de su proceso incorporaba la meditación trascendental como método para vaciar la mente y así llegar a un espacio profundo en el que capturar las mejores ideas.

Yo no diría que he conseguido tanto, pero sí que es cierto que al practicar la meditación de manera habitual he conseguido mantenerme en un estado mental más equilibrado y eso es beneficioso para la escritura.

Míralo de otro modo. ¿Te apetece escribir mientras atraviesas períodos de estrés o de ansiedad? ¿Crees que es bueno para la historia ponerse con ella mientras estás dándole vueltas a todos los problemas que tienes con tu familia o en tu trabajo? Pues no, no lo es, tan es así, que conozco a varios guionistas que han tenido que abandonar temporalmente la profesión por ser incapaces de seguir escribiendo con la cabeza llena de problemas.

La meditación te ayuda a obtener perspectiva y, sobre todo, a calmar los impulsos y alejar pensamientos negativos. No es necesario que te conviertas en una suerte de gurú tibetano ni nada de eso. Para empezar basta con sentarse en una posición cómoda, cerrar los ojos y tratar de ir abandonando todos los pensamientos que te lleguen. Eso sirve para arrancar y, si le vas pillando el gusto, ya te puedes meter con mantras, musiquillas y toda esa parafernalia. Lo importante es que durante un par de minutos al día trates de relajarte y olvidarte de todo.

Juega al rol

Además de ser un entretenimiento maravilloso, los juegos de rol te pueden ayudar a crear personajes, a generar situaciones de conflicto a trabajar los cliffhangers y a desarrollar tramas y subtramas que se entrecrucen en tus historias.

Y es que el rol te obliga a meterte dentro de un personaje e interpretarlo en todo tipo de situaciones ¿acaso existe una manera mejor de saber lo que siente un personaje que meterse en su piel?

Por eso mi recomendación es que juntes a una buena pandilla y elijáis un juego que os resulte atractivo. Tienes todas las temáticas que quieras a tu alcance. No solo tendrás largas jornadas de desconexión y diversión garantizadas, además aprenderás a asumir un papel determinado y harás lo que todo buen personaje debe hacer en algún momento: tomar decisiones.

Si no puedes juntar a amigos suficientes como para montar una partida, también puedes escoger alguno de los cientos de RPG’S que hay para consolas y ordenador. Elige uno que tenga mundo abierto, cuanto más abierto mejor y acostúmbrate a decidir y a ver como eso va generando una cadena causa-efecto.

Duerme la siesta

Este es otro consejo que parte de un David, pero en este caso no es Lynch, es David Mamet el brillante guionista y dramaturgo. Su recomendación es muy sencilla: duerme un rato después de comer y si tienes algo que no eres capaz de resolver referente a la escritura anótalo antes de acostarte.

De ese modo harás que tu subconsciente se ponga en marcha para tratar de resolver el problema mientras duermes un ratito. Esto no garantiza que al despertarte el problema se haya esfumado o que hayas encontrado la solución perfecta (aunque a veces ocurre), pero sí que al menos habrás conseguido una distensión que te proporcionará un nuevo punto de vista.

La siesta no es solo un consejo de Mamet, también es una recomendación habitual de gente como Greg Pak, Neil Gaiman o Linda Seger, así que si no me haces caso a mí, házselo a ellos que saben algo de eso de escribir. Eso sí, tampoco se trata de echarse siestas de dos horas que te arruinen la tarde, procura no tumbarte más de media hora.

Aprende algo que no esté relacionado con lo que escribes

Como ya sabes, una parte fundamental del trabajo de todo buen guionista es la documentación. Nos sumergimos en un tema hasta que lo dominamos y nos convertimos en pequeños expertos antes de lanzarnos a escribir idioteces sin sentido.

Pues bien, he descubierto que una manera maravillosa de mejorar nuestra fase de documentación y mantener nuestra creatividad despierta, es seguir formándonos en todo momento. Estimular nuestra curiosidad con todo tipo de temas y contenidos.

Por mi parte sigo canales en YouTube sobre conceptos matemáticos, sobre filosofía, sobre música, sobre estudio de las religiones, sobre ciencias ocultas y sobre misterio. Eso no implica que esté escribiendo sobre ello, pero hace que cada poco tiempo piense: “eh, estaría muy bien escribir un guion sobre esto“. La formación es una fuente inagotable de inspiración, cuanto más aprendas más querrás aprender y eso te ayudará a estar despierto y activo en la creación.

Bola extra: mantente lejos de las polémicas del mundillo

Hace un año mantuve una discusión bastante acalorada con un compañero por redes sociales. No era la primera vez que discutía con él, de hecho, cada vez que surgía algún tema polémico, acabábamos enzarzados durante días en una rueda de réplicas y contraréplicas infinita.

Esto me quitó muchas horas de trabajo, muchas horas de formación, muchas horas de documentación y alguna hora de sueño. La mejor decisión que pude tomar al respecto es eliminar a ese compañero de mis redes y alejarme de temas polémicos, sobre todo cuando está claro que un debate se va a alargar.

Desde que lo hice he ganado tiempo y, sobre todo, he ganado equilibrio mental, algo que como ya comentaba más arriba, es fundamental para todo esto.

Por eso, de vez en cuando, abandono unos días las redes para desintoxicarme y para evitar la tentación de lanzar posts incendiarios al ver lo que se comenta en determinados ámbitos de la profesión.

Resumiendo

Cuídate, cuídate mucho en cuerpo y alma, descansa, juega, experimenta cosas nuevas, nunca dejes de aprender y mantente alejado del ruido que pueda intoxicar tu cabeza y tu trabajo. Y, por supuesto: escribe, escribe y escribe, eso no lo olvides nunca.

Tiempo para escribir, escribir para ganar tiempo

Bueno, pues los amigos de Escribiendo Cómics ya nos hemos mudado a un apartamento más chiquitito, un blog simple, sin dominio propio, pero con las mismas intenciones de siempre. En este primer post de la nueva etapa voy a abordar un tema complejo y que levanta innumerables dolores de cabeza a todos los que escribimos: el tiempo.

No quiero engañaros, nunca quiero, de verdad, puede que con lo del síndrome del impostor sí… o no, yo qué sé… era el chiste fácil… Manejar el tiempo a la hora de escribir es algo muy complicado de conseguir porque esa gestión nunca viene sola, está acompañada de pequeños factores que además son muy variables en función de cada persona.

Aun así voy a tratar de comentar algunas cosillas que me parecen fundamentales para tratar de aprovechar el tiempo de modo que no nos volvamos locos y lleguemos a todos los objetivos que nos propongamos (si es que nos ponemos objetivos, claro).

Venga, vamos allá que no tenemos todo el día.

¿Qué pasa con el tiempo de los guionistas?

Señor Llor, señor Llor, ¿cuándo se puede considerar que empieza el proyecto? –dice Manolito levantando mucho la mano.

A ver, Manolito, baja la mano que no estamos en el cole. En mi caso existen dos maneras de arrancar un proyecto: la primera es la más “bonita” y la más “llena de magia”. Sucede cuando estás dando un paseo, comiéndote una hamburguesa vegana hecha con frijoles, viendo una peli horrible de Nolan o bailando reggaetón como un loco en un chiringuito de la Costa del Sol. Sin saber cómo, te llega una idea y te dices: “coño, qué ideón para una historia”. Esto es lo que algunos llaman inspiración y, bueno, digamos que yo no soy muy amigo de este concepto y, sobre todo, soy un enemigo declarado de dejarlo todo en sus manos.

La segunda manera es menos espectacular de cara a la galería y le quita un punto de misticismo. Se trata de sentarse a currar. Ponerse delante de una libreta e ir anotando ideas hasta llegar a ese: “coño, que ideón para una historia”. Es cierto que muchas veces este método te pone en disposición de que aparezca por ahí la inspiración y te mejore lo que estabas haciendo, pero no ha venido sola, la estás forzando a aparecer.

La gran diferencia entre un método y el otro es el tiempo. En el primero no estás destinando ni un solo minuto a elaborar una idea, sino que surge en el medio de otra actividad (o inactividad) y por tanto no habría que poner en marcha todavía el cronómetro de guionista. En el segundo, sin embargo, sí que hay un tiempo específico destinado a elaborar la idea o al menos el punto de partida, nos hemos puesto a eso concretamente y puede que nos levantemos de la sesión habiendo parido una idea buenísima o que la abandonemos con un folio lleno de frases inconexas e ideas terribles, pero en cualquier caso ya habremos invertido minutos u horas que nadie nos va a devolver.

Así que, al menos en la mayoría de las ocasiones, mi tiempo para escribir arranca en sesiones dedicadas a la búsqueda de ideas. ¿Cuántas empleo, cuánto duran, cuántas necesito antes de dar por terminada esta fase? Pues depende, depende y… depende. Hay veces que una sola sesión es suficiente, hay veces que empleo tres o cuatro y hay veces que al llegar a la quinta me doy cuenta de que estoy haciendo el canelo y dando vueltas a algo que no va a ningún sitio. Así que aquí arrancan los problemas para contabilizar el tiempo invertido en un proyecto: partimos de una inconcreción.

Y esto me lleva al punto más complicado de todo el post, tratar de responder más allá de un “depende” a la famosa pregunta que te puede hacer un editor: ¿cuándo tendrías el guion?

Las fases, divide y vencerás

Hace cosa de dos años, cuando me preguntaban la tan famosa: ¿para cuándo tendrás el guion terminado? siempre respondía más o menos igual: entre cuatro y seis meses. Actualmente respondo: pronto, creo que estará pronto. ¿Por qué? Pues porque por mucho que este sea un post sobre gestionar el tiempo y aprender a calcular cuánto tardan tus procesos de trabajo, hay una máxima estupenda para todo esto: no te pilles los dedos con algo que no depende de ti al cien por cien.

Espera, espera, espera, espera, ¿cómo que no depende solo de ti? No, Manolito, cálmate, tiene una explicación: llegado un punto del proyecto no escribo si no tengo un contrato firmado para hacerlo y el tiempo que puede tardar un editor en enviarte el contrato de un proyecto aprobado puede oscilar entre unas horas y 150 años. Así que si el editor tarda un mes, yo puedo entregar el guion en 5 o 6, pero si tarda tres pues tardo entre 10 y 12.

Independientemente de que los editores vivan en una burbuja en la que el tiempo se amplía, se contrae y hace cosas maravillosas, mis tiempos de trabajo suelen ser:

Para montar proyecto: quince días

Dos semanitas y un poco más para el texto que incluye un dossier de venta, es decir: pitch, argumento completo, primeras páginas de guion, fichas de personaje y biografía actualizada. Esta parte del proceso es fundamental y, aunque parezca que se resuelve pronto incluye un texto dos textos que son los archienemigos declarados de cualquier guionista: el pitch y el argumento. No hay nada más tedioso de escribir que estos dos, porque se trata de algo que generalmente se nos da fatal a la gente de verbo fácil: sintetizar.

Otras cuatro semanas hasta llegar a una versión definitiva de escaleta, dando por hecho que el primer borrador será una chufa, que habrá que dejarlo reposar al menos unos días y que con cada versión nueva, llegará su respectiva fase de descanso. La escaleta para mí es tan fundamental que es posible que se pueda alargar esta fase hasta las seis semanas y, normalmente voy compaginando este proceso con el de documentación y se cerrarán al mismo tiempo.

Tres meses para convertir la escaleta en guion literario. Esto cuando se trata de un álbum de entre 48 y 64 páginas. Si va a ser una obra más extensa es muy posible que todo el tema se alargue. Si se trata de algo cercano a las 100 páginas suelo simultanearlo con otro proyecto para no acabar totalmente absorbido puedo llegar fácilmente al medio año para terminarlo.

Para el guion técnico, que solo escribo si me lo pide el dibujante, no empleo un tiempo extra muy elevado, ya que por norma, suelo hacerlo justo después de acabar cada escena en el guion literario y esto no alarga demasiado el proceso, apenas un par de semanas en el global.

O sea, que si sumamos todo, y siempre y cuando no haya problemas inesperados por el medio, mi proceso puede alargarse hasta los seis meses o un poco más. Esos inconvenientes pueden venir de retrasos con el pago, de parones provocados por algún cambio en el calendario editorial, porque me pongo enfermo, porque tengo alguna avería en mi equipo o quién sabe…

Por eso insisto en que lo mejor que puedes hacer siempre que te pregunten cuándo tendrás el guion es responder: “pronto, creo que estará pronto”.

¿Hay que escribir pensando en los lectores?

Me siento, enciendo el ordenador, abro el open office (me gustan las licencias abiertas y me cae mal la gente que piratea software para escribir cuando escribir es su profesión) y empiezo a sembrar planteamientos para nuevos proyectos.

Me sale lo que acostumbra a salir: aventuras, algún thriller, algo un poco más juvenil, algo más intimista, una cosilla histórica a la que poder sacar un buen juguillo… Lo normal, vaya.

Les doy una vuelta, los pongo bonicos, me voy al canva y me saco un pdf muy apañadito en el que meto una sinopsis, algunas notas de cómo veo el universo de la historia, hablo un poco de los personajes y, si tengo un buen día, hasta me escribo las primeras páginas del guion.

Si me da tiempo empiezo la búsqueda. Sí, me lanzo a la caza del dibujante con todas mis armas de seducción y buenas maneras. Me contoneo, me pongo muy sexy y me rechazan. Me pongo aún más sexy y me vuelven a rechazar. Así hasta que alguien pica o me voy a una esquina a llorar.

Envío el archivo y tengo una costumbre un poco rara, lo releo de nuevo. Y en ese momento, en ese preciso instante llegan a mi pequeña cabeza y gran cerebro un montón de dudas: ¿habré escrito esta vez pensando en los lectores? ¿Será al fin este proyecto considerado como una obra gafapasta? ¿Esta es la obra idónea para recibir premios y más premios?

Es mentira. Soy un pecador. Jamás he pensado en los lectores a la hora de escribir. Es que no sé cómo se hace. Es más, creo que es completamente imposible pensar en el “público” a la hora de escribir algo o al menos yo no sé qué pasos debo de seguir para ello.

En fin, voy a tratar de explicar un concepto que se me hace súper raro y que no es la primera vez que me habla de él alguna editora, algún reseñista, alguna amiga o algún familiar lejano.

HAY QUE ESCRIBIR PENSANDO EN LOS LECTORES

Corría el año 2014 y estaba yo enfrascado en el guion de dos obras al mismo tiempo, Teluria 108 y Nyx, los sueños de la Diosa. Ambos eran mis primeros trabajos que se iban a publicar. A la dificultad de escribir dos guiones de 100 paginacas de manera simultánea, se sumaba el hecho de trabajar con dos editoras “intervencionistas”.

Llamo “intervencionistas” a ese tipo de editoras que sienten la necesidad de meterse a fondo en las historias y hacerlas “suyas”. Y ojo, que me parece perfecto, cada uno hace su trabajo como mejor considera y si aportan buenas ideas a las historias, no seré yo el que me queje.

No me molestaba en aquel entonces, ni ahora tampoco, el que se quiera aportar algo o cambiar lo que sea, siempre que se llegue a un entendimiento con el autor y que todos hagan lo mejor para la obra, me parece estupendo.

El problema vino cuando ambas editoras introdujeron un concepto que a mí se me hacía un tanto extraño (como casualidad diré que lo hicieron en correos separados por unas horas). Dijeron: “hay que escribir pensando en el lector”.

Vale, genial. ¿Eso cómo diantres se hace? ¿Alguien tiene un superpoder para ponerse en el lugar de todos y cada uno de los lectores (que, potencialmente somos todas las que sabemos leer) y decir “ah, sí, los lectores lo que quieren es esto”? ¿Qué demonios es lo que quieren los lectores?

¿Si alguien cree saber lo que quieren los lectores, como es que no es un multimillonario retirado en el Caribe?

¿Si escribo pensando en los lectores y los lectores leen algo que está escrito pensando en los lectores y resulta que no les gusta, quién está equivocado, yo o los lectores?

¿Pueden equivocarse los lectores?

Después de expresar estas y otras de las dudas que me asaltaron con la afirmación de “hay que…” me llegó una “explicación” por parte de una de las editoras.

No te líes”, me dijo con cierta condescendencia entrañable, “es muy fácil de entender, tienes que dejar todo bien explicado, a los lectores no les gusta que les rompas la cabeza, si leen algo y no lo entienden a la primera, desconectan y ya los has perdido para siempre”.

Para siempre, para siempre, para siempreeeee… Algo así resonaba en mi cabeza de guionista novato y bajito.

A día de hoy, ya en 2019, sigo sin tener ni la más mínima idea de qué significa escribir para los lectores o pensando en los lectores o escribir pensando en la crítica o escribir pensando en los premios o hacer una obra “muy para el premio nacional” o “muy para regalar” o “muy para salir en las listas”.

De verdad, ni idea, así que las únicas recomendaciones que podemos hacer desde Escribiendo Cómics en este sentido son estas tres.

TODAS SOMOS LECTORAS

Como todas somos lectoras y todas tenemos la extrañísima cualidad de leer aquello que nos gusta e incluso decirlo y, resulta, que cada una tenemos el gusto adecuado a, oh, sorpresa y fatalidad, nuestros gustos, es completamente esteril e imposible que te sientes a escribir pensando en las lectoras.

Ya ves. Imposible. Irreal. No se puede. No es una de esas cosas con las que decir “me dijeron que es imposible, así que me puse a hacerlo”. Que no, que lo dejes, que no se puede. De verdad. ¿Yo por qué voy a mentirte, a ver?

Seguro que más de uno dirá: “todo el mainstream se hace pensando en los lectores y en lo que les gusta y blablablablabla”. “Si existen fenómenos de masas es porque el público los demanda y se les da y blablablablablabla”.

Y aún así, al que le toca escribir un nuevo arco para una serie con millones de seguidores ¿puede sentarse delante de su ordenador, abrir el Word (esta peña hasta se paga la licencia) y decirse “bien, hoy voy a pensar en Jeff, Mini, Laura, Lucas y la abuela Peggy para escribir esta escena”.

Imagino que pensará en billetes, en ritmo, en diálogos, en más billetes, en si se ha dejado el hornillo encendido, en la siguiente escena, en un girito que se caga la perra, en más billetes, en el amor libre, ese tipo de cosas, pero ¿escribirá pensando en los lectores?

No lo creo.

Por eso, estoy convencido de que lo mejor que puedes hacer al escribir tus historias es, oh, sorpresa, pensar en tus historias.

HAY UN LECTOR PARA CADA LIBRO

Porque por mucho que alguien te diga que tú estás pensando o no en lectores a la hora de escribir, hay algo que es incontrolable y es que, por cada persona que te diga que no has pensado en los lectores a la hora de escribir, aparecerá un lector contento con tu obra y que, oh, absoluta locura, puede llegar a pensar “este libro está escrito tal y como me gusta que se escriban los libros”.

Y ahí está la maldita paradoja de todo esto. Hay un tipo de lector idóneo para cada libro, pero es tarea del lector encontrarlo y no del guionista o del escritor producirlo. El esfuerzo del primero es sano y habitual, el esfuerzo del segundo suele ser esteril y parir obras mediocres.

NUNCA LE DIGAS A NADIE “NO TE LÍES, TÚ LO QUE TIENES QUE HACER ES…”

Lo hemos repetido tantas veces que hay quien nos acusa de cansinos irredentos: no existen las fórmulas mágicas, no hay tips, no hay trucos, no hay manuales que nos puedan decir lo que hay que hacer paso por paso para escribir una obra maestra. Y aún así nos las repiten una y otra vez y, por desgracia, esa de “hay que escribir pensando en los lectores” es una de ellas.

Pero es que además, no es una del tipo: “sigue esta estructura y verás qué bien todo” o del tipo: “debes crear un arco de transformación para cada personaje”. Esas al menos tienen algo de instructivo y se puede aprender algo. Con “hay que escribir pensando en los lectores” ¿qué es lo que se aprende? ¿Dónde está el punto didáctico? ¿Cuál es exactamente la manera en la que se debería hacer eso?

RESUMIENDO

No te líes (hoy estoy especialmente graciosillo), lo mejor que puedes hacer por tu historia es escribir, escribir y seguir escribiendo. Si pensar en el éter te ayuda, genial, si pensar en tu prima te ayuda, piensa en ella; que quieres pensar en todos los lectores del planeta, adelante, pero tú escribe, no pares de hacerlo, revisa, lee, corrige, vuelve a escribir, tira cosas a la basura, vuelve a empezar, sigue escribiendo y ya está, no te compliques pensando cosas que no puedes controlar.

El síndrome del impostor, tres pastillas que puedes tomar para vencerlo.

Un buen día te levantas a media mañana, enciendes el ordenador, retomas ese proyecto que el día anterior te parecía una maravilla y ¡BOOOOM!, llega un pensamiento terrible que se instala en tu mente: “yo no valgo para esto”, “¿a quién pretendo engañar?”, “lo mejor es que deje de escribir y me prepare unas oposiciones, como la gente de verdad”.

Bueno, calma, ha llegado el día, tienes una enfermedad y es bastante grave: el síndrome del impostor. Y créeme le pasa a todos alguna vez, es más, sería aun más preocupante si no te pasase nunca, porque estarías instalado en una complacencia terrible.

Hoy en Escribiendo Cómics nos ponemos la bata de farmacéutica y te recomendamos tres pastillas que puedes tomar cuando te asalte el síndrome. Tres recetas que puedes aplicar y que te ayudarán a superar tus males.

Allá vamos, prepara un vasito de agua.

DÉJALO

Sí, así de duro, de cruel y de terrible. Déjalo. No, no es una bromita típica de los graciosetes de la web. Si realmente sientes que has escogido mal tu profesión, que no deberías estar haciendo esto bajo ningún concepto y que eres una fracasada total a la hora de contar historias, no le des más vueltas y déjalo.

Hay algo peor que no tener trabajo y es tener uno que vives como un infierno día a día. Así que, si tu síndrome del impostor ha crecido tanto como para pensar que el simple hecho de encender el ordenador y ponerte a escribir es una tortura porque estás engañando a todo el mundo, para, abandona, ya está, búscate otra cosa.

Ahora bien, si escribir no es tu profesión todavía, si consideras que aun estás aprendiendo y quieres crecer, quizás te estás enfrentando a un episodio pasajero del síndrome del impostor. Ya sabes, como todas esas veces en las que Peter Parker tiraba el traje de Spiderman a la basura y decía: “se acabó, ¿a quién quiero engañar? Yo no valgo para esto”.

Bien, tranquila entonces, respira, no tires todavía el ordenador por la ventana, aun hay esperanza, quizás sea el momento de probar alguna de las otras recetas.

DEJA DE COMPARARTE CON LOS DEMÁS

La mayoría de los casos de síndrome del impostor se producen por comparación. Vemos como diferentes compañeros de profesión van cumpliendo objetivos y llegando a metas que a nosotros se nos resisten. Leemos sus trabajos y nos parecen una maravilla. Contemplamos lo bien que les va, todo lo que logran y después observamos nuestro cajón de proyectos llenos de telarañas y, claro, nos asaltan las dudas, los miedos y los “tenía que haberme hecho abogada”.

Basta. Si de verdad quieres superar tu síndrome empieza por analizar tu trabajo sin compararlo con el de nadie. Es absurdo valorar tu trabajo como “es peor que el de fulano” o “mejor que el de mengano”. Se supone que estás creando arte y no compitiendo en un torneo de guionistas, así que la comparación no tiene cabida en todo esto.

¿Sientes que podrías mejorar? Mejor dicho ¿sientes qué deberías mejorar?, bien, ese es un buen punto de partida, y establecer una “guerra” con tus compañeros no te va a servir de nada más que para llevarte disgustos. Si de verdad quieres que tus guiones mejoren dedícate a trabajar duro, analiza tus escritos, busca sus puntos débiles, muéstraselos a lectores críticos, organiza lecturas en alto con gente que no tema dar sus opiniones, recoge todo lo que te digan y reescribe. Abandona la pereza, la falta de disciplina y la creencia en las musas. Todo eso no te va a servir de nada, ni ahora ni en el futuro.

La mejor receta contra el síndrome del impostor es olvidarte de él un rato y seguir escribiendo hasta tener algo que puedas enseñar. Y una vez que lo hagas, sé humilde, escucha y, si hace falta, reescribe todo desde cero.

A LO MEJOR ERES UN FALSO IMPOSTOR

En el año 2016, un estudio psicológico de una universidad estadounidense concluyó que muchas de las personas que dicen sufrir el síndrome del impostor mienten.

Sí, mienten. Algunos lo hacen de manera consciente y, por lo tanto, tienen un problema grave de hipocresía o puede que estén utilizando el síndrome como una falsa modestia o una estrategia para mostrarse como peores o más incapaces de lo que son en realidad. En pocas palabras: están como regaderas.

Sin embargo, otros, los más preocupantes, ni siquiera son conscientes de que están mintiendo.

De algún modo algo les hace autosabotearse ya que consideran en todo momento que no reúnen las capacidades suficientes como para el desempeño de una profesión concreta. Muchas veces estos autoataques vienen derivados de problemas de confianza o de autoestima, e incluso cuando la gente alaba su trabajo no son capaces de conectar esos halagos con su labor, pero sí que magnifican cualquier crítica.

Es importante que si ves que alguien se está pasando en eso de machacarse, le recomiendes algunas cosillas:

No rechaces ni ignores los cumplidos. Tienes que empezar a creerte las cosas buenas que dicen de ti.

No dejes que el miedo te paralice. No permitas que tu temor a ser “desenmascarado” te impida desarrollarte, evolucionar.

Cada vez que sientas que tu confianza se va al carajo, recuerda lo mucho que has tenido que trabajar, lo mucho que te has tenido que esforzar para conseguir algo en concreto.

Si te sientes tan farsante que te pasas a la línea del perfeccionismo extremo, tienes que tener en cuenta que el trabajo perfecto no existe ni va a existir nunca. Tranquilo, hay millones de cosas que no puedes controlar.

En fin, piensa ante todo que si estás en un momento en el que crees que no sirves para escribir, es muy probable que sea un problema pasajero, algo que olvidarás en cuanto te pongas a currar a tope, a preparar un nuevo proyecto o consigas un momento ilusionante.

Está claro que todas tenemos fantasmas, no les dejes machacarte y, por supuesto, no les hagas tú el trabajo.

¿Quieres empezar a hacer cómics? Bien, te recomendamos esto

No son pocas las veces que nos han escrito a Escribiendo Cómics preguntando cosas del estilo de: “¿cómo puedo empezar a hacer cómics?”. Esa es una pregunta complicada de responder en un solo artículo, pero qué demonios, como somos valientes vamos a arrancarnos con una serie de consejos muy útiles para todas aquellas que están empezando.

Si quieres hacer cómics tienes que leer cómics

Parece obvio. En realidad lo es. Mucho. Pero aún así os sorprendería la cantidad de gente con la que me he encontrado que me dice “quiero hacer cómics, pero yo no leo mucho…

Además iría un poco más lejos. Si solo has leído manga vete ahora mismo a la librería a pillar tres o cuatro novelas gráficas. Si me vas a salir con lo de “no tengo dinero” siempre puedes tratar de atracar una farmacia (tranqui, el seguro les cubre estas cosas) o acercarte a unos sitios casi mágicos que hay en todas las ciudades. Se llaman bibliotecas y actualmente suelen tener una cantidad considerable de tebeos.

Ojo, que no se trata solo de leer novelas gráficas (un día entraremos de nuevo en la discusión de qué es y qué no es una novela gráfica). Si ya lo haces, pero no lees nada más, ¡basta! Suelta ese tochaco ahora mismo y vete a comprarte seis o siete grapas de superhéroes.

Hay que leer de todo. De todo. No basta con leer solo un género muy concreto, tu cerebro, que es muy goloso, demanda continuamente estímulos nuevos, si solo le das lo mismo una y otra vez acabará por amodorrarse y atrofiarse.

En definitiva, este paso te ayudará a saber qué se está produciendo ahora mismo y además, si eres un poco analítica, enseguida podrás ver cómo se cuentan las historias, qué tipo de estructura siguen, cómo es la narrativa de cada página o incluso qué editoriales tienen más presencia en librerías y bibliotecas y por qué.

Leer es necesario para la vida e imprescindible para crear.

Hacer cómics implica escribir cómics

Oh, sí, fatalidad. Siento dar una noticia tan desagradable, pero para hacer cómics no basta con dibujar como los ángeles. De hecho me aventuro a decir que el dibujo no es la parte más importante de un tebeo, es su historia. Y bueno, a pesar de que me puedan llover críticas por ello lo repito, lo más importante es y será siempre la historia. Venga, que nadie se enfade, esta web es Escribiendo Cómics, ¿qué esperabais que dijese?

Hablando un poco más en serio diré que evidentemente ambas partes, la visual y la narrativa, son igual de importantes en cualquier cómic. Pero al margen de eso hay que tener claro que los cómics se leen y por tanto hay que escribirlos.

Con esto me refiero a que si el dibujo lleva un montón de horas de práctica y perfeccionamiento hasta conseguir un trabajo que nos deje satisfechos, lo mismo debería ocurrir con la escritura.

Ni se puede ni se debe nunca ponerse a crear con un primer esbozo de una idea que no se tiene nada clara. ¿Os imagináis que los tebeos saliesen con los dibujos sin terminar, solo abocetados, con manchas o llenos de errores? Pues con los guiones debe ocurrir lo mismo, Escribir, reescribir y volver a reescribir hasta tener todo bien pulido. No queda otra.

Por otro lado, si tenéis clarísimo que lo vuestro es el dibujo y que no vais a poneros a escribir podéis contactar con un guionista. En nuestro DIRECTORIO tenéis unos cuantos de una calidad estupenda.

¿Cómo es eso de la suerte y el talento?

En mi corta vida como autor de tebeos y como profe, son muchas las veces que me he encontrado con alguien exclamando “qué suerte has tenido al vender ese proyecto” o también “menudo talento tienes, llegarás muy lejos”. Y, a ver, no quiero ponerme especialmente ácido, ni agrio, ni amargo, ni nada, pero es que ¿no estaremos dejando demasiado en manos del azar y de unas supuestas cualidades innatas?

Vayamos por partes.

La suerte es un factor que puede tener que ver con, por ejemplo, encontrar el editor oportuno para un proyecto en el momento idóneo. En ese momento sí que es innegable que puede existir un determinado factor en manos del azar, sin embargo, confiar ciegamente en “tener suerte” no es solo ingenuo, es un poco inconsciente.

Sé que va a sonar a rollo patatero dicho mil veces y mira que lo siento, pero es que si la suerte forma parte de la ecuación, nuestro trabajo es reducir su porcentaje de incidencia en todo el proceso. Cuanto más trabajado esté un proyecto en todas sus fases, menos suerte necesitarás para colocarlo. Así que trabaja la historia, cúrrate la documentación y los personajes y trata de conseguir el mejor acabado posible.

Huye de las prisas, asegúrate de haber revisado todo trescientas veces antes de continuar y verás como la necesidad de suerte va menguando.

En cuanto al talento qué puedo decir.  Es evidente que puede haber cierta predisposición o una serie de habilidades innatas mejores que las de los demás, pero el talento sin trabajo no da ningún resultado.

Así que si alguien alguna vez te dice “tienes mucho talento para escribir” no se te ocurra pensar que ya lo tienes todo hecho. Todo lo contrario. Ese debería ser tu punto de partida para empezar a estudiar, a escribir sin parar y cuando te hayas cansado seguir escribiendo.

Tener talento es algo estupendo, mejorar tu talento con esfuerzo te hará vivir de ello.

Así que si estás empezando creo que lo mejor que puedes hacer es olvidar los conceptos de suerte y talento y sustituirlos por algo mucho más accesible y común a todos los mortales: práctica.

En resumen

¿Quieres empezar a hacer cómics? Genial, bienvenida al fascinante mundo del noveno arte. Dedica un tiempo a conocer el medio leyendo todo lo que puedas. No te cierres, no seas solo lector de manga o lector de súpers, hay mundos maravillosos ahí fuera. Practica la escritura tanto como el dibujo, si solo juntas un puñado de ilustraciones preciosas no tendrás una historia. Y olvida la suerte y el talento, es cierto que en algún momento te pueden venir muy bien, pero de momento piensa solo en practicar y practicar y practicar.

3 consejos para escritores que se dan habitualmente y no me gustan ni un pelo

Haz la prueba, pon en google algo tan sencillo como “consejos para escritores”, los resultados que obtendrás serán millones. ¿Por qué hay tantas webs que se dedican a aconsejar a gente que escribe? Pues no lo sé, imagino que porque desde hace unos años hay mucha más gente que ha decidido ponerse a escribir y, desde la llegada, hace ya una década y pico, de los blogs de recomendaciones, uno de los temas estrella ha sido la escritura en distintas variantes.

Personalmente no tengo nada en contra de las webs que se dedican a a hacer recomendaciones a los demás, ¡qué demonios, esta es una de esas webs!, pero sí que es verdad que hay una serie de consejos específicos para escribir que me sacan de quicio cada vez que los leo.

Creo que se han institucionalizado como una especie de mantras y que hay que repetir en cualquier artículo sobre escritura, en cualquier taller o en cualquier charla o presentación. Y, en fin, no quiero ofender a nadie, pero es que son mentira…

Son patrañas de gente anclada en métodos viejunos, con ganas de asustar a la gente que empieza o ambas cosas a la vez.

Aquí está mi top 3 de consejos que se repiten más que el alioli y que la gente da por válidos:

Escribe sobre lo que sabes

Esta falacia me encanta y me aterra a partes iguales. Me encanta porque bien interpretada no se refiere a que escribas sobre cuánto cuesta la barra del pan en la panadería de tu barrio o sobre cómo te llevas con tu vecina del quinto. No, bien leída se refiere a que te documentes sobre todo lo que vayas a escribir hasta el punto de que parece que sabes de lo que hablas.

El gran problema es que se suele interpretar mal y aconsejar peor. He visto a “profesores” esgrimiendo este consejo como si fuese una antorcha con la que prender fuego a las ideas fantasiosas de sus alumnos, porque “eso no era algo cercano a ellos mismos”. Es absurdo decirle a alguien que escriba solo “sobre las cosas que le rodean porque ahí reside la verdad”.

¿Qué le diría esta gente a Verne, a Wells o a Lovecraft?

En resumen: mi recomendación es sutituir esa premisa absurda y confusa por: Documéntate, haz que parezca que sabes sobre lo que escribes.

Escribe para el lector

Entre los consejos repetidos mil veces el más abstracto de todos y el que me parece que tiene menos validez de todos es ese de que hay que “escribir para los lectores”.

Perdonadme el exabrupto, pero ¿qué coño quiere decir eso exactamente? ¿Quién es “el lector”? ¿Hay alguna especie de mente colmena a la que hay que enfocar nuestras obras? Es totalmente absurdo pretender que se puede escribir pensando en todos los lectores a la vez o siquiera en un grupo reducido de ellos.

La primera vez que trabajé para una editorial me tocó trabajar con una editora que pensaba de esta forma. Había ocasiones en las que discutíamos sobre momentos concretos y en su argumentación incluía afirmaciones del estilo de: “a los lectores es mejor dárselo todo muy mascado, es triste, pero es así” o “¿por qué no pones esto así?, creo que queda mejor para los lectores.”

Ya tenía muchísimas dudas en su momento y tengo más cada día que pasa sobre el utilizar a “los lectores”, así, en general, para crear una especie de tablas sobre lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer al escribir.

Pero eso no es lo peor, sin duda lo más dañino de este consejo es que provoca el peor de los males posibles: olvidarse de la historia.

Pensando en qué personajes gustarán a los lectores, en qué aventuras gustarán a los lectores o en qué giros gustarán a los lectores, estamos desplazando nuestro foco de atención a un elemento externo a la escritura.

Estaremos pensando en vender el producto antes de haberlo escrito, o dicho de una manera más simple: la estaremos cagando por creer que existe una fórmula ideal para llegar a un ente abstracto: los lectores.

Resumiendo: no hagas caso a este consejo, por favor, sería mejor que hicieses caso a algo como: Escribe lo que te dé la gana, si lo haces lo mejor posible llegarán los lectores.

El primer borrador no sirve de nada

Ay… esto es el colmo de la desesperación. ¿Por qué? Porque sigue dando la impresión de que la gente que escribe se encierra en una cueva a emborracharse y aporrear una máquina de escribir hasta que sale de allí con el primer borrador de un guion o una novela.

Ya va siendo hora de ir prendiendo fuego a mitos absurdos y leyendas urbanas sobre la creatividad y la escritura.

En mi caso, cuando llego a un primer borrador, he pasado por cinco o seis versiones de escaleta, me he currado la documentación, he hecho las fichas de personaje y las he retocado, he escrito el argumento aparte y he redactado algo sobre las intenciones de la obra y mis motivaciones para llevarla a cabo. Ese es un trabajo que, por lo general, me ha llevado meses y me sirve para pulir el borrador antes de estar escrito.

Así que ¿cuando llego al borrador es una mierda que no sirve de nada? Pues no, no es una basura inservible, ni tampoco es la versión definitiva, pero de ahí a decir cosas como “el 80 por ciento del borrador no sirve de nada” o “tener un borrador es lo mismo que no tener nada”, en fin… me parece que hay mucha gente que da consejos sin pensar demasiado en lo que dice.

Cualquier trabajo que se haga a la hora de escribir merece la pena.

Calificar el tremendo esfuerzo que supone terminar un borrador como “inservible“, es poco menos que un atentado a la escritura. ¡Claro que sirve! Es más, yo considero el hecho de llegar a un borrador completo un gran logro, una enorme muestra de esfuerzo y dedicación y una victoria.

Después hay que reescribir, de acuerdo y, en función de lo que se haya currado antes, habrá que reescribir más o menos, pero que nadie os engañe, un primer borrador tiene un valor inmenso.

Evitad a todo aquel que mantenga este consejo como una especie de ley de vida.

De hecho evitad a cualquiera que mantenga tres o cuatro frases simplistas como muestra de nada. Y creédme: el primer borrador tiene un valor inmenso y cuanto más hayas trabajado antes, mejor.

Para terminar todo esto solo un consejo más: no sigáis a pies juntillas ningún consejo para escribir que veáis repetido cienes de veces, ni siquiera los de Escribiendo Cómics. Creo que el único consejo cien por cien fiable es el de:

Escribe, escribe y escribe.