El síndrome del impostor, tres pastillas que puedes tomar para vencerlo.

Un buen día te levantas a media mañana, enciendes el ordenador, retomas ese proyecto que el día anterior te parecía una maravilla y ¡BOOOOM!, llega un pensamiento terrible que se instala en tu mente: “yo no valgo para esto”, “¿a quién pretendo engañar?”, “lo mejor es que deje de escribir y me prepare unas oposiciones, como la gente de verdad”.

Bueno, calma, ha llegado el día, tienes una enfermedad y es bastante grave: el síndrome del impostor. Y créeme le pasa a todos alguna vez, es más, sería aun más preocupante si no te pasase nunca, porque estarías instalado en una complacencia terrible.

Hoy en Escribiendo Cómics nos ponemos la bata de farmacéutica y te recomendamos tres pastillas que puedes tomar cuando te asalte el síndrome. Tres recetas que puedes aplicar y que te ayudarán a superar tus males.

Allá vamos, prepara un vasito de agua.

DÉJALO

Sí, así de duro, de cruel y de terrible. Déjalo. No, no es una bromita típica de los graciosetes de la web. Si realmente sientes que has escogido mal tu profesión, que no deberías estar haciendo esto bajo ningún concepto y que eres una fracasada total a la hora de contar historias, no le des más vueltas y déjalo.

Hay algo peor que no tener trabajo y es tener uno que vives como un infierno día a día. Así que, si tu síndrome del impostor ha crecido tanto como para pensar que el simple hecho de encender el ordenador y ponerte a escribir es una tortura porque estás engañando a todo el mundo, para, abandona, ya está, búscate otra cosa.

Ahora bien, si escribir no es tu profesión todavía, si consideras que aun estás aprendiendo y quieres crecer, quizás te estás enfrentando a un episodio pasajero del síndrome del impostor. Ya sabes, como todas esas veces en las que Peter Parker tiraba el traje de Spiderman a la basura y decía: “se acabó, ¿a quién quiero engañar? Yo no valgo para esto”.

Bien, tranquila entonces, respira, no tires todavía el ordenador por la ventana, aun hay esperanza, quizás sea el momento de probar alguna de las otras recetas.

DEJA DE COMPARARTE CON LOS DEMÁS

La mayoría de los casos de síndrome del impostor se producen por comparación. Vemos como diferentes compañeros de profesión van cumpliendo objetivos y llegando a metas que a nosotros se nos resisten. Leemos sus trabajos y nos parecen una maravilla. Contemplamos lo bien que les va, todo lo que logran y después observamos nuestro cajón de proyectos llenos de telarañas y, claro, nos asaltan las dudas, los miedos y los “tenía que haberme hecho abogada”.

Basta. Si de verdad quieres superar tu síndrome empieza por analizar tu trabajo sin compararlo con el de nadie. Es absurdo valorar tu trabajo como “es peor que el de fulano” o “mejor que el de mengano”. Se supone que estás creando arte y no compitiendo en un torneo de guionistas, así que la comparación no tiene cabida en todo esto.

¿Sientes que podrías mejorar? Mejor dicho ¿sientes qué deberías mejorar?, bien, ese es un buen punto de partida, y establecer una “guerra” con tus compañeros no te va a servir de nada más que para llevarte disgustos. Si de verdad quieres que tus guiones mejoren dedícate a trabajar duro, analiza tus escritos, busca sus puntos débiles, muéstraselos a lectores críticos, organiza lecturas en alto con gente que no tema dar sus opiniones, recoge todo lo que te digan y reescribe. Abandona la pereza, la falta de disciplina y la creencia en las musas. Todo eso no te va a servir de nada, ni ahora ni en el futuro.

La mejor receta contra el síndrome del impostor es olvidarte de él un rato y seguir escribiendo hasta tener algo que puedas enseñar. Y una vez que lo hagas, sé humilde, escucha y, si hace falta, reescribe todo desde cero.

A LO MEJOR ERES UN FALSO IMPOSTOR

En el año 2016, un estudio psicológico de una universidad estadounidense concluyó que muchas de las personas que dicen sufrir el síndrome del impostor mienten.

Sí, mienten. Algunos lo hacen de manera consciente y, por lo tanto, tienen un problema grave de hipocresía o puede que estén utilizando el síndrome como una falsa modestia o una estrategia para mostrarse como peores o más incapaces de lo que son en realidad. En pocas palabras: están como regaderas.

Sin embargo, otros, los más preocupantes, ni siquiera son conscientes de que están mintiendo.

De algún modo algo les hace autosabotearse ya que consideran en todo momento que no reúnen las capacidades suficientes como para el desempeño de una profesión concreta. Muchas veces estos autoataques vienen derivados de problemas de confianza o de autoestima, e incluso cuando la gente alaba su trabajo no son capaces de conectar esos halagos con su labor, pero sí que magnifican cualquier crítica.

Es importante que si ves que alguien se está pasando en eso de machacarse, le recomiendes algunas cosillas:

No rechaces ni ignores los cumplidos. Tienes que empezar a creerte las cosas buenas que dicen de ti.

No dejes que el miedo te paralice. No permitas que tu temor a ser “desenmascarado” te impida desarrollarte, evolucionar.

Cada vez que sientas que tu confianza se va al carajo, recuerda lo mucho que has tenido que trabajar, lo mucho que te has tenido que esforzar para conseguir algo en concreto.

Si te sientes tan farsante que te pasas a la línea del perfeccionismo extremo, tienes que tener en cuenta que el trabajo perfecto no existe ni va a existir nunca. Tranquilo, hay millones de cosas que no puedes controlar.

En fin, piensa ante todo que si estás en un momento en el que crees que no sirves para escribir, es muy probable que sea un problema pasajero, algo que olvidarás en cuanto te pongas a currar a tope, a preparar un nuevo proyecto o consigas un momento ilusionante.

Está claro que todas tenemos fantasmas, no les dejes machacarte y, por supuesto, no les hagas tú el trabajo.

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Guionistas en convenciones: Heroes Comic Con Madrid (II)

Cuando comentamos la idea de que escribiera este post partimos de una premisa muy clara, y es que lo hiciera como guionista y no como parte de la organización de la Heroes Comic Con Madrid. Esto me alegró sobremanera, sobre todo por el hecho de que se me siga llamando guionista, juas. Bien, el tema parecía sencillo a simple vista, pero no lo era, y no por separar mi trabajo en la organización de mis inquietudes como guionista, sino de extirpar de esta faceta al fan que llevamos dentro.

Aunque cuando voy a una convención la idea es pasármelo bien las prioridades han cambiado y lo que busco básicamente es… poder trabajar. Veréis, yo quiero ser guionista de comics, y no, no quiero que quede ahí ni que quede en un cliché ni en algo que hago en mis ratos libres, que por desgracia es así. No, me gustaría ganarme las habichuelas con ello y eso, como muchos ya sabréis por lo que os han ido contando mis compañeros por aquí, es jodidamente difícil y casi imposible. Cada uno, como guionista tenemos nuestros objetivos, el mío es ese.

Además, luego está el tema de que eres “autor”, sea lo que sea eso, y es que ni tus propios compañeros de aventuras frikis saloneras te miran de la misma manera. Raro ¿verdad? Pues es cierto. Por un lado, comienzas a ver y a entender muchas cosas y por otro notas como que todo es distinto, no por tu punto de vista sino por el punto de vista que compañeros y amigos, ahora también lectores, tienen de ti.

Recuerdo hace muchos años, estar en el Salón del Cómic de Barcelona en busca de una firma de Ivan Reis y ver a un conocido guionista pasarse media mañana en el bar de la feria. Lo primero que pensé fue “vaya, se está perdiendo toda la convención”. Después, cuando ya estás currando en ello, recuerdas ese momento y no piensas en el guionista simplemente tomando unas cañas, no, reproduces la escena mentalmente y te das cuenta de que estaba aprovechando el salón mucho más de lo que podrías imaginar tal y como os voy a explicar a continuación.

¿Os vienen a la mente las noticias en los telediarios sobre convenciones de teléfonos móviles, turismo, arquitectura, etc.? ¿La cantidad de gente que hay visitando la feria y “pasándoselo bien”? Bueno, pues muchos de ellos están currando y se juegan mucho en ello, nunca perdáis de vista que escribir es muy bonito pero que esto es un negocio, la gente se paga las facturas y la hipoteca con ello. ¿O acaso creéis que muchos están/estamos en las redes todo el día de juerga comentando, subiendo fotos y videos y tal? No os engañéis, hay mucha gente currando ahí, y cuando digo currando me refiero a que están trabajando y eso es parte de su trabajo.

Es por ello que las convenciones de cómic son importantes y nos las tenemos que tomar muy en serio, no únicamente por el contacto con los lectores e incluso tus propios editores, sino para hablar con compañeros, con dibujantes o conocer a nuevos editores a los cuales poderles presentar tus mejores trabajos. Que sí, que las redes están muy bien para mantenernos en contacto, pero que tomar algo con un dibujante con el que quieres trabajar y hablar sobre proyectos futuros no tiene precio. Y ya de paso, si además puedes ir a alguna charla en la que puedas aprender algo pues mejor que mejor.

En base a todo lo dicho anteriormente, mi punto de vista sobre la Heroes Con Madrid es más que positivo, y os voy a contar por qué, porque fui a currar como parte de la organización y, sin comerlo ni beberlo, como guionista, también pude currar de forma indirecta. Así que no quiero ni imaginar cómo hubiera sido si me hubiera dedicado a ello durante toda la convención. Evidentemente con sus matices, pero vayamos por partes.

Contacto con los compañeros

A ver, vernos nos hemos visto, eso os lo aseguro, y charlar hemos podido charlar aunque no tanto como yo quisiera ya que estaba bastante atareado y no podía pararme mucho, de hecho os agradezco que fuerais vosotros los que os acercaseis.

La convención atrajo a unos cuantos guionistas con los que pude intercambiar impresiones sobre cómo estaba yendo la Heroes Con, y ya de paso saludarlos en persona: compañeros como Desiree Bressend, El Torres o Fernando Llor entre otros. Así que por esa parte bien. Si hubiera tenido más tiempo seguro que habríamos podido ir a tomar algo, o a comer.

Es más, incluso con alguno surgieron propuestas de curro, en alguna de las cuales ya estoy trabajando, y eso que tenía poco tiempo, si llego a disponer de más igual salgo con el tebeo terminado y todo. De modo que esta parte la podemos dar por más que satisfactoria.

Conocer a dibujantes

Pese a que coincidí con unos cuantos la verdad es que aquí no voy a poder hablar mucho porque nos saludamos y solo con un colorista concretamos algo en cinco minutos. Lo peor es que no vi dibujantes sin guionista, siempre iban acompañados de uno, así ¿cómo se los voy a quitar?

Sin embargo lo que no pude hacer es algo tan importante como presentar mi trabajo a los editores, no porque no tuviera nada que presentar sino porque mi trabajo me lo impedía completamente.

Ahora bien, eso no quiere decir que no tenga nada que decir al respecto ya que, en mi opinión, esa fue la parte negativa de la Heroes Con Madrid.

Los que me visteis sabéis que siempre preguntaba cómo os iba y que tal todo. En esta ocasión no hizo falta pues la principal carencia de este apartado saltaba más que a la vista: el espacio físico de las entrevistas.

El tema es que tenemos la suerte de que nos traen a cuatro editores de lujo, de esos que normalmente no tienes a mano ni de coña, solo en este tipo de eventos (y no siempre), que además es tu oportunidad para obtener el contacto y el mail para poder enviarles incluso futuros proyectos, y van y… no los ubican en el espacio adecuado que merecen, ni a ellos ni a los que van a presentar sus trabajos.

Las comparaciones son odiosas, pero en mi opinión lo ideal es un espacio como el del Salón del Cómic de Barcelona, con cubetas por editor donde puedas depositar los books y después un habitáculo cerrado e independiente donde los editores puedan hablar tranquilamente con nosotros fuera del ruido y demás distracciones de la convención.

No fue el caso: cuatro esquinas, literalmente abiertas al público donde, me perdonen, pero bastante mal se pasa en esos momentos como para tener a gente detrás escuchando a ver qué haces bien o mal, según los editores, de tu trabajo.

Por suerte es algo fácilmente solucionable, así que espero que los señores de la Heroes Con tengan a bien remediarlo en próximas ediciones.

Charlas y conferencias

Por trabajo tuve la suerte de poder asistir a dos, una como parte de la organización y otra como guionista.

Todos tenemos mucho que aprender, del primero al último, y en este tipo de eventos, fuera de las cenas y las cañas, podemos escuchar a otros compañeros y a grandes maestros hablar sobre temas que nos interesan y de los que siempre podemos aprender algo.

En esta parte, el hecho de que guionistas mundialmente conocidos, no sólo asistieran al evento, sino que además les pudieras preguntar sobre su trabajo y cómo lo llevan a cabo, además de poder interactuar con ellos no tiene precio.

Sí que es cierto que eché en falta más y más conferencias, pero no me puedo quejar sobre las que hubo. Ah, otra cosa que sí eché en falta, sillas en el escenario principal de la convención. Lo que no puede ser es que Paul Gulacy, entre otros, esté dando una clase magistral y todo el mundo tenga que estar de pie, que todos sabemos lo que son horas y horas ahí dando vueltas, como mínimo se agradece poder sentarse para dedicar toda tu atención a quien está hablando y no al dolor de pies.

Aquí añado un apartado tal y como han hecho otros compañeros de la página web:

Sobre todo lo demás

Y es que mi corazoncito de fan se desbordó sobremanera, algo que no sucedía desde hacía muchos, muchos salones de Barcelona que son a los que asisto. Lo que daría porque algo así se llevase a cabo en Barcelona, no sólo por la categoría de los eventos, conferencias y demás, sino por la cantidad y la calidad de los mismos, ya que en los dos últimos años me ha parecido bastante cojo.

Los stands tuvieron una distribución muy buena y muy adecuada, al Artist Alley me remito, que estaba tan abarrotado como el resto de la convención.

La diversidad de stands, como no, era de agradecer, para todo el mundo y para todos los gustos. Los food truck dentro fueron también otro acierto. Y la parte de los juegos de rol y figuras, así como la de los cosplays le daban una vida continua que ya quisieran muchos otros salones, y todo ello sin aglomeraciones exageradas de esas que hacen que quieras largarte de ahí.

En resumen

Sí que es cierto que hay puntos a mejorar, pero lo importante es que no son muchos y se pueden mejorar fácilmente, y mucho, si escuchan a profesionales, fans y demás trabajadores del sector, como se ve que han hecho en comparación con otras ediciones.

Por lo demás creo que se ha notado que Madrid tiene el evento que se merece y que los guionistas tenemos allí una oportunidad más de conseguir nuestros objetivos.

Guionistas en convenciones: V Encuentro de Guionistas

Los pasados días 2, 3 y 4 de noviembre se celebró el V Encuentro de Guionistas en Santiago de Compostela.

Os adelanto que no se habló de cómic. Oooooh vaya, pero si el blog se llama Escribiendo Cómics. Si solo te interesan las historias contadas en viñetas, no es tu evento. Si quieres decidir si merece la pena asistir al próximo, sigue leyendo.

Para calificar el evento he utilizado el FPS (Fernando’s Puntuation System), inaugurado en la reseña de la Heroes Comic-Con.

El networking (ese)

Una de las cosas que me llamó la atención es la diversidad del público que asistió.

A lo largo de los desayunos y piscolabis que acompañaron al encuentro, fue posible conocer desde veteranos del sector a entusiastas que están empezando. Lo que la mayoría tenía en común era lo fácil que era entablar conversación y conocer personas con inquietudes similares a las tuyas.

Más de uno volvimos a casa con la agenda de contactos aumentada. Con esto no quiero decir que te vaya a solucionar la vida o que vayas a conseguir realizar ese proyecto que das por imposible. Si conocer más guionistas forma parte de tu lista de intereses, este tipo de eventos es clave para hacer networking y conocer quienes son los jugadores del juego.

Uno de los puntos fuertes del evento era que muchos de los ponentes pululaban por allí como el resto de los que íbamos a escuchar. Y estaban encantados de resolver dudas o discutir con quienes les abordaban con interés y educación. Ya me dirás tú en qué salón del cómic tienes la posibilidad de conversar con los invitados como si fueran un asistente más.

9/10

Las charlas y los grandes autores

Podéis consultar el programa para saber en detalle qué conferencias había.

Una de las principales características del encuentro fue la diversidad de temas, normalmente en un formato de 20 o 40 minutos.

Creo que es un acierto mantener las ponencias breves para que sean sintéticas y vayan al grano. Si un tema te interesa en particular siempre puedes comentarlo a posteriori, ya que como he comentado antes era fácil localizar a los conferenciantes.

Diversos tipos de guionistas fueron exponiendo sus experiencias en series diarias, largometrajes, podcasts, discursos de políticos, series de plataformas de pago, reality shows,  documentales etc.

Merece especial atención Manuel Bartual (dibujante de El Jueves) que habló de las decisiones narrativas que tomó en sus famosas vacaciones ficcionadas en twitter.

Si invierto dinero y tiempo en desplazarme a un evento que no se encuentra cerca de donde vivo, espero algo más que la típica masterclass de guion.

El V Encuentro de Guionistas tuvo variedad y calidad como para que mereciera la pena la experiencia. Conocer historias de compañeros del mismo gremio que se expresan en formatos muy distintos es enriquecedor.

Estoy seguro que más de un lector se ha planteado escribir una novela, grabar un podcast o hacer un hilo de twits.

9/10

Sobre todo lo demás (brevemente)

Según me despedía de la gente que conocí, me dio la sensación de que tal vez no había un consenso en la valoración del evento. Nunca llueve a gusto de todos (y mira que llovió esos días).

Lo poco negativo que puedo decir sobre el encuentro es que después de las pausas para comer a veces las charlas se retrasaban cinco minutos, algo totalmente comprensible.

De haber quejas creo que sería en relación a los contenidos, ya que en lo logístico todo fue como la seda.

Debido a lo particular de la propuesta yo no la recomendaría a todo el mundo, ya que sacarle partido depende de tus intereses.

Si lo que buscas es estrictamente hacer negocios del mismo modo que harías en las entrevistas con editoriales que ofrecen algunos salones del cómic, seguramente no merezca tu tiempo y dinero.

Si quieres expandir horizontes, aprender sobre temas que desconocías y conocer gente nueva recomiendo encarecidamente ir.

Asistí hace dos años al encuentro que se realizó en Barcelona, jugando en aquel entonces en casa. Este año mientras disfrutaba de mis 13 horas de tren para volver a casa, recordaba con entusiasmo lo vivido y deseaba que la sexta edición sea el año que viene.

Desarrollar una historia (III): Finalizar el viaje

Aquí tenemos la conclusión de esta serie de artículos relacionados con el proceso de escritura. Después de haber abordado los primeros pasos y la estructura del conjunto, entremos en los detalles.

Una vez más me gustaría recalcar que aquí no encontrareis una guía exhaustiva, sino más bien diversas ayudas que utilizo y tengo en cuenta a la hora de escribir.

INICIO

Que una historia se compone de un Planteamiento, Nudo y Desenlace no os será ajeno. Una de las cosas que diferencia un buen escritor de uno mediocre es su capacidad de atraparte desde los primeros compases.

Es fácil ser demasiado descriptivos y aburridos, sobre todo si tenemos que explicar cómo funciona el mundo en el que transcurre la trama. Sin importar el género que estemos trabajando, siempre hay una manera de hacer las cosas más interesantes y no dejarnos llevar por el piloto automático.

Hay que tener especial cuidado con lo que llamo “la maniobra James Bond“. Empezar in media res con un par de escenas vibrantes, para luego realmente iniciar el Planteamiento de nuestra historia de una manera expositiva y falta de vida resulta igual de tedioso.

No me refiero tanto a comenzar de una manera interesante para enganchar al lector, si no a hacer interesante el primer tramo en el que necesitamos soltar grandes cantidades de información sobre las bases de la historia.

Por ejemplo, si estuviéramos desarrollando un cómic slasher similar a películas como Viernes 13 o Halloween, lo más seguro es que haya que dedicar una serie de páginas a explicar quiénes son los protagonistas antes de llegar a lo importante: los asesinatos.

El lector puede entender que la parte que más le interesa vendrá luego, pero haremos la experiencia mucho más placentera si hay conflicto desde el inicio. Puede que el grupo de amigos que se va a veranear a la casa del lago tenga problemas de convivencia y ya desde el principio tenemos el interés del lector, cosa que luego aumentará cuando aparezca el asesino de turno.

INESPERADO

Uno de los mayores puntos débiles del primer guion de largo que escribí, es que la historia era completamente previsible. Más allá de querer buscar giros de guion que sorprendan, una de nuestras misiones es hacer que el espectador quiera saber qué va a pasar a continuación. Incluso si es algo evidente (el personaje principal sobrevivirá al peligro), ha de preguntarse cómo.

Uno de los grandes males de cualquier género sobreexplotado en el cine, como las comedias románticas, los slashers y ahora las películas de superhéroes es que se repiten fórmulas.

Si bien es cierto que existen estructuras archiconocidas como el viaje del héroe de Campbell, son más bien teorías para el análisis de la ficción y no recetas para producir historias en masa.

CLICHÉ

Esto guarda relación con el punto anterior. Es inevitable utilizar una serie de recursos que hemos visto un gran número de veces, debido a que ya forman parte de nuestro inconsciente cultural.

Revisa sin piedad las escenas de tu cómic para ver si te ha podido la pereza y has usado demasiados clichés.

El clásico momento de “me ha caído una gota de sangre, voy a mirar lentamente hacia arriba, aparece el monstruo y me mata” debió ser muy original la primera vez que se hizo. Ya no. Piensa en otra manera plantearlo que enriquezca tu historia.

EL QUID DE LA CUESTIÓN

Los cómics de las editoriales de Marvel y DC demuestran algo: que el ser humano jamás se cansará de leer la misma historia una y otra vez.

El fan que sigue al día los números de Spiderman o Batman no lo hace por la trama en sí, ya que por muchos cambios que le apliquen a este tipo de series siempre regresan a su status quo.

Hay inmutables en esa ficción, un leitmotiv que se repite y no cambia. Da igual si Peter Parker viven con tía May o está casado con Mary Jane. Existe una “esencia” de qué es leer un cómic de Spiderman.

Aunque tu historia no forme parte de una franquicia, haz el ejercicio de pensar qué resortes quieres activar en el lector a lo largo de la trama. Está relacionado con aquello que vimos de la promesa que le hacemos al lector, ahora toca comprobar si la cumplimos.

SENTIMIENTOS

Nuestro cerebro procesa la ficción de manera intelectual y emocional.

A la hora de valorar una experiencia de manera positiva la parte emocional es la importante, ya que la ficción sirve para simular vivencias ajenas de una manera segura.

Una cosa que me ayuda a la hora de darle un propósito a una escena es asignarle un sentimiento o emoción que quiero que experimenten los lectores. Incluso dentro de una misma escena podemos realizar un viaje que pase por diferentes sentimientos.

Al poner etiquetas a cada segmento de nuestro cómic, tendremos un mapa del viaje emocional.  Nos permite ver si estamos repitiendo muy seguidamente escenas similares. Al final lo que hará memorable la experiencia es el impacto emocional.

ACÁBALO

Cada proyecto tiene su proceso dependiendo de su complejidad, pero si algo deberían tener en común todos es que llega un día en el que los finalizas.

Si se queda en un cajón que sea porque aún no has encontrado un dibujante, no porque te perdiste en el proceso de escritura.

Y es que es un clásico el dejar las cosas a medias “porque se me ha ocurrido una idea mejor“, “no sé cómo solucionar un problema” o “tengo que pulir algunas cosas“. Sea cual sea la excusa que te pongas para no terminar, enfréntate a tus demonios y finaliza lo que empiezas.

Escribir se compone de varias fases que involucran distintas capacidades.

En el caso de que estuviéramos haciendo una tortilla, podemos ser expertos rompiendo huevos y batiéndolos, pero si jamás aprendemos a dar la vuelta en la sartén jamás sabremos hacer una tortilla.

Que mejor manera que ésta para acabar el artículo. Tenéis la sección de comentarios para compartir vuestras experiencias, métodos y consejos para enriquecernos mutuamente nuestros procesos creativos.

Espero que para el próximo artículo ya tengáis algo acabado. 😉

 

Guionistas en convenciones: Heroes Comic Con Madrid

Si alguien entraba aquí buscando una rajada monumental sobre la Heroes Comic Con y lo malos y perversos que son, puede que esté en el lugar idóneo y puede que no, no voy a hacerme spoiler a mí mismo. Voy a tratar de explicar por qué voy yo a los salones y qué espero encontrarme. No como fan, ni como señor bajito de la Rías Baixas, sino como guionista de tebeos.

La primera vez que acudí a un evento de cómic multitudinario fue en 2014. Allí se estrenaba mi primera obra y la editorial nos pagó al dibujante y a mí un hotel de cuatro estrellas, se encargó del desplazamiento y nos organizó varias sesiones de firmas durante los cuatro días del evento.

Fue en aquel momento cuando comprendí algo que hasta el momento no tenía muy presente: los autores van a los salones a trabajar.

Eso no quita que no se pueda compaginar con asistir a la fiesta de la espuma o con recorridos gastronómicos. Se puede, pero lo principal es trabajar desde varias perspectivas diferentes: dejarse ver/conocer gente/hacer contactos/networking (esto ahora queda genial); enseñar propuestas/concertar entrevistas/buscar trabajo; y también, asistir a charlas/conocer a grandes autores de cómic de todos los tiempos.

Para mí esos son los tres factores fundamentales que una buena convención debe ofrecer a los autores en general y a los guionistas en particular. Tengamos en cuenta que asistir a estos saraos suele ser caro y siempre hay que tratar de exprimir todo el jugo que te puedan ofrecer. Cuanto más se ofrezca en este sentido, más interesante será asistir para los autores y eso es bueno para todos.

Así que vamos al lío:

El networking (ese)

Heroes Comic Con me ha permitido conocer gente que solo conocía a través de redes sociales. Gracias a haber ido he podido quitar el aspecto digital de varios compañeros y saber cómo suena su voz, cómo de fuerte dan la mano (no soporto a la gente que da la mano flojita) y lo bien que huelen después de doce horas de dar vueltas cada día. ¿Esto es mérito de la convención? Pues… sí y no. Si no hubiesen conseguido parecer atractivos no habría conocido a esa gente, aunque seguramente muchos hubiésemos ido más a gusto en otro formato de festival.

Puntuando del 1 al 10 el networking (ese) que se pudo hacer en este evento es de un 5’5.

Las charlas y los grandes autores

Si eres guionista de tebeos y en cuestión de pocas horas puedes escuchar a Frank Miller, a Brian Azzarello, a Juan Díaz Canales, a Teresa Valero o a Fabian Nicieza, pues es la hostia, sin más. No se puede poner un pero en cuanto al plantel.

Alguno podría querer un cambio de cromos con algún nombre o puede expresar un lamento del tipo “yo es que prefiero a Alan Moore y a Fernando Llor” y me parece correcto, pero unos años serán unos y otros años serán otros.

Lo que ya no está tan bien es la distribución del espacio para los encuentros y charlas con estos autores. Hacen falta auditorios o pequeñas salas que permitan, sobre todo, que la calidad auditiva de las mismas sea lo mas importante. Si quiero escuchar a Miller, prefiero que no pasen por detrás cuatro chavales gritando. Si me interesa lo que dice Valero, quiero disfrutarlo sin que a mi lado haya gente dando brincos y regalando abrazos.

Entiendo que todo pueda convivir en los eventos de este tipo, pero para las charlas es necesario cierto recogimiento, eso permitirá disfrutarla más, crear un mejor ambiente y no sentir que se está viendo y escuchando a un fuera de serie en un almacén gigante de Amazon en el día de las puertas abiertas.

Del 1 al 10 este apartado se merece un 5 raspado. Muy buenas las caras y los nombres, muy mejorables las condiciones para escuchar lo que tienen que decir a otros autores, fans y curiosos.

Las entrevistas profesionales

Si tuviese que resumir en una palabra cómo se ha tratado esto en Heroes Comic Con Madrid sería: bochorno. También podría utilizar algunas más: ignorancia, incomodidad, despropósito, vergüenza y así una lista bastante larga. El espacio escogido era malo, las entrevistas no se realizaban en despachos a puerta cerrada, sino que se hacían a ojos de todo el mundo, podías estar sentado con un editor de DC y que detrás tuya pasase gente vestida de Batman, Superman, Wonder Woman y Flash. A alguno le puede parecer divertido e incluso icónico, pero no lo es.

Muchos de los autores que acuden a mostrar sus trabajos en estos eventos lo hacen con mucho nerviosismo, tienen muchas dudas sobre si habrán conseguido dar el máximo en unas pocas páginas o si tendrán el talento suficiente como para poder ser escogido por alguno de los editores presentes y que les concedan 10 minutos de su valiosísimo tiempo.

Esos 10 minutos no pueden ocurrir en un circo lleno de distracciones, gente corriendo, gente gritando o peleando con espadas láser de mentira. Era muy fácil haberlo hecho bien en este sentido y se hizo rematadamente mal.

Si a esto sumamos que uno de los editores invitados se ponía a chatear delante de los seleccionados en cualquier momento de las entrevistas, o que incluso fue capaz de levantarse en medio de una para hacerle una foto a un chico con un cosplay de Dredd, pues… qué se puede decir. Se podría maquillar y aún así no llegaría a lamentable.

Pero ahí no acaba todo, el propio sistema de selección de dossieres fue caótico. Los típicos buzones que se colocan en otras convenciones no existían y fuimos los autores los que tuvimos que explicarle al muchacho encargado de la zona cómo se suelen desarrollar estos temas.

Por otro lado, la primera selección de proyectos se hizo en una hora. Solo en una hora. 60 minutos para revisar unos 60 dossieres. Un minuto para cada uno.

Además (que esto no se acaba nunca), una vez colocada la lista de los seleccionados, y ya con las entrevistas comenzadas, es decir, con los editores sentados, la organización fue añadiendo una serie de nombres a la lista que no pasaron la criba, sino que fueron añadidos porque sí sin ningún tipo de explicación.

Y para terminar de cagarla las entrevistas no se concedían en ningún horario concreto. En un triste folio se ponían los nombre de los seleccionados y a qué hora empezaban las entrevistas, lo cual impedía tener cierta libertad de movimiento, ya que no se sabía a qué hora concreta entraba cada uno y, además, añadía mayor presión a todos porque la gente se quedaba de miranda y recordemos que no había puertas.

Si a todo esto sumamos que las editoriales que más producto nacional publican cada año, como pueden ser Panini, Dibbuks, Planeta, La Cúpula… no tenían presencia en el evento y, por tanto, no podían hacer revisiones de dossieres en sus stands, no me queda otra que puntuar este apartado con un -2000 sobre 10.

De hecho, cuando en los otros dos factores se podían mejorar cosas, esto deberían replanteárselo de principio a fin si no quieren seguir haciendo el ridículo.

Sobre todo lo demás (brevemente)

Ya al margen de mi propia experiencia como guionista; como señor aficionado a los tebeos, el evento adolece de mayor presencia del noveno arte. Las expos que había eran escasas y alguna estaba incluso mal acreditada. Sé (porque he formado parte de la organización de un evento similar en cuanto al concepto) que muchas veces la organización no se fija mucho en qué tipo de contenido debe haber en los stands, ya que les basta con que se llenen todos los espacios y la gente abone su parte correspondiente por ello.

Pero ¿un stand de katanas? ¿un stand de lamparas orientales? ¿tropecientos stands de merchandising?

Como señor nominado a los premios Carlos Giménez, en fin, solo diré tres o cuatro cosas muy rápidas. Si quieres que los nominados acudan a recoger los premios, no estaría de más pagarles el viaje y la estancia. Si quieres parecer serio, no estaría de más informarse sobre quiénes son los autores premiados, cuáles son los créditos de las obras y cuáles son los títulos exactos para no ir pifiándola cada dos minutos. Ya de paso, habría estado muy bien haber avisado a todos los nominados, ya que a día de hoy hay gente que aún no ha recibido la notificación de la organización de estar nominado.

Como señor que dedica parte de su obra a la autoedición debo reconocer que tanto la zona de fanzines como el artist alley estaban muy bien colocadas en el evento, el precio por stand o espacio era muy razonable y la circulación propia del salón te hacía pasar por allí ofreciendo algo que siempre falla en otros eventos: visibilidad.

También fue muy buena la experiencia en cuanto al acceso y eso también es muy destacable en estas convenciones. No se formaron grandes aglomeraciones ni tumultos en torno a las taquillas y eso habla bien de la organización.

Resumiendo y volviendo a lo importante dentro de esta página: la experiencia como guionista es buena en un par de apartados y desastrosa e infame en uno de ellos: el profesional. Esperemos que todo vaya mejorando con el tiempo.

 

 

 

Diario de un guionista (Segunda parte): Gargamel.

ADVERTENCIA: Esta sección está llena de palabras malsonantes, generalizaciones inciertas, desconocimiento oculto e incluso el uso de horrible “Hoygan”. No te lo tomes tan enserio y coge solo aquello que te sea útil.

Hazme una pregunta.

No, no tengas miedo, puede valer cualquier pregunta, pero tiene que venir implícito que me pides algo con esa pregunta. No me preguntes si existe Dios porque no quiero golpearte con mi ateísmo, está feo golpear a alguien en la cara con algo duro y alargado en la primera cita. De hecho, te voy a habilitar una jugosa línea de puntos para que la rellenes mental o físicamente con la pregunta.

Recuerda que, si escribes sobre la pantalla de tu ordenador, se limpia bastante bien con un poco de papel y alcohol. Alcohol médico, la botella de whisky va mejor para otros menesteres.

Pregunta aquí: ……………………………………………………………………………………………………

Respuestas simples, necesarias y deseadas: Sí; No; Ahora no, pero me encantaría.

¡Qué mundo más maravilloso sería si funciona así! ¿verdad? Lamentablemente en este mundo pragmático, complejo, de esgrimido sarcasmo y egoísmo embotellado… existe Gargamel.

Existe una teoría, circulando en Internet, que mantiene que Gargamel era el bueno de la historia. Se trataría de un monje de la orden Dominica (los que molaron tanto con la Inquisición), viviendo en una iglesia en ruinas y el encargado de dar caza a los pecados capitales con SATÁN a la cabeza (los pitufos y papito pitufo). Yo no creo lo mismo.

Gargamel solo piensa en sí mismo y en como deberían ser los demás.

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Gargamel solo quiere hacer el bien ❤

En el mundo real, hay más de un Gargamel. Claramente no tienen forma física, pero sí presencia. Son aquellas respuestas que esconden un doble forro, una intencionalidad indecorosa, un “sí, sí, claro” que en realidad es un “no” enorme.

Todo aquel que quiera dedicarse al mundo del guion, debe enfrentarse a esto de la mejor manera que sepa y pueda; tanto con dibujantes, como con editoriales como con todo aquel implicado en una obra… y ,de paso, también os vale para la vida del día a día… de-na-da.

Todos somos personas y todos somos los protagonistas de nuestras vidas; así que cada uno se toma las cosas y las hace como buenamente quiere. Yo os puedo dar mi versión: mi forma de actuar siempre es de manera sincera. Quiero que lo que yo escribo, hable por sí mismo.

Lástima que, en la mayoría de los casos, es más importante el “Quién eres” al “Qué haces” eso solo dificulta a la par que endurece a los novatos.

No hay sitio para todos los guiones, no todos los autodenominados guionistas somos buenos, aquí no hay lugar para el “artisteo” (o no debería). Somos artesanos, verbalizamos cosas complejas, mostramos y no contamos… eso no nos hace mejores que cualquier persona; solo estamos más “expuestos”.

Si conocéis a alguien que se cataloga como escritor o guionista y le veis un brillito en los ojos de soberbia y de sentirse especial; tachadlo de la lista. Escribir es un trabajo cualquiera, uno que mola y que gusta. El romanticismo es más terreno de las pelis de domingo a mediodía.

Siempre digo que cada historia que hago, se lleva un trozo de mí. Me he vuelto precavido y sobrepaso el mono con una pequeña sinopsis, un cuento corto o cosas por el estilo. Lanzarse a contar una historia exige un esfuerzo mental, sentimental y temperamental enorme. Además, contamos con el hecho de nunca estar seguros, ya que contar una historia es tomar decisiones. Siempre dudamos, nunca estará del todo bien, nunca será suficiente, nunca seremos suficiente.

¿Qué quiero decir con todo esto? Fácil; ¡Qué os den por culo, gargameles! Ya tenemos bastante con nuestra adicción como para que además nos pongan palos en las ruedas. La ambición es desbordante, la necesidad rebosa y las ideas enganchan. Necesitamos que alguien nos dé una mínima seguridad después de haber pasado por el Infierno de incertidumbres.

¿Sabéis qué quiere decir una promesa de meñique? Sí, esa ñoñería de dos personas entrecruzando sus meñiques para prometer algo de forma muy fuerte. ¿Sabéis que originalmente, si esa promesa se incumplía, el que había faltado perdía un meñique? No es que lo extraviara, es que se lo cercenaban con ahínco. Otro día os contaré de donde viene la palabra “testificar”.

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Usad bien la promesa de meñique, copón

Hay algo peor que un “no” y es un “sí” que se alarga y acaba siendo un no. Claramente esto no implica ser tajantes e impacientes. Todo lleva un proceso, a veces largo y tedioso, y tenemos que estar más cachas que Atlas para aguantarlo. Paciencia, queridos y queridas, pero sin pausa.

Ahora quiero hacer una pequeña pausa y dejar el dedo acusatorio en el cajón de dedos. Vamos a mirar hacia dentro. Los guionistas no nos queremos. A ver, nos tocamos como todo ser humano, pero el amor propio y el amor hacia nuestra profesión; es flojito.

Creo que Juan Alberto hizo una lectura bastante acertada en su artículo de “La búsqueda del guionista” aunque quiero matizar algunas cosillas de manera breve, por ahora.

El método que él cataloga como “Stan Lee”, se conoce como el método “Marvel”. El método que Juan cataloga como “Alan Moore”, se conoce como el método normal y corriente. Si uno investiga sobre cómo hacer un guion de cómic, se topará con que no hay un método establecido y que “cada maestrillo tiene su librillo”; esto no es del todo así.

Hay formas correctas de hacer un guion de comic y formas incompletas de hacer un guion de comic. Depende de con quien trabajes, será más completo o menos.

Si hoy en día leéis un cómic de Stan Lee, y pido perdón, es bastante malo. Un detalle que siempre nos gusta señalar a los guionistas es que todos sus personajes comparten la misma letra en el nombre y el apellido (haced la prueba) y que desarrolló este método porque el pobre hombre tenía tantas historias a la vez que no tenía tiempo para hacerlas como es debido.

Hoy en día no se utiliza este método, al menos nadie de bien.

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Stan Lee usaba el método Marvel con esta cara

Pero sí tiene mucha razón en la valoración del guion y del guionista.

Porcentajes, ocupaciones, trabajo mental – trabajo físico, “gargameles” y un montón de historias que grácilmente iré contando en futuras entregas.

¡Hasta más ver!

Diario de un guionista (Primera parte): La purga.

 ADVERTENCIA: Esta sección está llena de palabras malsonantes, generalizaciones inciertas, desconocimiento oculto e incluso el uso de horrible “Hoygan”. No te lo tomes tan en serio y coge solo aquello que te sea útil.

La primera vez que conocí a un guionista profesional fue en un salón del cómic. Se trataba de Juan Torres (A.K.A. “El Torres”), guionista reconocido y con mucha experiencia a sus espaldas malagueñas. Le enseñé el que fue mi primer e inmaduro proyecto, con la intención recibir algo de asesoramiento para presentarlo a editoriales.

Empezó a valorar los dibujos y a darme algunos consejos de trazo, posturas y algunos tecnicismos, a lo que respondí un tímido: “no, no… yo soy el guionista”, ese fue el punto de inflexión. Se hizo un silencio tremebundo, incluso podría decir que sus ojos lagrimearon un poco y… me abrazó mientras susurraba: “pobrecillo…”.

El Torres seductor

No lo voy a negar, en ese momento me sentó fatal. Yo era guionista, un buen guionista, algún día me tomaría algo con Alan Moore mientras Brian K. Vaughan me reía las gracias y Mark Millar le echaba un chorrito de whisky a nuestros cafés a escondidas. Mis historias eran buenas, era transgresor, sabía lo que me hacía, las ideas estaban bien hiladas, era… era idiota.

Brian K. Vaughan saludándome a mí y solo a mí

Desgraciadamente en ese momento no lo sabía, ni siquiera un guionista con tanta experiencia como Juan Torres me lo podía explicar, tenía que darme cuenta yo con el tiempo.

Lo más duro en el mundo del guion de cómic no es escribirlo, es hacerlo realidad.

El salto entre escribir una historia de piratas ninja en la comodidad de tu hogar y tener entre tus manos el cómic editado, es gigantesco. La primera parte de este diario tiene un único objetivo: desanimarte, quitarte de la cabeza eso de escribir cómics en particular y escribir en general.

Sonará cruel, pero es lo mejor. No soy yo, eres tú. Si después de enfrentaros a este artículo, quieres llevarme la contraria, serás una persona preparada para los consecutivos golpes. Bueno, en realidad no, nada te prepara para eso, pero al menos sabrás que no estás solo o sola en esto.

Empecemos por el principio: no soy nadie. No tengo una trayectoria, ni obras referentes, ni nada parecido. Solo tengo algo de experiencia y aún soy joven y vivaracho para seguir intentándolo. De igual manera, tú tampoco eres nadie y quizá eso nunca cambie. Los guionistas no existen en la psique del populacho, solo ven el resultado, pero no la arquitectura que hay detrás.

¿Sientes los poderes cósmicos que nacen en tu cerebro y tus dedos crean? Esa magia que te hace único y especial, que hace que mires y observes el mundo con otra mirada. A nadie le importa, en serio, a nadie. Cuando vayas a vender un proyecto, lo primero que mirarán serán las páginas de muestra, lo primero y posiblemente lo único.

Si tienes suerte y consigues sobrepasar ese muro con pinchos, a los lectores a los que llegues quizá sí que les importará esa historia que hay detrás.

El dolor

Crear es doloroso, además somos tan exigentes que necesitamos una mezcla de felicidad, ego e inconformismo para funcionar. Escribir es algo solitario, no digo que la persona lo sea, pero siempre tienes que pasar por ese momento en el que te encuentras únicamente tú frente a una página en blanco y aterra (aunque hay truquis).

Hablaría de la relación de dibujante y guionista, pero lo dejaré para otro momento porque exige hacerlo en profundidad y seguro que mis compañeros lo tocan de una manera u otra. Siendo la relación más importante en esto de los cómics puede ser muchas cosas menos simple.

Si restamos la visión profesional de todo esto, escribir guiones mola. Te desatas en soliloquios, enrollado en una manta, con la persiana bajada y te ríes de tus propias mierdas.

Es lo más parecido a padecer alguna enfermedad mental, pero sin tener que medicarte (demasiado). Pero, como he dicho, el ego y el inconformismo forman parte de toda esta historia y no nos basta con disfrutar del bello arte de escribir, queremos que otros lo lean, que disfruten y, si es necesario, que se toquen un poco. Aunque cuando mostramos, con algo de ansiedad, algo que hemos escrito a alguien y nos responde con un “está bien”, es peor que una patada en el hígado.

Dolor, ignorancia, padecimiento, vacío… ¿de verdad quieres escribir? ¿Todavía no te he desanimado? Bueno, pues sigo.

En España se publican muchos cómics, tenemos una buena oferta, aunque no completa. Desgraciadamente la mayoría de lo que se publica es importado. Según el informe de “Tebeosfera”, en relación al origen de las novedades publicadas en España:

 

¿Veis donde está España? Quizá no tengamos ni mercado en tierra patria, quizá tengamos que coger un hatillo e irnos a probar suerte al extranjero, con todas las complicaciones que ello conlleva.

Solo hemos hablado de algunas cosas negativas que tiene dedicarse profesionalmente a esto de escribir cómics.

Hay unas cuentas más de índole personal que iremos descubriendo cuando sea necesario.

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Mark Millar lo ha pasado regu y mira como se ríe.

Entonces, ¿por qué existimos unos cuantos mamarrachos empeñados en dedicarnos a esto? ¿Por qué no te he desanimado con estos datos objetivos y experiencias vividas en carnes propias? Quizá es porque somos idiotas, aunque también puede ser por pura supervivencia.

Necesitamos escribir, necesitamos hacer disfrutar a desconocidos que no recordarán nuestro nombre.

Ser demiurgos de algo ficticio es algo que te realiza, aunque siempre tenemos ese componente de Ícaro que nos lleva a intentarlo hasta arder en el proceso. ¿Te has quemado? ¿Te han quemado? Joder, ¿no te he dicho ya que no eres especial?

Lámete las heridas y sal ahí otra vez. No tienes elección, así que no me discutas.